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Jubileos · Capítulo 25

  1. 1Y en el segundo año de esta semana de este jubileo llamó Rebeca a Jacob su hijo y hablóle diciendo: «Hijo mío, no tomes para ti mujer de las hijas de Canaán como hizo Esaú tu hermano, el cual tomó para sí dos mujeres cananeas que han amargado mi espíritu con todas sus obras abominables; porque todos sus hechos son fornicación y lascivia, no habiendo en ellas rectitud pues son malignas en sobremanera.
  2. 2Y yo, hijo mío, te amo entrañablemente, bendiciéndote mi alma y mi corazón a cada hora del día y en cada vela de la noche.
  3. 3Ahora pues, hijo mío, escucha mi voz y cumple la voluntad de tu madre: no tomes mujer de las hijas de esta tierra, sino únicamente de la casa de mi padre y de entre mis parientes; toma de allí mujer para ti, y el Dios Altísimo te bendecirá y tus hijos serán linaje noble y descendencia santa».
  4. 4Respondió entonces Jacob a Rebeca su madre diciendo: «He aquí, madre mía, que tengo nueve semanas de años y jamás he conocido ni tocado mujer alguna, ni me he desposado, ni pasa por mi pensamiento tomar mujer de las hijas de Canaán.
  5. 5Pues me acuerdo bien, madre mía, de los mandatos de Abraham nuestro padre, el cual me ordenó no tomar mujer de las cananeas, sino tomar esposa de la simiente de la casa de mi padre y de mi linaje.
  6. 6He oído decir que le nacieron hijas a Labán tu hermano, y he dispuesto mi corazón para tomar de entre ellas mujer.
  7. 7Y por esta causa me he guardado en mi espíritu para no pecar ni corromperme en mis veredas todos los días de mi vida; pues tocante a la impureza y la fornicación Abraham mi padre me dio rigurosos preceptos.
  8. 8Y con todo cuanto me mandó, mi hermano ha contendido conmigo durante veintidós años diciéndome con frecuencia: "Hermano mío, toma por mujer a una de las hermanas de mis dos esposas"; mas yo rehusé proceder como él hizo.
  9. 9Y te juro en este día, madre mía, que en todos los días de mi vida no tomaré mujer de las hijas de la casta de Canaán, ni procederé inicuamente como obró mi hermano.
  10. 10No temas, madre mía; ten por cierto que cumpliré tu voluntad andando en rectitud sin torcer mis caminos para siempre».
  11. 11Alzó entonces ella sus manos al cielo extendiendo sus dedos, y abrió su boca bendiciendo al Dios Altísimo que formó el cielo y la tierra, tributándole alabanzas y gracias.
  12. 12Y dijo: «Bendito sea el Señor Dios, y alabado sea su santo Nombre por los siglos de los siglos, que me concedió a Jacob por hijo puro y por descendencia santa; porque tuyo es, y tuya será su prole perpetuamente por todas las generaciones del mundo.
  13. 13Bendícelo, ¡oh Señor!, y pon en mi boca bendiciones de justicia para que yo pueda bendecirle».
  14. 14Y en aquella misma hora descendió el espíritu de justicia a su boca, y poniendo ambas manos sobre la cabeza de Jacob dijo:
  15. 15«Bendito seas tú del Señor de justicia y Dios de los siglos; bendígate Él sobre todas las generaciones de los hombres; concédete, hijo mío, la senda de la justicia y manifieste la rectitud a tu linaje.
  16. 16Y multiplique a tus hijos en tus días naciendo conforme a los meses del año; y aumente a sus descendientes de modo que sobrepujen el número de las estrellas del cielo y sean más que la arena de la orilla del mar.
  17. 17Y te otorgue en heredad esta buena tierra conforme prometió darla a Abraham y a su descendencia después de él para siempre jamás, poseyéndola en perpetua heredad.
  18. 18Y pueda yo ver en mi vida hijos nacidos de ti, hijo mío, siendo toda tu descendencia una estirpe santa y bendita.
  19. 19Y por cuanto has consolado el espíritu de tu madre durante su vida, te bendice el vientre de la que te llevó y te bendicen mis pechos, alabándote en gran manera mi boca y mi lengua.
  20. 20Crece y ensánchate sobre la haz de la tierra, y sea tu simiente perfecta en el regocijo del cielo y del suelo para siempre; y alégrese tu prole y alcance cumplida paz en el gran día de la reconciliación.
  21. 21Y permanezca tu nombre y el de tu linaje para siempre jamás; sea el Dios Altísimo su Dios y habite el Dios de justicia con ellos, edificando por medio de ellos su santuario para todas las edades del mundo.
  22. 22Bendito sea todo el que te bendijere, y maldito sea con anatema cualquiera que profiriere falsas maldiciones contra ti».
  23. 23Y besóle diciendo: «Ámete el Señor del universo como te ama el corazón de tu madre, y se complazca su entrañable misericordia en ti bendiciéndote». Y puso fin a sus bendiciones.