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Testamento de Abraham · Capítulo 8

  1. 11. El capitán general, al oír estas razones, al instante desapareció, y ascendiendo al cielo se presentó delante de Dios y contó todo lo que había visto en la casa de Abraham;
  2. 22. y el príncipe supremo dijo asimismo a su Señor: De esta suerte habla tu amigo Abraham: No iré contigo, mas haz tú todo lo que te fuere ordenado; y ahora, oh Señor Todopoderoso, ¿manda algo tu majestad y reino inmortal?
  3. 33. Respondió Dios al capitán general Miguel: Vuelve hasta mi amigo Abraham una vez más y háblale de esta manera: Así dice el Señor tu Dios, el que te introdujo en la tierra de promisión, que te colmó de bendiciones más que a la arena de la orilla del mar y por encima de las estrellas del firmamento,
  4. 44. el que abrió el seno estéril de Sara y te concedió a Isaac como fruto de sus entrañas en tu ancianidad: De cierto en verdad te digo que bendiciendo te bendeciré, y multiplicando multiplicaré tu descendencia, y te otorgaré todo cuanto me demandares, porque yo soy el Señor tu Dios, y fuera de mí no hay otro.
  5. 55. Declárame por qué te sublevaste contra mí, y por qué causa hay duelo en ti, y por qué resististe a mi arcángel Miguel. ¿Acaso ignoras que cuantos descendieron de Adán y de Eva fenecieron, y que ninguno de los profetas eludió la muerte?
  6. 66. Ninguno de aquellos que imperan como reyes es exento de muerte; ninguno de tus progenitores escapó al misterio de la sepultura. Todos perecieron, todos descendieron al Hades, todos fueron segados por la hoz inexorable de la muerte.
  7. 77. Mas contra ti no envié la muerte, no consentí que pestilencia mortal se abatiera sobre tu cuerpo, no permití que la hoz de la muerte te hallase, ni que los lazos del Hades te cercasen; jamás quise que tropezaras con calamidad alguna.
  8. 88. Antes bien, para darte consolación despaché a ti a mi capitán general Miguel, para que conozcas tu partida de este siglo, y pongas en orden tu hacienda y cuanto posees, y bendigas a Isaac, tu amado hijo.
  9. 99. Y entiende bien que hice esto sin ánimo de causarte aflicción. ¿Por qué razón, pues, dijiste a mi príncipe supremo: No iré contigo?
  10. 1010. ¿Por qué razón pronunciaste tales palabras? ¿Acaso no consideras que si yo diere facultad a la muerte y ella arremetiere contra ti, entonces veré si vienes o si te rehúsas?