Hechos de Tomás · Capítulo 4
- 1Mientras el apóstol aún estaba en el camino y hablaba a la multitud, vino una cría de asna, se detuvo ante él, abrió la boca y dijo: ¡Oh gemelo de Cristo, apóstol del Altísimo e iniciado en la palabra oculta de Cristo, que recibes sus oráculos secretos; colaborador del Hijo de Dios, tú que, siendo libre, te hiciste siervo y, habiendo sido vendido, trajiste a muchos a la libertad! Pariente del gran linaje que condenó al enemigo y redimió a los suyos, te has vuelto ocasión de vida para los hombres en la tierra de los indios. Viniste a hombres que andaban en error, y por tu presencia y tus palabras divinas se vuelven ahora al Dios de verdad que te envió. Monta sobre mí y descansa hasta que entres en la ciudad. El apóstol respondió: ¡Oh Jesucristo, que comprendes la misericordia perfecta! ¡Oh tranquilidad y sosiego de que ahora hablan aun los animales! ¡Oh descanso oculto que se manifiesta por tu obra, Salvador y sustentador nuestro, que nos guardas y reposas en cuerpos ajenos! ¡Oh Salvador de nuestras almas, manantial dulce e inagotable, fuente segura, clara y jamás contaminada; defensor y ayuda en la lucha de tus siervos, que apartas y ahuyentas de nosotros al enemigo, peleas tantas batallas por nosotros y nos haces vencedores en todas! Nuestro campeón verdadero e invencible, nuestro capitán santo y victorioso, glorioso, que das a los tuyos gozo que nunca pasa y alivio sin aflicción; buen pastor que te entregas por tus ovejas, venciste al lobo, rescataste a tus corderos y los llevaste a buenos pastos: te glorificamos y alabamos a ti, a tu Padre invisible, a tu Espíritu Santo y a la madre de toda la creación.
- 2Cuando el apóstol dijo estas cosas, toda la multitud lo miró, esperando oír lo que respondería al pollino. El apóstol permaneció largo tiempo como atónito, alzó los ojos al cielo y dijo al animal: ¿De quién eres y a quién perteneces? Pues maravillosas son las cosas que salen de tu boca, sorprendentes y ocultas para muchos. Respondió el pollino: Soy del linaje que sirvió a Balaam; tu Señor y maestro también se sentó sobre uno de mi raza. Ahora he sido enviado para darte descanso, llevándote sobre mí, y para que yo reciba fe y se me añada la porción que recibiré por el servicio que te presto; después de servirte, me será quitada. Le dijo el apóstol: Aquel que te concedió ese don puede hacerlo permanecer hasta el fin en ti y en los de tu linaje; pues en cuanto a este misterio soy débil e incapaz. Y no quiso montarlo. El pollino, sin embargo, le suplicó insistentemente que lo bendijera dejándose servir por él. Entonces el apóstol montó y se sentó sobre él. Unos iban delante, otros detrás, y todos corrían, deseosos de ver el desenlace y cómo despediría al animal.
- 3Cuando llegó cerca de las puertas de la ciudad, el apóstol bajó del pollino y dijo: Parte y permanece seguro en el lugar de donde viniste. Inmediatamente el animal cayó muerto a los pies del apóstol. Todos los presentes se entristecieron y le dijeron: Devuélvele la vida, resucítalo. Él respondió: En verdad puedo resucitarlo en el nombre de Jesucristo, pero lo sucedido conviene. Aquel que le dio habla podía también hacer que no muriera; no lo resucito, no por falta de poder, sino porque esto le conviene y aprovecha. Mandó entonces a los presentes que cavaran una sepultura y enterraran su cuerpo, y ellos obedecieron.