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José y Asenat · Capítulo 6

  1. 11. Y cuando Aseneth contempló a José, sintió traspasada su alma y su corazón quedó conmovido, flaquearon sus rodillas y todo su cuerpo se estremeció, siendo presa de gran pavor; y gimiendo en su interior exclamó: ¡Ay de mí, desdichada! ¿Adónde huiré ahora, infeliz de mí, o en qué rincón me ocultaré de su presencia? ¿O cómo pondrá sus ojos en mí José, el hijo de Dios, habiendo yo proferido maldades contra él?
  2. 22. ¡Ay de mí, desventurada! ¿Adónde me dirigiré para esconderme, pues él mismo escudriña todos los escondrijos y conoce todas las cosas, sin que nada encubierto se le oculte merced a la gran luz que resplandece en él? Tenga ahora compasión de mí el Dios de José, pues por ignorancia pronuncié perversas palabras contra él.
  3. 33. ¿Qué haré ahora, mísera de mí? ¿No afirmaba yo: Viene José, el hijo del pastor de la tierra de Canaán? Mas he aquí
  4. 44. que ha venido a nosotros en su carruaje semejante al sol de los cielos, y hoy ha entrado en nuestra morada y alumbra en ella como lumbre sobre la faz de la tierra. Mas yo fui necia y atrevida, porque le tuve en poco y hablé mal de él, sin saber que José era hijo de Dios. Porque ¿qué mortal engendrará jamás semejante gentileza, o qué vientre de mujer dará a luz tan admirable luz? Desdichada e insensata soy, pues hablé palabras malignas a mi padre.
  5. 55. Ahora pues, entrégueme mi padre a José por sierva y esclava suya, y serviré como sierva suya para siempre jamás.