Testamento de Abraham · Capítulo 9
- 11. Y el capitán general, recibiendo las amonestaciones del Señor, descendió hasta Abraham, y viéndole, el varón justo cayó rostro en tierra como si estuviese muerto, y el príncipe supremo le declaró todo cuanto había escuchado del Altísimo.
- 22. Entonces el santo y recto Abraham, levantándose con copiosas lágrimas, se postró a los pies del Incorpóreo, y le suplicó diciendo: Ruégote, capitán general de las celestiales milicias, ya que te has dignado descender hasta mí, hombre pecador e indigno siervo tuyo en todas las cosas, te suplico ahora, oh príncipe supremo, que lleves una vez más mi palabra ante el Altísimo, y le digas: Así dice Abraham, tu siervo: Señor, Señor, en toda obra y en toda súplica que te he demandado me has escuchado favorablemente y has otorgado todos mis ruegos.
- 33. Ahora, Señor, de ninguna manera resisto a tu potestad, pues bien conozco que no soy inmortal, sino mortal. Visto que a tu mandato todas las cosas se someten, y temen y se estremecen ante tu presencia, yo también temo; pero te presento una sola petición, y ahora, Señor y Dueño mío, atiende a mi ruego: mientras aún permanezco en este cuerpo terrenal, anhelo contemplar toda la tierra habitada y todas las criaturas que fundaste con una sola palabra; y cuando las hubiere mirado, si he de partir de la vida, marcharé sin pesar alguno.
- 44. Se volvió pues el capitán general y púsose delante de Dios contándole todo, y dijo: De esta suerte habla tu amigo Abraham: Desearía contemplar toda la tierra en mi vida antes de fenecer.
- 55. Y el Altísimo, habiendo oído esto, comisionó de nuevo al capitán general Miguel, y díjole: Toma una nube luminosa, y a los ángeles que tienen señorío sobre las cuadrigas, y desciende, y pon al justo Abraham sobre un carro de querubines, y levántalo por los aires del cielo para que contemple toda la redondez de la tierra.