José y Asenat · Capítulo 5
- 11. ¡Y he aquí que un joven de los siervos de Pentefres compareció anunciándole: He aquí que José se halla ante las puertas de nuestro patio!
- 22. Y en cuanto Aseneth escuchó estas palabras, huyó de la presencia de su padre y de su madre y subió a la estancia alta, y penetrando en su cámara se asomó a la gran ventana que miraba hacia el oriente para contemplar la entrada de José en la morada de su padre.
- 33. Y salieron Pentefres y su esposa con todos sus deudos y criados al encuentro de José; y abiertas las puertas del atrio que miraban al levante, entró José sentado en el segundo carro de Faraón; e iban enganchados cuatro corceles albos como la nieve, con frenos guarnecidos de oro, siendo la cuadriga toda de oro acrisolado.
- 44. Y vestía José una túnica blanca de singular esplendor, y el manto que le envolvía era de púrpura, labrado de lino finísimo entretejido de hilos de oro, y ceñía su cabeza una corona de oro, rodeada de doce piedras electas, y por encima de las gemas doce rayos dorados, sosteniendo en su mano derecha un cetro real que ostentaba una rama de olivo con copiosos frutos.
- 55. Y habiendo entrado José en el atrio y aseguradas las puertas, quedando fuera todos los hombres y mujeres forasteros, por cuanto los guardas cerraron los portales, acudieron Pentefres, su esposa y toda su parentela, con exclusión de su hija Aseneth, y rindieron homenaje a José postrados rostro en tierra; y José descendió de su carruaje y les tendió la diestra en saludo.