José y Asenat · Capítulo 3
- 11. Y aconteció en el primer año de los siete años de la abundancia, en el mes cuarto, a los veintiocho días del mes, que llegó José a los términos de Heliópolis recolectando el grano de aquella provincia.
- 22. Y acercándose José a la ciudad, despachó doce mensajeros delante de sí a Pentefres, sacerdote de Heliópolis, diciendo: Hoy me llegaré a ti, por cuanto es mediodía y sazón de la comida, y el calor del sol arrecia en gran manera; para que pueda tomar refrigerio bajo el techo de tu morada.
- 33. Y Pentefres, al escuchar tales palabras, se regocijó con grande júbilo y exclamó: Bendito sea el Señor Dios de José, por cuanto mi señor José me ha juzgado digno.
- 44. Y convocó Pentefres al mayordomo de su casa y le ordenó: Apresúrate y adereza mi morada, y prepara un suntuoso banquete, porque José, el varón fuerte de Dios, viene hoy a nosotros.
- 55. Y cuando Aseneth oyó que su padre y su madre habían regresado de su hacienda campestre, se gozó en gran manera y dijo: Iré a ver a mi padre y a mi madre, pues han vuelto de la posesión de nuestra heredad (por cuanto era sazón de cosecha).
- 66. Y acudió presurosa Aseneth a la cámara donde estaban sus vestiduras y vistió una túnica de lino finísimo de color carmesí entretejida de hilos de oro, ciñóse con una faja de oro y se puso brazaletes de oro en sus muñecas; calzó en sus pies borceguíes de oro, y rodeó su cuello con una joya de inestimable valor y piedras preciosas labradas por todos lados, que tenían asimismo los nombres de los dioses de los egipcios grabados por doquier, así en las ajorcas como en las gemas; y colocó una tiara en su cabeza y ciñó una diadema en torno a sus sienes, cubriéndose la cabeza con un velo.