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Escrituras y Manuscritos

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Sobre la oración (Tertuliano) · Capítulo 23

  1. 1También en cuanto a arrodillarse, la oración está sujeta a diferentes observancias a causa de algunos pocos que se abstienen de arrodillarse el sábado; y puesto que esta divergencia se halla especialmente en discusión ante las iglesias, el Señor concederá su gracia para que quienes discrepan cedan o sigan su opinión sin ofender a los demás. Nosotros, sin embargo, conforme lo hemos recibido, solo el día de la Resurrección del Señor debemos evitar no solo arrodillarnos, sino toda postura y actitud de preocupación, aplazando incluso nuestros negocios para no dar lugar alguno al diablo. Del mismo modo, también en el período de Pentecostés, que distinguimos con la misma solemnidad de júbilo. Pero ¿quién vacilaría en postrarse ante Dios todos los días, al menos en la primera oración con la que acogemos la luz del día?
  2. 2En los ayunos y las Estaciones, además, no debe hacerse ninguna oración sin arrodillarse y sin las demás señales habituales de humildad, pues entonces no solo estamos orando, sino también suplicando y ofreciendo reparación a Dios nuestro Señor. En cuanto a los horarios de oración, nada se ha prescrito, salvo, claramente, orar en todo tiempo y en todo lugar.