Hechos de Tomás · Capítulo 1
- 1En aquel tiempo, todos nosotros los apóstoles estábamos en Jerusalén: Simón, que es llamado Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo, hijo de Zebedeo, y Juan su hermano; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Jacobo, hijo de Alfeo, y Simón el Cananita; y Judas, hermano de Jacobo. Y repartimos las regiones del mundo, para que cada uno de nosotros fuese a la región que le cupo en suerte y a la nación a la cual el Señor le enviaba. Conforme a la suerte, pues, la India cupo a Judas Tomás, que también es llamado el Mellizo; mas él no quería ir, diciendo que por causa de la flaqueza de la carne no podía viajar, y: «Hombre hebreo soy; ¿cómo podré ir entre los indios y predicar la verdad?» Y mientras así razonaba y hablaba, se le apareció el Salvador de noche y le dijo: «No temas, Tomás; ve a la India y predica allí la palabra, porque mi gracia es contigo». Mas él no quiso obedecer, diciendo: «A dondequiera que me enviares, envíame, pero a otra parte; pues a los indios no iré».
- 2Y mientras él así hablaba y pensaba, aconteció que acertó a hallarse allí un cierto mercader venido de la India, cuyo nombre era Abán, enviado de parte del rey Gundafóro, y teniendo de él mandamiento de comprar un carpintero y llevárselo. Y viéndole el Señor pasear en la plaza al mediodía, le dijo: «¿Quieres comprar un carpintero?» Y él le respondió: «Sí». Díjole el Señor: «Tengo un siervo que es carpintero y deseo venderlo». Y diciendo esto le mostró a Tomás de lejos, y convino con él en el precio de tres libras de plata sin acuñar, y extendió una escritura de venta, diciendo: «Yo, Jesús, hijo de José el carpintero, reconozco haber vendido a mi siervo, por nombre Judas, a ti, Abán, mercader de Gundafóro, rey de los indios». Y acabada la escritura, tomó el Salvador a Judas Tomás y lo condujo ante Abán el mercader; y viéndolo Abán, le dijo: «¿Es este tu amo?» Y el apóstol respondió: «Sí, él es mi Señor». Y él dijo: «Yo te he comprado de él». Y el apóstol calló.
- 3Y al día siguiente el apóstol se levantó temprano, y habiendo orado y suplicado al Señor, dijo: «Iré adonde tú quisieres, Señor Jesús; hágase tu voluntad». Y partió hacia Abán el mercader, no llevando consigo cosa alguna sino únicamente su precio. Porque el Señor se lo había dado, diciendo: «Tu precio sea contigo, juntamente con mi gracia, adondequiera que fueres». Y halló el apóstol a Abán embarcando su bagaje en la nave; y él también comenzó a ayudarle a embarcarlo. Y habiendo entrado en el navío y sentándose, preguntó Abán al apóstol, diciendo: «¿Qué oficio sabes ejercer?» Y él respondió: «En madera, sé hacer arados, yugos y barrenas, y barcas, y remos para barcas, y mástiles y poleas; y en piedra, columnas, templos y tribunales para reyes». Y Abán el mercader le dijo: «De cierto, de tal artífice tenemos necesidad». Comenzaron, pues, a navegar de vuelta a su patria; y tuvieron viento favorable, y navegaron prósperamente hasta que llegaron a Andrápolis, una ciudad real.
- 4Y saliendo de la nave entraron en la ciudad; y he aquí que había sones de flautas y de órganos hidráulicos, y las trompetas resonaban en derredor; y preguntó el apóstol, diciendo: «¿Qué fiesta es esta que hay en esta ciudad?» Y los que allí estaban le dijeron: «A ti también te han traído los dioses para holgarte en esta ciudad. Porque el rey tiene una sola hija, y ahora la da en casamiento a un marido; este regocijo, pues, y esta asamblea de bodas de hoy es la fiesta que contemplas. Y el rey ha enviado pregoneros para proclamar por todas partes que todos acudan a las bodas, ricos y pobres, siervos y libres, forasteros y ciudadanos; y si alguno rehusare y no viniere a las bodas, dará cuenta de ello ante el rey». Y oyendo esto Abán, dijo al apóstol: «Vayamos nosotros también, no sea que ofendamos al rey, mayormente siendo forasteros». Y él dijo: «Vamos». Y después de hospedarse en la posada y descansar un breve espacio, fueron a las bodas; y viendo el apóstol a todos recostados, se recostó él también en medio, y todos le miraban como a forastero y venido de tierra extraña; mas Abán el mercader, siendo su amo, se recostó en otro lugar.
- 5Y mientras cenaban y bebían, el apóstol nada probó; de suerte que los que estaban en derredor le dijeron: «¿Por qué has venido acá, no comiendo ni bebiendo nada?» Mas él les respondió, diciendo: «He venido acá por algo mayor que la comida o la bebida, y para cumplir la voluntad del rey. Porque los heraldos proclaman el mensaje del rey, y quien no atendiere a los heraldos estará sujeto al juicio del rey». Habiendo, pues, cenado y bebido, trajéronles guirnaldas y ungüentos; y cada uno tomó del ungüento, ungiéndose uno el rostro, otro la barba y otro otras partes de su cuerpo; mas el apóstol ungió la coronilla de su cabeza y puso un poco en sus narices, y lo vertió en sus orejas, y tocó con él sus dientes, y ungió diligentemente las partes alrededor de su corazón; y la corona que le trajeron, tejida de mirto y de otras flores, la tomó y la puso sobre su cabeza, y tomó una vara de cálamo y la tuvo en su mano. Y la tañedora de flauta, teniendo su flauta en la mano, recorría todos los sitios y tañía; mas cuando llegó al lugar donde estaba el apóstol, se paró ante él y tañó sobre su cabeza por largo espacio; y esta flautista era hebrea de nación.
- 6Y continuando el apóstol mirando al suelo, uno de los coperos extendió su mano y le dio una bofetada; y el apóstol alzó sus ojos, miró a quien le había herido y dijo: «Mi Dios te perdonará en la vida venidera esta iniquidad, pero en este mundo manifestará sus maravillas, y ya ahora he de ver esta mano que me hirió arrastrada por perros». Y habiendo dicho esto, comenzó a entonar y decir este cántico: «La doncella es la hija de la luz, en quien reside y mora el fulgor sublime de los reyes, y su vista es deleitosa, resplandeciente en belleza y regocijo. Sus vestiduras son como las flores de la primavera, y de ellas se exhala un hálito de fragancia; en la coronilla de su cabeza está establecido el rey, que con su alimento inmortal sustenta a los que en él están cimentados; en su cabeza está asentada la verdad, y con sus pies manifiesta el gozo. Su boca está abierta y bien le sienta: treinta y dos son los que le cantan alabanzas. Su lengua es como el velo de la puerta, que se ondea de un lado a otro para los que entran; su cuello fue labrado a la usanza de las gradas que el primer artífice formó; sus dos manos hacen señas y proclaman la danza de las edades bienaventuradas, y sus dedos señalan las puertas de la ciudad. Su estancia resplandece de luz y exhala olor de bálsamo y de todas las especias, despidiendo suave aroma de mirra y hojas de la India; por dentro hay mirtos esparcidos por el suelo y guirnaldas de toda suerte de flores aromáticas, y los postes están adornados con cañas».
- 7«Y cercándola la guardan sus paraninfos, cuyo número es siete, a los cuales ella misma ha escogido. Y sus damas de honor son siete, y danzan delante de ella. Y doce en número son los que sirven ante ella y le están sujetos, los cuales tienen su mira y su mirar puestos hacia el esposo, para que con su vista sean iluminados; y para siempre estarán con ella en aquel gozo eterno, y asistirán a aquellas bodas a las cuales los príncipes están congregados, y se hallarán en aquel banquete del cual los eternos son tenidos por dignos, y se vestirán de ropaje real y estarán vestidos de vestiduras resplandecientes; y en gozo y regocijo estarán ambos, y glorificarán al Padre de todos, cuya luz excelsa han recibido, y son iluminados por la presencia de su Señor; cuyo sustento inmortal han recibido, que nunca desmaya, y bebieron del vino que no engendra sed ni codicia. Y glorificaron y alabaron con el Espíritu viviente al Padre de la verdad y a la madre de la sabiduría».
- 8Y habiendo cantado y acabado este cántico, todos los que estaban presentes le miraban fijamente; mas él callaba, y vieron que su semblante había cambiado; pero lo que había dicho no lo comprendieron, por cuanto él era hebreo y lo que decía fue hablado en lengua hebrea. Solamente la flautista oyó todo, pues era de raza hebrea; y apartándose de él tañó para los demás, pero la mayor parte del tiempo le miraba fijamente, pues le amaba mucho como a hombre de su propia nación; además, era hermoso de aspecto sobremanera en comparación con todos los presentes. Y habiendo la flautista tañido para todos y terminado, se sentó enfrente de él, mirándole atentamente. Mas él a hombre alguno miraba, ni hacía caso de nadie, sino que mantenía sus ojos puestos en la tierra, aguardando el momento de partir de allí. Mas el copero que le había abofeteado bajó al pozo para sacar agua; y aconteció que estaba allí un león, el cual le mató y le dejó tendido en aquel lugar, habiendo despedazado sus miembros; y al instante los perros arrebataron sus partes, y entre ellos un perro negro, trayendo la mano derecha de él en la boca, la metió en el lugar del banquete.
- 9Y todos, al verlo, se quedaron atónitos y preguntaban cuál de ellos era el que faltaba. Y haciéndose manifiesto que era la mano del copero que había herido al apóstol, la flautista rompió su flauta, la arrojó y fue a sentarse a los pies del apóstol, diciendo: «Este hombre, o es un dios o un apóstol de Dios; pues le oí decir en lengua hebrea: 'Ya ahora veré la mano que me hirió arrastrada por perros', lo cual vosotros también acabáis de presenciar; pues como dijo, así ha sucedido». Y algunos le creyeron, y otros no. Mas cuando el rey lo oyó, vino y dijo al apóstol: «Levántate, ven conmigo y ora por mi hija; porque es mi unigénita y hoy la entrego en matrimonio». El apóstol, empero, no quería ir con él, porque el Señor aún no se le había revelado en aquel lugar. Mas el rey le llevó contra su voluntad a la cámara nupcial para que orase por ellos.
- 10Y el apóstol se puso en pie, comenzó a orar y a decir así: «Señor mío y Dios mío, que caminas con tus siervos, que guías y corriges a los que creen en ti, refugio y descanso de los oprimidos, esperanza de los pobres y redentor de los cautivos, médico de las almas enfermas y salvador de toda la creación, que das vida al mundo y confortas las almas; tú conoces las cosas por venir y por medio de nosotros las cumples: tú, Señor, eres el que revela los misterios ocultos y hace manifiestas las palabras secretas: tú, Señor, eres el sembrador del buen árbol, y de tus manos son engendradas todas las buenas obras: tú, Señor, eres el que está en todas las cosas y por todas pasa, y estás presente en todas tus obras y te manifiestas en el obrar de todas ellas. Jesucristo, Hijo de compasión y perfecto Salvador, Cristo, Hijo del Dios vivo, poder intrépido que derribó al enemigo, y voz que fue oída por los gobernantes e hizo temblar todos sus poderes; embajador que fuiste enviado de lo alto y descendiste hasta los infiernos, que abriste las puertas y sacaste de allí a los que por muchas edades estaban encerrados en el tesoro de las tinieblas, y les mostraste el camino que conduce a lo alto: te suplico, Señor Jesús, y te ofrezco ruego por estos jóvenes, para que hagas por ellos lo que les sea de provecho y les resulte conveniente y saludable». Y poniendo sus manos sobre ellos, dijo: «El Señor sea con vosotros»; y dejándolos en aquel lugar, se fue.
- 11Y el rey mandó a los paraninfos que saliesen de la cámara nupcial; y habiendo salido todos y cerradas las puertas, el esposo levantó la cortina de la cámara nupcial para llegarse a la esposa. Y vio al Señor Jesús teniendo la semejanza de Judas Tomás y hablando con la novia; a aquel mismo que poco antes los había bendecido y salido de su presencia, el apóstol; y díjole: «¿No saliste tú a la vista de todos? ¿Cómo, pues, te hallas aquí?» Mas el Señor le dijo: «Yo no soy Judas, que también es llamado Tomás, sino que soy su hermano». Y el Señor se sentó sobre el lecho y les mandó que ellos también se sentasen en sillas, y comenzó a decirles:
- 12«Acordaos, hijos míos, de lo que mi hermano os habló y de lo que os entregó; y sabed esto: que si os abstuviereis de este trato inmundo, os haréis templos santos y puros, libres de impulsos y de dolores, visibles e invisibles, y no allegaréis cuidados de esta vida ni de hijos, cuyo fin es perdición. Y si por ventura tuviereis muchos hijos, por amor de ellos os haréis codiciosos y avaros, despojando a huérfanos y defraudando a viudas, y procediendo así os sujetaréis a graves castigos. Pues la mayor parte de los hijos se vuelve inútil, oprimida por demonios, unos a las claras y otros secretamente; pues se vuelven o lunáticos, o marchitos, o ciegos, o sordos, o mudos, o paralíticos, o insensatos; y aun cuando fueren sanos, de nuevo serán vanos, cometiendo hechos inútiles o abominables, pues serán hallados en adulterio, u homicidio, o hurto, o fornicación, y por todas estas cosas seréis afligidos. Mas si fuereis persuadidos y guardareis vuestras almas castas delante de Dios, os nacerán hijos vivos a quienes estas manchas no tocarán, y viviréis sin zozobra, llevando una vida tranquila, sin aflicción ni ansiedad, aguardando recibir aquel matrimonio incorruptible y verdadero; y seréis en él paraninfos, entrando en aquella cámara nupcial que está llena de inmortalidad y luz».
- 13Y oyendo los jóvenes estas cosas, creyeron al Señor y se entregaron a él, y se abstuvieron del deseo inmundo y así perseveraron, pasando la noche en aquel lugar. Y el Señor se apartó de delante de ellos, diciendo así: «La gracia del Señor sea con vosotros». Y venida la mañana, vino el rey a su encuentro, aderezó una mesa y la mandó poner delante del esposo y de la esposa. Y los halló sentados el uno enfrente del otro, y el rostro de la esposa halló descubierto, y el esposo estaba sumamente alegre. Y vino la madre a la novia y le dijo: «¿Por qué estás sentada así, hija, y no te avergüenzas, sino que estás como si hubieses vivido con tu marido por largo tiempo?» Y el padre de ella dijo: «Por causa de tu gran amor para con tu marido, ¿ni siquiera te cubres con el velo?»
- 14Y la novia respondió y dijo: «En verdad, padre mío, estoy en gran amor, y ruego a mi Señor que el amor que he conocido esta noche permanezca conmigo, y pediré por aquel esposo de quien hoy he aprendido; y por tanto no me cubriré más con el velo, porque el velo de la vergüenza ha sido quitado de mí; y por ende no estoy ya avergonzada ni turbada, porque la obra de vergüenza y confusión se ha apartado lejos de mí; y no estoy desconcertada, porque mi pasmo no ha perseverado conmigo; y estoy en gozo y alegría, porque el día de mi regocijo no ha sido enturbiado; y he tenido en nada a este esposo y a este matrimonio perecedero ante mis ojos, porque estoy desposada en otro matrimonio; y no he tenido comercio con un marido temporal, cuyo fin es con lascivia y amargura de alma, porque estoy uncida a un verdadero Esposo».
- 15Y diciendo la novia aún más que esto, el novio respondió y dijo: «Gracias te doy, oh Señor, que fuiste proclamado por el extranjero y hallado en nosotros; que me apartaste lejos de la corrupción y sembraste vida en mí; que me libraste de esta dolencia de difícil curación, que dura para siempre, e injertaste sobria salud en mí; que te mostraste a mí y me revelaste todo el estado en que me hallo; que me redimiste de la caída y me guiaste a lo que es mejor, librándome de las cosas temporales y haciéndome digno de las que son inmortales y eternas; que te abajaste hasta mí y mi bajeza, para presentarme ante tu grandeza y unirme a ti mismo; que no detuviste tus entrañas de mí, que estaba a punto de perecer, sino que me mostraste cómo buscarme a mí mismo y conocer quién era, y quién y de qué manera soy ahora, para que torne a ser lo que era: a quien yo no conocía, mas tú mismo me buscaste; de quien no tenía conciencia, mas tú me tomaste contigo; a quien he percibido, y ahora no puedo olvidarme de él: cuyo amor arde dentro de mí, y no puedo expresarlo como conviene, pues lo que puedo decir de él es poco y menguado, y no se ajusta a su gloria; mas él no me inculpa por presumir decirle aun lo que no sé, pues es a causa de su amor que llego a decir todo esto».
- 16Y oyendo el rey estas cosas del novio y de la novia, rasgó sus vestiduras y dijo a los que estaban cerca de él: «Salid de prisa y recorred toda la ciudad, prended y traedme a ese hombre hechicero que por desventura vino a esta ciudad; pues con mis propias manos lo traje a esta casa y le mandé orar sobre esta mi desdichada hija; y al que lo hallare y me lo trajere, le daré cuanto me pidiere». Salieron, pues, y fueron buscándole por todas partes, pero no lo hallaron, porque ya se había hecho a la vela. Fueron también a la posada donde se había alojado y hallaron allí a la flautista llorando y afligida porque no la había llevado consigo. Y cuando le contaron lo acaecido con los jóvenes, alegróse en gran manera al oírlo, desechó su tristeza y dijo: «Ahora también yo he hallado descanso aquí». Y se levantó y fue a ellos, y estuvo con ellos mucho tiempo, hasta que instruyeron también al rey. Y muchos de los hermanos se congregaban allí hasta que oyeron nuevas del apóstol, de que había llegado a las ciudades de la India y enseñaba allí; y partieron y se unieron a él.