Sobre la paciencia (Tertuliano) · Capítulo 5
- 1POSTERIOR A LA FE.
- 2Así, la paciencia viene tanto después como antes de la fe. Abraham creyó a Dios, y esto le fue contado como justicia; pero fue la paciencia la que probó su fe cuando recibió la orden de inmolar a su hijo, con miras, no diría yo a tentarlo, sino a dar testimonio figurado de su fe. Dios, sin embargo, conocía a aquel a quien había atribuido justicia. Una orden tan grave, cuyo cumplimiento completo ni siquiera agradaba al Señor, él la escuchó pacientemente y la habría cumplido si Dios lo hubiera querido.
- 3Merecidamente fue, pues, llamado bendito, porque era fiel; y merecidamente fiel, porque era paciente. Así, la fe, iluminada por la paciencia, cuando comenzaba a difundirse entre las naciones por la descendencia de Abraham, que es Cristo, y a añadir la gracia a la ley, hizo de la paciencia su principal colaboradora para ampliar y cumplir la ley, pues solo ella faltaba a la enseñanza de la justicia. Antiguamente, los hombres solían exigir ojo por ojo y diente por diente, y devolver con creces mal por mal; pues la paciencia aún no estaba en la tierra, como tampoco la fe. Entretanto, la impaciencia aprovechaba las oportunidades que ofrecía la ley. Era fácil, en ausencia del Señor y Maestro de la paciencia.
- 4Pero, después de que Él vino y unió la gracia de la fe a la paciencia, ya no es lícito agredir ni siquiera de palabra, ni decir siquiera 'necio' sin correr el riesgo del juicio. La ira ha sido prohibida, nuestros espíritus contenidos, la insolencia de la mano reprimida y el veneno de la lengua extraído. La ley ha encontrado más de lo que perdió, pues Cristo dice: 'Amad a vuestros enemigos personales, bendecid a quienes os maldicen y orad por quienes os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial.' ¿Veis qué Padre nos gana la paciencia? En este precepto principal se resume toda la disciplina de la paciencia, pues ni siquiera se nos permite hacer el mal cuando es merecido.