LUX VERITAS

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Sobre la resurrección (Atenágoras) · Capítulo 12

  1. 1LA CREACIÓN DEL HOMBRE.
  2. 2El argumento basado en la causa resultará evidente si consideramos si el hombre fue hecho al azar y en vano o con algún propósito; y, si con algún propósito, si solo para vivir y permanecer en la condición natural en que fue creado o para el uso de otro; y, si con vistas a algún uso, si para el del
  3. 3propio Creador o para el de alguno de los seres que le pertenecen y que él considera dignos de mayor cuidado. Ahora bien, si consideramos esto del modo más general, encontramos que una persona de mente sana, movida por un juicio racional a hacer algo, no hace en vano nada de lo que realiza intencionalmente, sino que lo hace para su propio uso, para el uso de otra persona de quien cuida, o por causa de la propia obra, movida por una inclinación y un afecto naturales hacia su producción.
  4. 4Por ejemplo, para aclarar lo que queremos decir, un hombre construye una casa para su propio uso; pero para el ganado, los camellos y otros animales que necesita construye el refugio adecuado para cada uno. Este no es para su propio uso, si solo consideramos la apariencia; pero sí lo es si atendemos al fin que tiene en vista, aunque su objeto inmediato sea el cuidado de aquellos por quienes se interesa. También tiene hijos, no para su propio uso ni por causa de alguna otra cosa que le pertenezca, sino para que los nacidos de él existan y permanezcan tanto tiempo como sea posible; así, mediante la sucesión de hijos y nietos, se consuela ante el fin de su propia vida, esperando de este modo inmortalizar lo mortal. Tal es el proceder de los hombres.
  5. 5Pero Dios no puede haber creado al hombre en vano, pues es sabio y ninguna obra de sabiduría es vana; tampoco lo creó para su propio uso, pues no necesita nada. Para un Ser que no necesita absolutamente nada, ninguna de sus obras puede aportar algo para su uso. Tampoco hizo al hombre por causa de ninguna otra de las obras que ha creado. Pues nada dotado de razón y discernimiento ha sido creado, ni es creado, para el uso de otro, sea este mayor o menor que él, sino para la vida y la permanencia del propio ser así creado.
  6. 6La razón no puede descubrir utilidad alguna que pueda considerarse causa de la creación de los hombres, pues los inmortales están libres de necesidades y no requieren la ayuda de los hombres para existir; y los seres irracionales están por naturaleza sometidos y prestan a los hombres los servicios para los que cada uno fue destinado, pero no fueron destinados, a su vez, a servirse de los hombres. Pues no era ni es correcto rebajar al que gobierna y dirige al uso del inferior, ni someter lo racional a lo irracional, que no es apto para gobernar.
  7. 7Por tanto, si el hombre no fue creado sin causa y en vano — pues ninguna de las obras de Dios es vana, al menos en cuanto al propósito de su Creador —, ni para uso del propio Creador o de alguna de las obras que de él procedieron, es bien claro que, aunque según la primera y más general consideración del asunto Dios hizo al hombre para sí, conforme a la bondad y la sabiduría manifiestas en toda la creación, según la consideración más cercana a los seres creados lo hizo por causa de la vida de aquellos a quienes creó, vida que no se enciende por poco tiempo para después extinguirse.
  8. 8A los seres que se arrastran, supongo, a las aves, a los peces y, en términos más generales, a todas las criaturas irracionales, Dios les asignó una vida de esa clase. Pero a quienes llevan en sí la imagen del propio Creador, están dotados de entendimiento y han sido agraciados con un juicio racional, el Creador les asignó una duración perpetua, para que, reconociendo a su Hacedor, su poder y su destreza, y obedeciendo la ley y la justicia, pasen toda su existencia libres de sufrimiento, en posesión de las cualidades con las que sobrellevaron valerosamente su vida anterior, aunque vivieron en cuerpos corruptibles y terrenales.
  9. 9Pues todo lo creado por causa de otra cosa, cuando cese aquello por lo cual fue creado, también dejará debidamente de existir y no seguirá existiendo en vano, ya que entre las obras de Dios no hay lugar para lo inútil. Pero aquello que fue creado con el propósito mismo de existir y vivir una vida naturalmente adecuada a sí, puesto que la propia causa está ligada a su naturaleza y solo se reconoce en relación con la existencia misma, nunca puede admitir causa alguna que aniquile por completo su existencia.
  10. 10Y, puesto que se ve que esta causa reside en la existencia perpetua, el ser así creado debe ser preservado para siempre, haciendo y experimentando lo adecuado a su naturaleza, cada una de las dos partes de que se compone aportando lo que le corresponde: el alma debe existir y permanecer sin cambio en la naturaleza en que fue creada y desempeñar sus funciones propias, como dirigir los impulsos del cuerpo y juzgar y medir lo que ocurre de tiempo en tiempo según las normas y medidas adecuadas; y el cuerpo debe moverse conforme a su naturaleza hacia los objetos que le son propios y experimentar los cambios que le fueron asignados, entre ellos, además de los relativos a la edad, apariencia y tamaño, la resurrección. Pues la resurrección es una especie de cambio, el último de todos, y un cambio para mejor de aquello que entonces todavía permanece existente.