José y Asenat · Capítulo 4
- 11. Y descendió entonces apresuradamente por las gradas de su estancia alta, y acudió a su padre y a su madre y los besó con afecto.
- 22. Y Pentefres y su esposa se regocijaron en gran manera a causa de su hija Aseneth, pues la contemplaron engalanada y hermosa como una desposada de Dios; y le ofrecieron todas las dádivas exquisitas que habían traído de su heredad de campo y se las entregaron; y Aseneth se alegró con todos aquellos deleites: con las frutas del estío, los racimos de uvas, los dátiles, las palomas, las moras y los higos, pues todos eran hermosos y de agradable sabor.
- 33. Y dijo Pentefres a su hija Aseneth: Hija mía. Y ella contestó: Heme aquí, señor mío. Y él le dijo: Siéntate entre nosotros dos, y te manifestaré mis palabras.
- 44. Y tomó asiento en medio de su padre y de su madre, y Pentefres su padre asió su mano diestra con su propia diestra, y besándola tiernamente dijo: Hija amadísima.
- 55. Y ella le respondió: Heme aquí, señor y padre mío. Y Pentefres le declaró: Mira que José, el esforzado varón de Dios, viene hoy a nuestra casa; y este varón es señor y gobernador de toda la tierra de Egipto, pues el rey Faraón le ha puesto por soberano de toda nuestra comarca, y él mismo suministra trigo a todo el reino y lo preserva del hambre venidera; y este José es varón temeroso de Dios, sobrio, discreto y casto como lo eres tú en este día, varón eminente en sabiduría e inteligencia, y el Espíritu de Dios mora sobre él y la gracia del Señor está en su corazón. Ven pues, hija mía dilecta, y te entregaré a él por consorte, y serás su desposada y él será tu marido para siempre.
- 66. Y cuando Aseneth escuchó estas razones de labios de su padre, un copioso sudor bañó su rostro y ardió en vehemente enojo, y mirando con desdén a su padre le increpó: ¿Por qué motivo, señor y padre mío, profieres tales desatinos? ¿Pretendes acaso entregarme cautiva a un advenedizo, a un fugitivo y a un esclavo comprado? ¿No es este el hijo de un pastor de la tierra de Canaán, desechado por sus propios parientes? ¿No es este aquel que pretendió a su señora, por cuya causa su amo lo arrojó a una tenebrosa mazmorra, de donde Faraón lo sacó porque le descifró un sueño, según lo hacen asimismo las viejas adivinas de Egipto? ¡Jamás sea así! Yo me uniré en matrimonio con el hijo primogénito del rey, por cuanto él es heredero del señorío de toda la tierra.
- 77. Y habiendo escuchado esto Pentefres, se avergonzó de insistir más ante su hija Aseneth tocante a José, por cuanto le había replicado con soberbia y desmedido furor.