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Historia de José el Carpintero · Capítulo 17

Estas son las palabras habladas por José, aquel justo anciano. Y entrando yo adonde él estaba, hallé su alma sumamente turbada, pues se hallaba en gran perplejidad. Y le dije: ¡Paz a ti, mi padre José, varón justo! ¿Cómo estás? Y él me respondió: ¡Salud en todo, mi amadísimo hijo! En verdad, la agonía y el pavor de la muerte ya me han rodeado; mas tan pronto como oí tu voz, reposó mi alma. ¡Oh Jesús de Nazaret! ¡Jesús, Salvador mío! ¡Jesús, libertador de mi alma! ¡Jesús, protector mío! ¡Jesús! ¡Oh nombre dulcísimo en mi boca y en la boca de todos los que lo aman! ¡Oh ojo que ves, y oído que oyes, escúchame! Yo soy tu siervo; en este día muy humildemente te reverencio, y delante de tu presencia derramo mis lágrimas. Tú eres del todo mi Dios; tú eres mi Señor, como el ángel me ha dicho millares de veces, y en particular aquel día en que mi alma era combatida por pensamientos perversos tocante a la pura y bendita María, que te llevaba en su vientre y a quien pensaba secretamente repudiar. Y mientras yo meditaba en esto, he aquí que se me aparecieron en mi descanso ángeles del Señor, diciéndome en admirable misterio: Oh José, hijo de David, no temas recibir a María por esposa; y no entristezcas tu alma, ni hables palabras indebidas de su concepción, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es, y dará a luz un hijo y llamarás su nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados. ¡No me quieras mal por esta causa, oh Señor! Porque yo ignoraba el misterio de tu nacimiento. Me acuerdo también, Señor mío, de aquel día en que el muchacho murió de la mordedura de la serpiente. Y sus parientes quisieron entregarte a Herodes, diciendo que tú le habías matado; pero tú le resucitaste de entre los muertos y se lo devolviste. Entonces me acerqué a ti y tomé tu mano, diciendo: Hijo mío, cuídate a ti mismo. Mas tú me dijiste en respuesta: ¿No eres tú mi padre según la carne? Yo te enseñaré quién soy. Ahora, por tanto, oh Señor y Dios mío, no te enojes contra mí, ni me condenes a causa de aquella hora. Siervo tuyo soy, e hijo de tu sierva; mas tú eres mi Señor, mi Dios y Salvador, ciertísimamente el Hijo de Dios.

Palabras de este capítulo

Lo que estas palabras decían en el original — y dónde más aparecen.

Texto en inglés: Ante-Nicene Fathers, vol. 8 (Buffalo: Christian Literature Publishing Co., 1886), History of Joseph the Carpenter, Alexander Walker, 1886 (dominio público). Portugués y español: traducción de Lux Veritas a partir de esta edición.

Fuente: Ante-Nicene Fathers, vol. 8 (Buffalo: Christian Literature Publishing Co., 1886), History of Joseph the Carpenter, Alexander Walker (1886) · dominio público