Sobre la resurrección (Atenágoras) · Capítulo 11
- 1Si, por tanto, cada punto investigado ha sido demostrado mediante lo que es primero por naturaleza y lo que de ello se sigue, es muy evidente que la resurrección de los cuerpos disueltos es una obra que el Creador puede realizar, puede querer y que es digna de él; pues estas consideraciones han mostrado la falsedad de la opinión contraria y el absurdo de la posición de los incrédulos. ¿Para qué hablar de la correspondencia entre estos puntos y de su vínculo recíproco? Si es que debemos emplear la palabra vínculo, como si los separara alguna diferencia de naturaleza, en vez de decir que lo que Dios puede hacer también puede querer, y que lo que Dios puede querer le es perfectamente posible hacerlo y es digno de aquel que lo quiere.
- 2Que discurrir acerca de la verdad es una cosa y hacerlo en su defensa es otra ha quedado suficientemente explicado en las observaciones anteriores, así como en qué se diferencian, cuándo y para quién es útil cada una. Pero quizá, en vista de la certeza general y del vínculo entre lo dicho y lo que resta por decir, no haya razón para que no volvamos a empezar por estos mismos puntos y por los que les son afines. A una clase de argumentación le corresponde por naturaleza ocupar el primer lugar; a la otra, acompañar a la primera, prepararle el camino y eliminar cuanto la obstaculiza o le es hostil.
- 3La exposición acerca de la verdad, necesaria a todos los hombres para su certeza y seguridad, ocupa el primer lugar, ya sea por naturaleza, por orden o por utilidad: por naturaleza, porque proporciona el conocimiento del asunto; por orden, porque se encuentra en las cosas y junto a las cosas de las que nos informa; por utilidad, porque es garantía de certeza y seguridad para quienes la conocen. La exposición en defensa de la verdad es inferior en naturaleza y fuerza, pues refutar la falsedad es menos importante que establecer la verdad; y ocupa el segundo lugar en el orden, pues emplea su fuerza contra quienes sostienen falsas opiniones, y estas son un crecimiento posterior procedente de otra siembra y de una degeneración.
- 4A pesar de todo ello, a menudo se coloca primero y a veces resulta más útil, porque elimina y aparta de antemano la incredulidad que inquieta a algunas mentes, así como la duda o la falsa opinión de quienes se han acercado hace poco. No obstante, ambas se refieren a un mismo fin, pues la refutación de la falsedad y el establecimiento de la verdad tienen por objeto la piedad. No son, ciertamente, absolutamente lo mismo: una, como dije, es necesaria a todos los que creen y se preocupan por la verdad y por su propia salvación; la otra resulta más útil en ciertas ocasiones, para ciertas personas y en determinadas discusiones. Baste esta recapitulación para recordar lo ya dicho.
- 5Ahora debemos pasar a lo que nos propusimos y mostrar la verdad de la doctrina de la resurrección, tanto por la causa misma conforme a la cual y por la cual fueron creados el primer hombre y su posteridad, aunque no fueron traídos a la existencia del mismo modo, como por la naturaleza común de todos los hombres en cuanto hombres; y además por el juicio que su Creador hará de ellos según el tiempo vivido por cada uno y las reglas por las que cada cual rigió su conducta, juicio que nadie puede dudar que será justo.