Testamento de Abraham · Capítulo 12
- 11. Mientras aún me declaraba estas razones, he aquí dos ángeles de encendido aspecto, de corazón despiadado y semblante inexorable, los cuales acosaban a millares de almas azotándolas sin piedad con azotes de fuego.
- 22. El ángel asió de un alma, y condujeron a todas las demás almas por la puerta ancha rumbo a la condenación.
- 33. Entonces nosotros también fuimos en pos de los ángeles e ingresamos por aquella ancha puerta, y entre los dos portales se erguía un trono de terrible aspecto, de cristal espantoso, que fulguraba como el fuego, y sobre él descansaba un varón admirable, resplandeciente como el sol y semejante al Hijo de Dios.
- 44. Delante de él había una mesa semejante al cristal, enteramente de oro y lino fino, y sobre la mesa descansaba un libro de seis codos de espesor y diez codos de anchura, y a diestra y a siniestra estaban dos ángeles que sostenían papel, tinta y cálamo.
- 55. Delante de la mesa se sentaba un ángel de luz que tenía una balanza en la mano, y a su izquierda se sentaba un ángel de fuego, implacable y severo, teniendo en su mano una trompeta, conteniendo en su seno un fuego devorador para probar a los pecadores.
- 66. El varón portentoso que estaba sentado en el trono juzgaba y sentenciaba a las almas, y los dos ángeles a diestra y a siniestra escribían: el de la derecha las justicias, y el de la izquierda las iniquidades.
- 77. El que estaba ante la mesa, que empuñaba la balanza, pesaba las almas, y el ángel abrasador, que guardaba el fuego, probaba a las almas.
- 88. Preguntó por tanto Abraham al capitán general Miguel: ¿Qué es esto que contemplan nuestros ojos?
- 99. Y el príncipe supremo respondió: Esto que miras, santo Abraham, es el juicio y la remuneración de las obras.
- 1010. Y he aquí que el ángel tomó a aquella alma en su mano y la trajo a la presencia del juez; y dijo el juez a uno de los ángeles que le asistían: Ábreme este libro y encuéntrame las culpas de esta alma.
- 1111. Y abriendo el libro halló sus pecados y sus justicias en igual contrapeso; y no la entregó a los verdugos ni a los que alcanzaron salvación, sino que la dejó en un lugar intermedio.