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Hechos de Tomás · Capítulo 2

  1. 1Habiendo, pues, llegado el apóstol a las ciudades de la India con Abán el mercader, fue Abán a saludar al rey Gundafóro y le dio cuenta del carpintero que había traído consigo. Y el rey se alegró y mandó que entrase a su presencia. Y habiendo entrado, díjole el rey: «¿Qué oficio entiendes?» Dijo el apóstol: «El oficio de carpintería y de edificación». Dícele el rey: «¿Qué obras, pues, sabes hacer en madera y cuáles en piedra?» El apóstol dijo: «En madera: arados, yugos, aguijadas, poleas, y barcas, y remos y mástiles; y en piedra: columnas, templos y tribunales para reyes». Y el rey dijo: «¿Puedes edificarme un palacio?» Y él respondió: «Sí, puedo tanto edificarlo como amueblarlo; pues para este fin he venido, para edificar y hacer la obra de carpintero».
  2. 2Y el rey lo tomó consigo y salió por las puertas de la ciudad, y comenzó a hablar con él en el camino acerca de la edificación del pretorio y de los cimientos, de cómo debían ser puestos, hasta que llegaron al lugar en donde él deseaba que estuviese la obra; y dijo: «Aquí quiero que sea la edificación». Y el apóstol dijo: «Sí, porque este lugar es propio para la edificación». Mas el lugar era arbolado y había allí mucha agua. Dijo, pues, el rey: «Comienza a edificar». Mas él dijo: «No puedo comenzar a edificar ahora en esta sazón». Y el rey dijo: «¿Cuándo puedes comenzar?» Y él dijo: «Comenzaré en el mes de Dío y acabaré en Xántico». Mas el rey se maravilló y dijo: «Toda edificación se construye en verano; ¿y podrás tú en este mismo invierno edificar y aparejar un palacio?» Y el apóstol dijo: «Así ha de ser, y de otra manera no es posible». Y el rey dijo: «Si, pues, esto te parece bien, trázame el plano de cómo será la obra, porque yo he de volver acá después de largo tiempo». Y el apóstol tomó una caña y dibujó, midiendo el lugar; y puso las puertas hacia el nacimiento del sol para mirar hacia la luz, y las ventanas hacia el occidente para las brisas, y la panadería determinó que fuese hacia el sur, y el acueducto para el servicio hacia el norte. Y viéndolo el rey, dijo al apóstol: «En verdad eres un artífice, y ser siervo de reyes te rebaja». Y dejó con él mucho dinero y se marchó de su lado.
  3. 3Y de tiempo en tiempo él enviaba dinero y provisiones, y vituallas para él y para el resto de los obreros. Tomás, empero, recibiéndolo todo, lo distribuía, yendo por las ciudades y las aldeas de alrededor, repartiendo y dando limosnas a los pobres y afligidos, y socorriéndolos, diciendo: «El rey sabe cómo recibir recompensa propia de reyes, mas en este tiempo es menester que los pobres tengan refrigerio». Después de estas cosas envió el rey un embajador al apóstol, y le escribió así: «Hazme saber qué has hecho, o qué te enviaré, o de qué tienes necesidad». Y el apóstol le envió a decir: «El palacio está edificado y sólo resta el tejado». Y el rey, oyéndolo, le envió de nuevo oro y plata, y le escribió: «Téchese el palacio, si ya está hecho». Y el apóstol dijo al Señor: «Gracias te doy, oh Señor, en todas las cosas, porque moriste por breve espacio para que yo viviese para siempre en ti, y porque me vendiste a fin de que por medio de mí dieses libertad a muchos». Y no cesaba de enseñar y de consolar a los afligidos, diciendo: «Esto os ha dispensado el Señor, y él da a cada uno su alimento; pues él es el sustentador de los huérfanos y el mayordomo de las viudas, y para todos los atribulados es alivio y descanso».
  4. 4Y cuando el rey vino a la ciudad, preguntó a sus amigos acerca del palacio que Judas, llamado Tomás, le estaba edificando. Y dijéronle: «Ni ha edificado palacio alguno ni ha hecho cosa alguna de lo que prometió cumplir, sino que va por las ciudades y comarcas, y cuanto tiene lo da a los pobres, y enseña acerca de un nuevo Dios, y sana a los enfermos, y echa fuera demonios, y hace muchas otras maravillas; y le tenemos por hechicero. Con todo, sus misericordias y sus curaciones que por él se hacen gratuitamente, y además la sencillez y benignidad de él y su fe, declaran que es un varón justo o un apóstol del nuevo Dios a quien predica; pues ayuna continuamente y ora, y come sólo pan con sal, y su bebida es agua, y viste un solo sayo así en buen tiempo como en invierno, y nada recibe de hombre alguno, y lo que tiene lo da a otros». Y cuando el rey oyó esto, frotó su rostro con las manos y meneó la cabeza por largo espacio.
  5. 5Y mandó llamar al mercader que lo había traído y al apóstol, y le dijo: «¿Me has edificado el palacio?» Y él dijo: «Sí». Y el rey dijo: «¿Cuándo, pues, iremos a verlo?» Mas él respondió y dijo: «No puedes verlo ahora, pero cuando partieres de esta vida, entonces lo verás». Y el rey se enfureció sobremanera, y mandó que tanto el mercader como Judas, llamado Tomás, fuesen puestos en cadenas y echados en prisión, hasta que él averiguase y supiese a quién se había dado el dinero del rey, para destruir así tanto a él como al mercader. Y el apóstol marchó a la prisión regocijándose, y dijo al mercader: «No temas nada; cree solamente en el Dios que por mí es predicado, y serás ciertamente librado de este mundo, mas del mundo venidero recibirás la vida». Y el rey consideraba con qué muerte los destruiría. Y habiendo determinado desollarlos vivos y quemarlos a fuego, en la misma noche Gad, hermano del rey, cayó enfermo, y por causa de su pesar y del engaño que el rey había padecido, quedó gravísimamente abatido; y mandó llamar al rey y le dijo: «Oh rey, hermano mío, encomiéndote mi casa y mis hijos; pues estoy afligido a causa del agravio que te ha sobrevenido, y he aquí que muero; y si no tomares venganza sobre la cabeza de ese hechicero, no darás descanso a mi alma en el infierno». Y dijo el rey a su hermano: «En toda esta noche he considerado cómo le daré muerte, y esto me ha parecido bueno: desollarlo y quemarlo a fuego, a él y al mercader que lo trajo».
  6. 6Y mientras hablaban el uno con el otro, la alma de su hermano Gad partió. Y el rey lloró amargamente por Gad, porque le amaba en gran manera, y mandó que fuese sepultado con vestiduras reales y preciosas. Y después de esto, ángeles tomaron el alma de Gad, hermano del rey, y la llevaron arriba al cielo, mostrándole los lugares y moradas que allí había, y preguntáronle: «¿En cuál de estos lugares querrías morar?» Y cuando se acercaron a la edificación de Tomás el apóstol que había construido para el rey, Gad la vio y dijo a los ángeles: «Ruégoos, mis señores, permitidme morar en una de las cámaras más bajas de estas». Y dijéronle: «No puedes morar en esta edificación». Y él dijo: «¿Por qué razón?» Y ellos le dicen: «Este es aquel palacio que aquel cristiano edificó para tu hermano». Y él dijo: «Ruégoos, mis señores, dejadme ir a mi hermano, para que yo le compre este palacio; porque mi hermano no sabe de qué suerte es, y él me lo venderá».
  7. 7Entonces los ángeles dejaron ir el alma de Gad. Y mientras le ponían las mortajas, su alma entró en él, y dijo a los que estaban alrededor de él: «Llamadme a mi hermano, para que le haga una petición». Al punto, pues, dijeron al rey: «Tu hermano ha revivido». Y el rey corrió con gran comitiva, y llegó hasta su hermano, y entró y se detuvo junto a su lecho como asombrado, sin poder hablarle. Y su hermano dijo: «Sé y estoy persuadido, hermano mío, de que si algún hombre te hubiese pedido la mitad de tu reino, se la habrías dado por mi causa; ruégote, por tanto, que me concedas un favor que te pido: que me vendas lo que te pido». Y el rey respondió y dijo: «¿Y qué cosa es esa que me pides que te venda?» Y él dijo: «Asegúramelo con juramento de que me lo concederás». Y el rey le juró: «Una de mis posesiones, cualquiera que pidieres, te daré». Y él le dice: «Véndeme aquel palacio que tienes en los cielos». Y el rey dijo: «¿De dónde tendría yo un palacio en los cielos?» Y él dijo: «Aquel mismo que aquel cristiano edificó para ti, el que está ahora en la prisión, a quien el mercader te trajo, habiéndolo comprado de un tal Jesús: me refiero a aquel siervo hebreo a quien querías castigar por haber sufrido engaño de su mano; por lo cual yo me entristecí y morí, y ahora he revivido».
  8. 8Entonces el rey, considerando el asunto, lo comprendió respecto a aquellos beneficios eternos que le habían de venir y que le tocaban, y dijo: «Ese palacio no te lo puedo vender, mas ruego poder entrar en él y morar allí, y ser tenido por digno de sus moradores; mas si de veras deseas comprar un palacio tal, he aquí el hombre vive y te edificará uno mejor que aquel». Y al punto mandó sacar de la cárcel al apóstol y al mercader que con él estaba encerrado, diciendo: «Ruégote, como hombre que suplica al ministro de Dios, que ores por mí y supliques a aquel de quien eres ministro que me perdone y pase por alto lo que te hice o pensé hacer, y para que yo me vuelva un digno morador de aquella estancia por la cual no me tomé fatiga alguna, mas tú la edificaste para mí trabajando a solas, obrando contigo la gracia de tu Dios; y para que también yo me vuelva siervo y sirva a este Dios a quien predicas». Y su hermano también se postró delante del apóstol y dijo: «Ruégote y te suplico delante de tu Dios que yo sea tenido por digno de su ministerio y servicio, y que me toque en suerte ser digno de las cosas que me fueron mostradas por sus ángeles».
  9. 9Y el apóstol, lleno de gozo, dijo: «Alábote, oh Señor Jesús, porque has revelado tu verdad en estos hombres; pues tú solo eres el Dios de la verdad, y ningún otro, y tú eres el que conoce todas las cosas que son ocultas a los más; tú, Señor, eres el que en todo muestras compasión y perdonas a los hombres. Porque los hombres, por causa del yerro que en ellos hay, pasaron por alto de ti, mas tú no pasaste por alto de ellos. Y ahora, a mi ruego y petición, recibe al rey y a su hermano y júntalos a tu grey, purificándolos con tu lavamiento y ungiéndolos con tu óleo del error que los rodea; y guárdalos también de los lobos, llevándolos a tus prados. Y dales de beber de tu fuente inmortal, que ni se enturbia ni se seca; pues ellos te ruegan y suplican, y desean hacerse tus siervos y ministros, y por esto se contentan aun con ser perseguidos por tus enemigos, y por tu causa ser aborrecidos de ellos, escarnecidos y muertos, así como tú por nosotros padeciste todas estas cosas, para preservarnos, tú que eres Señor y en verdad el buen pastor. Y concédeles tener confianza en ti solo, y el socorro que viene de ti, y la esperanza de su salvación que aguardan sólo de ti; y que sean cimentados en tus misterios y reciban el bien perfecto de tus gracias y dones, y florezcan en tu ministerio y alcancen la perfección en tu Padre».
  10. 10Estando, pues, enteramente dedicados al apóstol, tanto el rey Gundafóro como Gad su hermano le seguían y de él no se apartaban en modo alguno; y ellos también socorrían a los menesterosos, dando a todos y confortando a todos. Y rogábanle que desde entonces pudiesen recibir el sello de la palabra, diciéndole: «Puesto que nuestras almas están expeditas y solícitas para con Dios, danos tú el sello; pues te hemos oído decir que el Dios a quien predicas conoce sus propias ovejas por su sello». Y el apóstol les dijo: «Yo también me regocijo y os ruego que recibáis este sello, y participéis conmigo en esta eucaristía y bendición del Señor, y seáis perfeccionados en ella. Porque este es el Señor y Dios de todos, a saber, Jesucristo a quien predico, y él es el Padre de la verdad, en quien os he enseñado a creer». Y mandóles que trajesen aceite, para que recibiesen el sello mediante el aceite. Trajeron, pues, el aceite y encendieron muchas lámparas; porque era de noche.
  11. 11Y el apóstol se levantó y los selló. Y el Señor se les reveló mediante una voz, diciendo: «Paz sea a vosotros, hermanos». Y oyeron solamente su voz, mas su semejanza no vieron, porque aún no habían recibido el sellamiento añadido del sello. Y el apóstol tomó el aceite y lo derramó sobre sus cabezas y los ungió y crismó, y comenzó a decir: «Ven, oh santo nombre de Cristo, que es sobre todo nombre. Ven, oh poder del Altísimo, y compasión perfecta. Ven, dádiva del Altísimo. Ven, madre compasiva. Ven, comunión del varón. Ven, tú que revelas los misterios ocultos. Ven, madre de las siete casas, para que tu reposo sea en la octava casa. Ven, anciano de los cinco miembros: mente, pensamiento, reflexión, consideración, razón; comunícate con estos mancebos. Ven, Espíritu Santo, y purifica sus riñones y su corazón, y dales el sello añadido, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo». Y habiendo sido sellados, aparecióles un joven teniendo una antorcha encendida, de modo que sus lámparas se oscurecieron ante el resplandor de la luz de aquella. Y salió y no fue más visto por ellos. Y el apóstol dijo al Señor: «Tu luz, oh Señor, no puede ser contenida por nosotros, y no somos capaces de soportarla, pues es harto grande para nuestra vista». Y venida el alba y siendo de mañana, partió pan y los hizo partícipes de la eucaristía de Cristo. Y se alegraron y regocijaron. Y muchos otros también, creyendo, fueron añadidos a ellos, y vinieron al amparo del Salvador.
  12. 12Y el apóstol no cesaba de predicar y de decirles: «Hombres y mujeres, niños y niñas, jóvenes y doncellas, robustos y ancianos, siervos o libres, absteneos de la fornicación, de la codicia y de la servidumbre del vientre; porque bajo estas tres cabezas toda iniquidad acaece. Pues la fornicación ciega el entendimiento y oscurece los ojos del alma, y es estorbo para el vivir del cuerpo, mudando al hombre entero en flaqueza y arrojando todo el cuerpo en enfermedad. Y la avaricia pone el alma en temor y vergüenza; estando dentro del cuerpo se apodera de los bienes ajenos, y teme que si restituye los bienes ajenos a su dueño quede expuesta a vergüenza. Y la servidumbre del vientre arroja el alma en pensamientos, cuidados y congojas, recelando venir a mengua y tener necesidad de aquellas cosas que están lejos de ella. Si, pues, os librareis de esto, quedaréis exentos de cuidado, tristeza y miedo, y permanecerá con vosotros lo dicho por el Salvador: 'No os congojéis por el día de mañana, porque el mañana traerá su propio cuidado'. Acordaos también de aquella palabra de aquel de quien os hablé: 'Mirad los cuervos y ved las aves del cielo, que ni siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y Dios las alimenta; ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe?' Mas aguardad su venida y tened vuestra esperanza en él y creed en su nombre. Porque él es el juez de vivos y muertos, y da a cada uno según sus obras, y en su venida y última manifestación ningún hombre tendrá palabra de excusa cuando fuere juzgado por él, como si no hubiese oído. Porque sus heraldos proclaman en los cuatro confines del mundo. Arrepentíos, pues, y creed la promesa, y tomad el yugo de la mansedumbre y la carga ligera, para que viváis y no muráis. Estas cosas adquirid, estas guardad. ¡Salid de las tinieblas para que la luz os reciba! Venid a aquel que es en verdad bueno, para que alcancéis gracia de él y plantéis su señal en vuestras almas».
  13. 13Y habiendo él hablado así, algunos de los presentes dijeron: «Tiempo es de que el acreedor reciba la deuda». Y él les dijo: «Aquel que es señor de la deuda desea siempre recibir más; mas démosle lo que le es debido». Y los bendijo, y tomó pan y aceite y hierbas y sal y bendijo y les dio; mas él mismo continuó su ayuno, pues el día del Señor estaba llegando. Y cuando cayó la noche y durmió, el Señor vino y se puso a su cabecera, diciendo: «Tomás, levántate temprano y, habiendo bendecido a todos ellos, tras la oración y el ministerio ve por el camino oriental dos millas y allí te mostraré mi gloria: pues por tu ida muchos se acogerán a mí, y sacarás a luz la naturaleza y el poder del enemigo». Y él se levantó del sueño y dijo a los hermanos que estaban con él: «Hijos, el Señor quiere realizar algo por medio de mí hoy; oremos, pues, y roguémosle que no tengamos impedimento alguno para con Él, sino que como en todo tiempo, así ahora también sea hecho según su deseo y voluntad por nosotros». Y habiendo así dicho, puso las manos sobre ellos y los bendijo, y partió el pan de la eucaristía y se lo dio, diciendo: «Esta eucaristía sea para vosotros en compasión y misericordia, y no para juicio y retribución». Y ellos dijeron: «Amén».