LUX VERITAS

Escrituras y Manuscritos

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Sobre la oración (Tertuliano) · Capítulo 22

  1. 1Quienes hacen esta concesión deberían reflexionar sobre la propia naturaleza de la palabra: ¿qué significa mujer en los primeros registros de las Sagradas Escrituras? Allí descubren que designa el sexo, no una clase de él, si es que Dios dio a Eva, cuando todavía no había conocido varón, los nombres mujer y persona de sexo femenino: este último designa el sexo en general, y el primero, una clase de él. Así pues, puesto que Eva, aún soltera, era entonces llamada mujer, esa palabra pasó a ser común también a la virgen. No sorprende que el apóstol, guiado por el mismo Espíritu por quien fueron redactadas todas las divinas Escrituras, incluido el libro del Génesis, haya empleado la misma palabra al escribir mujeres, palabra que, por el ejemplo de Eva soltera, también se aplica a una virgen. De hecho, todos los demás pasajes concuerdan con ello.
  2. 2Pues, por el hecho mismo de no haber mencionado a las vírgenes —como hace en otro pasaje, al enseñar sobre el matrimonio—, indica suficientemente que su observación se refiere a toda mujer y a todo el sexo, sin distinción entre la virgen y cualquier otra, ya que no la menciona por separado. Porque quien en otro lugar, donde la diferencia lo requiere, recuerda hacer la distinción —y la hace designando cada especie por su nombre propio—, quiere que, donde no distingue ni nombra a cada una, no se entienda diferencia alguna. ¿Y qué decir del hecho de que, en la lengua griega en que el apóstol escribió sus cartas, es habitual decir mujeres en vez de personas de sexo femenino, es decir, gunaikas 688
  3. 3(gunaikas) en vez de thēleias (theleias)? Por tanto, si aquella palabra que, traducida, corresponde a persona de sexo femenino (femina) se usa con frecuencia en lugar del nombre del sexo, él nombró el sexo al decir gunaika; y el sexo comprende también a la virgen. Además, la declaración es clara: Toda mujer, dice, que ora y profetiza con la cabeza descubierta deshonra su propia cabeza. ¿Qué significa toda mujer sino mujer de cualquier edad, rango y condición? Al decir toda, no exceptúa nada del sexo femenino, así como tampoco exceptúa nada del masculino al tratar de no cubrirse la cabeza, pues dice igualmente todo hombre. Así, como en el sexo masculino, bajo el nombre hombre, se prohíbe incluso al joven llevar velo, también en el femenino, bajo el nombre mujer, se ordena llevarlo incluso a la virgen.
  4. 4En ambos sexos, siga por igual la edad más joven la disciplina de la mayor; o bien que los varones vírgenes también lleven velo, si las vírgenes no lo llevan por no ser mencionadas por su nombre. Que hombre y joven sean diferentes, si mujer y virgen son diferentes. Pues por causa de los ángeles dice que las mujeres deben llevar velo, porque los ángeles se apartaron de Dios por causa de las hijas de los hombres. ¿Quién sostendría, entonces, que solamente las mujeres —es decir, las ya casadas que habían perdido la virginidad— fueron objeto del deseo de los ángeles, a menos que las vírgenes sean incapaces de sobresalir por su belleza y de encontrar admiradores? Más aún, veamos si no fueron solo vírgenes las que desearon, pues la Escritura dice hijas de los hombres, cuando igualmente podría haber dicho esposas de los hombres o personas de sexo femenino.
  5. 5Del mismo modo, cuando dice: Y las tomaron para sí por esposas, es porque, evidentemente, se toma por esposas a quienes todavía no tienen ese título. Habría empleado otras palabras respecto de quienes ya lo poseían. Por tanto, las mencionadas están privadas tanto de la condición de viudas como de la de vírgenes. Así, al nombrar el sexo en general, Pablo reunió enteramente a las hijas y a las especies bajo el género. Además, cuando dice que la propia naturaleza, que dio a las mujeres el cabello como cobertura y adorno, enseña que llevar velo es deber de las personas de sexo femenino, ¿no recibieron también las vírgenes la misma cobertura y el mismo honor de la cabeza? Si es vergonzoso que una mujer lleve el cabello cortado, también lo es para una virgen.
  6. 6A aquellas, pues, a quienes se dio una sola y misma ley para la cabeza, se les exige una sola y misma disciplina para la cabeza, que se extiende incluso a las vírgenes protegidas por la infancia, pues desde el principio la virgen fue llamada persona de sexo femenino. En suma, hasta Israel observa esta costumbre; pero, aunque Israel no la observara, nuestra Ley, ampliada y complementada, reivindicaría para sí este añadido. Que se le excuse por imponer el velo también a las vírgenes. Bajo nuestra dispensación, que la edad aún inconsciente de su sexo conserve el privilegio de la sencillez. Pues tanto Eva como Adán, cuando llegaron a ser sabios, cubrieron de inmediato aquello que habían aprendido a conocer.
  7. 7En todo caso, respecto a aquellas en quienes la niñez ha dado paso a la madurez, su edad debe recordar los deberes que le corresponden por naturaleza y también por disciplina, pues están siendo trasladadas a la condición de mujeres, tanto en sus personas como en sus funciones. Nadie es virgen desde el momento en que se vuelve capaz de casarse, dado que, en ella, la edad ya se ha unido a su propio esposo, es decir, al tiempo. Pero cierta virgen se ha consagrado a Dios. Desde ese mismo instante cambia su peinado y transforma toda su vestimenta en la de una mujer. Que mantenga, entonces, plenamente esa condición y cumpla todo el deber de una virgen: aquello que oculta por causa de Dios, cúbralo por completo.
  8. 8Nos corresponde confiar solamente al conocimiento de Dios aquello que la gracia de Dios realiza en nosotros, para que no recibamos de los hombres la recompensa que esperamos de Dios. ¿Por qué descubres ante Dios lo que cubres 689
  9. 9ante los hombres? ¿Serás más modesta en público que en la iglesia? Si tu consagración es una gracia de Dios, y tú la has recibido, ¿por qué te glorías, dice él, como si no la hubieras recibido? ¿Por qué juzgas a las demás al exhibirte? ¿Acaso, con tu ostentación, invitas a otras a hacer el bien? No; al gloriarte, tú misma corres el riesgo de perder lo que tienes y empujas a otras hacia los mismos peligros. Lo que se asume por amor a la ostentación se destruye fácilmente. Lleva velo, virgen, si eres virgen, pues debes ruborizarte. Si eres virgen, rehúye las miradas de muchos. Que nadie se maraville de tu rostro; que nadie perciba tu falsedad. Haces bien en asumir falsamente la condición de casada, si te cubres la cabeza; más aún, no parece que la asumas falsamente, pues estás unida a Cristo: a él entregaste tu cuerpo; actúa como corresponde a la disciplina de tu Esposo.
  10. 10Si él ordena a las esposas de otros que lleven velo, cuánto más a su propia esposa. Pero nadie debe pensar que se haya de derribar la institución de su predecesor. Muchos someten su propio juicio y su coherencia a la costumbre ajena. Admitamos que no se obligue a las vírgenes a llevar velo; al menos no se debe prohibir a las que lo llevan voluntariamente. Estas tampoco pueden negar que son vírgenes, contentándose, con la seguridad de una buena conciencia ante Dios, con perjudicar su propia reputación. En cuanto a las prometidas, puedo afirmar y atestiguar con firmeza, por encima de mis escasas fuerzas, que deben llevar velo desde el día en que se estremecieron con el primer contacto corporal de un hombre, por beso y contacto de la mano.
  11. 11Pues en ellas todo se ha unido de antemano: la edad, por la madurez; la carne, por la edad; el espíritu, por la conciencia; la modestia, por la experiencia del beso; la esperanza, por la expectativa; la mente, por la voluntad. Y Rebeca nos basta como ejemplo: cuando le señalaron a su prometido, se cubrió con el velo para el matrimonio tan solo al reconocerlo.