LUX VERITAS

Escrituras y Manuscritos

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Sobre la resurrección (Atenágoras) · Capítulo 14

  1. 1La demostración de las diversas doctrinas que componen la verdad, o de cualquier cuestión propuesta para examen, si ha de producir una confianza inquebrantable en lo dicho, debe comenzar no por algo exterior ni por lo que ciertas personas piensan o han pensado, sino por la noción común y natural del asunto o por la conexión de las verdades secundarias con las primeras. Pues la cuestión se refiere o a las creencias primeras, y entonces basta recordarlas para despertar la noción natural, o a las cosas que se siguen naturalmente de las primeras y a su secuencia propia.
  2. 2En estas cosas debemos observar el orden, mostrando lo que se sigue rigurosamente de las primeras verdades, o de las colocadas primero, para no perder de vista la verdad ni la certeza que tenemos de ella, ni confundir las cosas ordenadas por la naturaleza y distintas unas de otras, ni romper el orden natural. Por eso pienso que conviene a quienes desean tratar el asunto con equidad y formarse un juicio inteligente sobre si hay o no resurrección considerar primero atentamente la fuerza de los argumentos que contribuyen a demostrarla y el lugar que ocupa cada uno: cuál es el primero, el segundo, el tercero y el último.
  3. 3Al ordenarlos, deben poner en primer lugar la causa de la creación de los hombres, esto es, el propósito del Creador al formar al hombre; después, relacionar con ella, como corresponde, la naturaleza de los hombres así creados, no porque esta sea segunda en el orden, sino porque no podemos juzgar ambas al mismo tiempo, aunque estén estrechamente unidas por naturaleza y tengan igual fuerza para la cuestión examinada. Pero, aunque la resurrección quede claramente demostrada por estas pruebas primeras, derivadas de la obra de la creación, también podemos adquirir convicción acerca de ella mediante argumentos tomados de la providencia, es decir, de la recompensa o el castigo debidos a cada hombre conforme al justo juicio, y del fin de la existencia humana.
  4. 4Pues muchos, al hablar de la resurrección, han fundado toda la cuestión solo en el tercer argumento, considerando que la causa de la resurrección es el juicio. Pero la falsedad de esto se muestra con toda claridad en que, aunque todos los seres humanos que mueren resucitan, no todos los que resucitan serán juzgados. Pues si solo el justo juicio fuera la causa de la resurrección, se seguiría, desde luego, que quienes no hicieron ni el mal ni el bien — esto es, los niños muy pequeños — no resucitarían. Pero, dado que todos han de resucitar, tanto los que murieron en la infancia como los demás, ellos también justifican nuestra conclusión de que la resurrección no ocurre primariamente por causa del juicio, sino como consecuencia del propósito de Dios al formar a los hombres y de la naturaleza de los seres así formados.