Testamento de Abraham · Capítulo 16
- 11. Entonces dijo el Altísimo: Haced venir ante mí a la Muerte, llamada semblante desvergonzado y mirada despiadada.
- 22. Y Miguel el Incorpóreo marchó y dijo a la Muerte: Ven acá; el Creador de todo lo formado, el Rey soberano e inmortal, te convoca.
- 33. Y la Muerte, al escuchar esto, se estremeció y tembló presa de un pavor inmenso, y acudiendo con gran espanto se presentó ante el Padre invisible, temblando, gimiendo y sobrecogida de temor, aguardando el precepto del Señor.
- 44. Y el Dios invisible dijo a la Muerte: Ven acá tú, nombre acerbo y fiero del orbe; oculta tu fiereza, encubre tu corrupción y desecha de ti tu amargura; vístete de tu gentileza y de todo tu esplendor, y desciende hasta Abraham mi amigo amado, y tómalo y tráemelo a mi presencia.
- 55. Empero ahora también te prescribo que de ningún modo le infundas espanto, sino que le atraigas con suaves y benignas palabras, por cuanto él es mi amigo.
- 66. Habiendo oído estas razones, la Muerte salió de la presencia del Altísimo, y revistiose de un manto de sumo resplandor, e hizo su semblante semejante a la lumbre del sol, haciéndose bella y agraciada sobre todos los hijos de los hombres, adoptando figura de arcángel, con sus mejillas ardiendo como el fuego, y partió hacia Abraham.
- 77. Hallábase entonces el justo Abraham fuera de su recámara, sentado a la sombra de los árboles de Mamre, apoyando la barbilla sobre la palma de su mano, esperando la llegada del arcángel Miguel.
- 88. Y he aquí que le envolvió una suavísima fragancia y un fulgor de luz clara, y volviéndose Abraham divisó a la Muerte que se acercaba hacia él ataviada de gloria y belleza.
- 99. Y levantóse Abraham y le salió al encuentro creyendo que era el príncipe supremo de Dios; y la Muerte, viéndole, le saludó diciendo: Regocíjate, estimadísimo Abraham, alma piadosa, íntimo amigo del Dios Altísimo y asociado de los santos ángeles.
- 1010. Respondió Abraham a la Muerte: Salve a ti, de aspecto y hechura refulgente como el sol, auxiliador glorioso, dispensador de luz, varón prodigioso; ¿de dónde desciende tu gloria sobre nosotros, y quién eres tú, y de qué tierras vienes?
- 1111. Respondió entonces la Muerte: Recto Abraham, he aquí que te confieso la verdad: Yo soy el amargo cáliz y la suerte inevitable de la muerte.
- 1212. Díjole Abraham: No es de ese modo, sino que tú eres la hermosura del siglo, la gloria y gala de ángeles y varones mortales, sobrepujando en gentileza a cualquier otro ser; ¿y te atreves a decir: Soy el cáliz amargo de la muerte, en lugar de confesar: Soy más hermoso que todos los deleites del mundo?
- 1313. Respondió la Muerte: Yo te hablo verdad pura. Aquello que el Señor me mandó proferir, eso mismo te notifico.
- 1414. Preguntó Abraham: ¿Con qué propósito has llegado hasta aquí?
- 1515. Contestó la Muerte: Por causa de tu alma santa he descendido.
- 1616. Exclamó entonces Abraham: Bien comprendo tus intentos, mas no marcharé contigo. Y la Muerte guardó silencio y no le profirió una sola palabra.