Sobre la resurrección (Atenágoras) · Capítulo 13
- 1Confiados en estas cosas no menos que en las que ya han sucedido, y al reflexionar sobre nuestra propia naturaleza, aceptamos una vida unida a la necesidad y la corrupción, como corresponde a nuestro estado presente, y esperamos firmemente continuar existiendo en la inmortalidad. No tomamos esto sin fundamento de las invenciones de los hombres, alimentándonos de falsas esperanzas; nuestra fe descansa en una garantía infalible: el propósito de aquel que nos formó. Conforme a ese propósito, hizo al hombre de alma inmortal y cuerpo, y lo dotó de entendimiento y de una ley innata para preservar y proteger las cosas que le dio como adecuadas a una existencia inteligente y una vida racional; pues sabemos bien que no habría formado a semejante ser ni le habría proporcionado todo lo que pertenece a la perpetuidad si no hubiera querido que el ser así creado permaneciera perpetuamente.
- 2Si, por tanto, el Creador de este universo hizo al hombre para que participara de una vida inteligente y para que, convertido en espectador de su grandeza y de la sabiduría manifiesta en todas las cosas, continuara siempre contemplándolas, entonces, conforme al propósito de su Autor y a la naturaleza que recibió, la causa de su creación es garantía de su permanencia eterna, y esa permanencia es garantía de la resurrección, sin la cual el hombre no podría subsistir. Así, por lo dicho, queda muy claro que la causa de la creación del hombre y el propósito de quien lo hizo demuestran manifiestamente la resurrección.
- 3Siendo tal la naturaleza de la causa por la que el hombre fue traído a este mundo, corresponde ahora considerar lo que sigue inmediatamente, sea por naturaleza o en el orden propuesto. En nuestra investigación, a la causa de su creación le sigue la naturaleza de los hombres así creados; a la naturaleza de los creados, el justo juicio que su Creador hará sobre ellos; y a todo esto, el fin de su existencia. Habiendo investigado, pues, el punto que ocupa el primer lugar en el orden, pasemos a considerar la naturaleza de los hombres.