LUX VERITAS

Escrituras y Manuscritos

← Hechos de Tomás

Hechos de Tomás · Capítulo 3

  1. 1El apóstol partió hacia donde el Señor le había mandado. Cerca de la segunda milla, después de desviarse un poco del camino, vio tendido el cuerpo de un hermoso joven y dijo: Señor, ¿me trajiste aquí para que viera esta prueba? Hágase tu voluntad como deseas. Y comenzó a orar: ¡Oh Señor, juez de vivos y muertos, de los vivos que aquí están y del muerto que aquí yace, señor y padre de todas las cosas! Eres padre no sólo de las almas que están en los cuerpos, sino también de las que han salido de ellos; eres señor y juez aun de las almas en impureza. Ven en esta hora en que te invoco y manifiesta tu gloria en el que aquí yace. Volviéndose a sus seguidores, dijo: Esto no ha sucedido sin causa; el enemigo lo provocó para atacarnos por medio de ello. Ved que no se sirvió de otra especie ni de otra criatura, sino de la que le está sujeta.
  2. 2Después de que dijo esto, una gran serpiente salió de un agujero, golpeando la cabeza y sacudiendo la cola en el suelo, y dijo en alta voz al apóstol: Diré ante ti por qué maté a este hombre, ya que viniste para reprender mis obras. El apóstol respondió: Sí, habla. Y la serpiente: Hay una hermosa mujer en esta aldea frente a nosotros. Cuando pasó junto a mí, la vi, me enamoré de ella, la seguí y la vigilé. Hallé a este joven besándola y teniendo relaciones con ella, además de practicar otros actos vergonzosos. Sé que eres el hermano gemelo de Cristo y que siempre deshaces nuestra naturaleza; por eso me es fácil contártelo. Pero, para no asustarla, no lo maté entonces: aguardé hasta que pasó por la tarde y lo herí y maté, sobre todo porque osó hacer esto en el día del Señor. El apóstol preguntó: Dime de qué simiente y linaje eres.
  3. 3Y él le dijo: Soy reptil de naturaleza reptiliana e hijo dañino de padre dañino: del que hirió y golpeó a los cuatro hermanos que permanecían en pie. Soy hijo del que se sienta en un trono sobre toda la tierra y reclama lo suyo a quienes lo toman prestado; soy hijo del que ciñe la esfera; y soy pariente del que está más allá del océano, cuya cola se halla en su propia boca. Yo entré por la cerca en el paraíso y dije a Eva lo que mi padre me mandó decir; yo incité a Caín a matar a su hermano, y por mi causa brotaron espinos y abrojos en la tierra. Yo arrojé a los ángeles de lo alto y los até al deseo de las mujeres, para que de ellas nacieran hijos terrenales y yo cumpliera en ellos mi voluntad. Yo endurecí el corazón de Faraón para que matara a los hijos de Israel y los esclavizara bajo un yugo cruel; yo extravié a la multitud en el desierto cuando hicieron el becerro. Yo encendí a Herodes e incité a Caifás a formular una falsa acusación ante Pilato; yo instigué a Judas y lo soborné para entregar a Cristo. Habito y poseo las profundidades del infierno; mas el Hijo de Dios me perjudicó y me quitó, contra mi voluntad, a los que eran suyos. Soy pariente del que ha de venir del oriente, a quien también se le ha dado poder para hacer cuanto quiera sobre la tierra.
  4. 4Y después que la serpiente dijo estas cosas ante todo el pueblo, el apóstol alzó la voz y dijo: Calla desde ahora, oh desvergonzada; sé confundida y muere por completo, pues ha llegado el fin de tu destrucción. No te atrevas a contar lo que has hecho por medio de los que se han sometido a ti. Te mando, en el nombre de Jesús, que hasta ahora contiende con vosotros por los hombres que le pertenecen, que chupes el veneno que pusiste en este joven y lo saques de él. Mas la serpiente dijo: Aún no ha llegado el fin de nuestro tiempo, como has dicho. ¿Por qué me obligas a retirar lo que puse en este hombre y a morir antes de tiempo? Pues cuando mi propio padre retire y chupe lo que arrojó en la creación, entonces llegará su fin. El apóstol le dijo: Muestra, pues, ahora la naturaleza de tu padre. La serpiente se acercó, puso la boca sobre la herida del joven y chupó de ella la ponzoña. Poco a poco, el color del joven, antes purpúreo, se volvió blanco, mientras la serpiente se hinchaba. Cuando hubo sorbido toda la ponzoña, el joven se levantó de un salto, corrió y cayó a los pies del apóstol. La serpiente, hinchada, reventó y murió, y se derramaron su veneno y su ponzoña. En el lugar donde cayeron se abrió un gran abismo que tragó a la serpiente. Y el apóstol dijo al rey y a su hermano: Tomad obreros, llenad ese lugar, echad cimientos y edificad casas sobre ellos, para que sirvan de morada a los extranjeros.
  5. 5Mas el joven dijo al apóstol con muchas lágrimas: «¿En qué he pecado contra ti? Pues eres un hombre que tienes dos formas, y dondequiera que quieres, allí eres hallado, y nadie te detiene, según contemplo. Porque vi a aquel varón que estaba junto a ti y te dijo: 'Tengo muchas maravillas que manifestar por tu medio y tengo grandes obras que cumplir por ti, por las cuales recibirás galardón; y harás que muchos vivan, y estarán en reposo en la luz eterna como hijos de Dios. Tú, pues', dice Él, hablándote de mí, 'vivifica a este joven que fue herido por el enemigo y sé en todo tiempo su superintendente'. Bien, por tanto, has venido aquí, y bien volverás de nuevo a Él, y con todo Él jamás te dejará en tiempo alguno. Mas yo he quedado libre de cuidados y de oprobio: y Él me alumbró del cuidado de la noche y estoy en reposo de la fatiga del día: y he sido librado de aquel que me incitó a hacer así, pecando contra Aquel que me enseñó a hacer lo contrario; y he perdido a aquel que es pariente de la noche, que me obligó a pecar por sus propias obras, y he hallado a Aquel que es de la luz y es mi pariente. He perdido a aquel que oscurece y ciega a sus propios súbditos para que no sepan lo que hacen y, avergonzados de sus propias obras, se aparten de él, y sus obras perezcan; y he hallado a Aquel cuyas obras son luz y cuyos hechos son verdad, los cuales, si el hombre hace, no se arrepiente de ellos. Y he dejado a aquel con quien mora la mentira, y delante de quien las tinieblas van como velo, y tras él sigue la vergüenza, desvergonzada en indolencia; y he hallado a Aquel que me muestra cosas hermosas para que me aferre a ellas, el mismo Hijo de la verdad que es afín a la concordia, que disipa la niebla y alumbra su propia creación, y sana sus heridas y derriba a sus enemigos. Mas te ruego, oh hombre de Dios, hazme contemplarle de nuevo y ver a Aquel que ahora se ha hecho oculto de mí, para que oiga también su voz, de la cual no soy capaz de expresar la maravilla, pues no pertenece a la naturaleza de este órgano corporal».
  6. 6Y el apóstol le respondió: Si te apartas de estas cosas que has conocido, como has dicho, y sabes quién ha obrado esto en ti, y aprendes y te haces oyente de aquel a quien ahora buscas con ferviente amor, lo verás y estarás con él para siempre; descansarás en su descanso y participarás de su gozo. Mas si te vuelves negligente con él y regresas a tus antiguas obras, dejando la belleza y el rostro resplandeciente que ahora se te mostraron, y olvidando el brillo de su luz, que ahora deseas, serás privado no sólo de esta vida, sino también de la venidera; volverás a aquel que dijiste haber perdido y ya no verás a aquel que dijiste haber encontrado.
  7. 7Y habiendo el apóstol dicho esto, entró en la ciudad llevando de la mano a aquel joven, y diciéndole: «Estas cosas que has visto, hijo mío, son sólo unas pocas de las muchas que Dios posee, pues Él no nos trae buenas nuevas acerca de estas cosas visibles, sino que nos promete cosas mayores que estas; con todo, mientras estamos en el cuerpo no somos capaces de hablar y manifestar aquellas que Él dará a nuestras almas. Si dijéremos que Él nos da luz, es esta que se ve, y nosotros la tenemos; y si lo dijéremos de riquezas, que existen y aparecen en el mundo, las nombramos, y de ellas no necesitamos, pues fue dicho: 'Difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos'; y si habláremos de vestiduras suntuosas con las que se visten los que viven regaladamente en esta vida, son nombradas, y fue dicho: 'Los que llevan vestiduras blandas están en las casas de los reyes'. Y si de banquetes costosos, acerca de estos recibimos mandamiento de guardarnos de ellos, para no ser cargados con glotonerías y embriaguez y afanes de esta vida —hablando de cosas terrenas—, y fue dicho: 'No os congojéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber, ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir; pues la vida es más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido'. Y de reposo, si hablamos de este reposo temporal, un juicio está determinado también para esto. Mas nosotros hablamos del mundo de arriba, de Dios y de los ángeles, de los vigilantes y de los santos, del alimento inmortal y de la bebida de la vid verdadera, de vestiduras que duran y no envejecen, de cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombres pecadores, las que Dios ha preparado para los que le aman. De estas cosas conversamos y de estas traemos buenas nuevas. Cree tú también en Él para que vivas, y pon tu confianza en Él, y no morirás. Porque Él no se convence con dádivas, para que se las ofrezcas, ni tiene necesidad de sacrificios, para que le sacrifiques. Mas mira tú hacia Él, y Él no te pasará por alto; y vuélvete a Él, y Él no te desamparará. Pues su gracia y su belleza te harán desear por entero amarle: y en verdad Él no permite que te apartes de su presencia».
  8. 8Y habiendo el apóstol dicho estas cosas a aquel joven, una gran multitud se juntó a ellos. Y el apóstol miró y vio que ellos se alzaban en alto para que pudiesen verle, y subían a lugares elevados; y el apóstol les dijo: «Hombres que habéis venido a la asamblea de Cristo y queréis creer en Jesús, tomad de aquí ejemplo y ved que, si no os levantareis, no podréis verme a mí que soy pequeño, y no seréis capaces de divisarme a mí que soy semejante a vosotros. Si, pues, no podéis verme a mí que soy igual a vosotros a menos que os alcéis un poco de la tierra, ¿cómo podréis ver a Aquel que habita en las alturas y ahora es hallado en lo profundo, a menos que primero os levantéis de vuestra conducta anterior, y de vuestras obras infructuosas, y de vuestros deseos pasajeros, y de las riquezas que aquí se dejan, y de los bienes terrenos que envejecen, y de las vestiduras que se corrompen, y de la hermosura que se marchita y desvanece, y aún más de todo este cuerpo en el cual todas estas cosas están encerradas, el cual envejece y se vuelve polvo, tornando a su propia naturaleza? Pues es el cuerpo el que mantiene todas estas cosas. Mas antes creed en nuestro Señor Jesucristo, a quien predicamos, para que vuestra esperanza esté en Él y en Él tengáis vida por los siglos de los siglos, para que Él sea vuestro compañero de camino en esta tierra de error, y sea para vosotros un puerto en este mar borrascoso. Y Él será para vosotros una fuente que brota en esta tierra sedienta y una cámara llena de alimento en este lugar de los que tienen hambre, y reposo para vuestras almas, sí, y médico para vuestros cuerpos».
  9. 9La multitud reunida, al oír esto, lloró y dijo al apóstol: Oh varón de Dios, no osamos decir que pertenecemos al Dios que predicas, pues nuestras obras le son ajenas y desagradables. Pero si tiene compasión de nosotros, se apiada y nos salva, pasando por alto nuestras obras pasadas; si nos libra de los males que cometimos en el error, sin imputárnoslos ni recordar nuestros antiguos pecados, seremos sus siervos y cumpliremos su voluntad hasta el fin. El apóstol les respondió: Él no os acusa ni toma en cuenta los pecados que cometisteis en el error, sino que perdona las transgresiones que hicisteis por ignorancia.