Testamento de Abraham · Capítulo 11
- 11. Entonces Miguel volvió el carro y condujo a Abraham hacia el oriente, a la primera puerta del cielo; y vio Abraham dos caminos, el uno estrecho y angosto, y el otro ancho y espacioso; y vio allí dos puertas: una ancha en el camino espacioso, y la otra estrecha en el camino angosto.
- 22. Y fuera de las dos puertas contempló a un varón sentado en un trono de oro, y el semblante de aquel varón era terrible, como si fuera la presencia misma del Señor.
- 33. Y vieron gran muchedumbre de almas arreadas por ángeles e introducidas por la puerta ancha, y otras almas, pocas en número, que eran conducidas por los ángeles por la puerta estrecha.
- 44. Y cuando aquel admirable varón que estaba sentado en el solio de oro vio que pocos entraban por la puerta estrecha y que muchos pasaban por la puerta ancha, al instante aquel personaje prodigioso se arrancó los cabellos de la cabeza y los pelos de la barba, y se arrojó al suelo desde su trono, llorando y gimiendo con gran duelo.
- 55. Pero cuando veía entrar muchas almas por la puerta angosta, se levantaba de la tierra y se sentaba sobre su trono con gran alegría, gozándose y saltando de júbilo.
- 66. Preguntó entonces Abraham al capitán general: Señor mío, príncipe supremo, ¿quién es este varón tan maravilloso, adornado de semejante gloria, que unas veces llora y se lamenta amargamente, y otras se llena de gozo y alegría?
- 77. El Incorpóreo respondió: Este es el primer formado Adán, que goza de tanta gloria; y contempla el mundo por cuanto todos proceden de sus lomos; y cuando ve muchas almas transitar por la puerta estrecha, se levanta y se sienta en su trono regocijándose con gran placer, porque esta puerta estrecha es la de los justos, que guía a la vida, y quienes entran por ella van al Paraíso.
- 88. Por esta causa se alegra el primer formado Adán, al ver que las almas alcanzan salvación. Mas cuando contempla a muchas almas entrar por la puerta ancha, se mesa los cabellos de la cabeza y se arroja en tierra llorando y plañendo con amargura, pues la puerta ancha es la de los pecadores, que conduce a la condenación y al castigo perdurable.
- 99. Y por esta razón el primer Adán cae de su solio llorando y lamentando la perdición de los pecadores; pues son muchísimos los que se pierden y escasos los que se salvan; porque entre siete mil apenas se halla un alma salva que sea justa e inmaculada.