Exhortación a los griegos (Clemente) · Capítulo 8
- 1Evitemos, pues, la costumbre como evitaríamos un promontorio peligroso, la amenazante Caribdis o las sirenas míticas. Ahoga al hombre, lo aparta de la verdad, lo desvía de la vida: la costumbre es trampa, abismo, fosa y aventador pernicioso.
- 2"Conduce la nave más allá de aquel humo y aquella ola".
- 3Huyamos, compañeros de navegación, huyamos de esa ola; vomita fuego: es una isla perversa, amontonada de huesos y cadáveres, donde canta una bella cortesana, el Placer, que encanta con música para los oídos de todos.
- 4"Ven acá, Ulises de vasta fama, gran gloria de los aqueos; atraca la nave, para que puedas oír una voz más divina".
- 5Ella te alaba, oh marinero, y te llama ilustre; la cortesana procura conquistar para sí la gloria de los griegos. Déjala alimentarse de los muertos; un espíritu celestial viene en tu ayuda: pasa de largo ante el Placer, pues engaña.
- 6"No dejes que una mujer de vestido arrastrado te robe los sentidos, con su charla halagadora buscando tu daño".
- 7Navega más allá del canto; trae la muerte. Basta que ejerzas tu voluntad, y habrás vencido la ruina; atado al madero de la cruz, serás liberado de la destrucción: la palabra de Dios será tu piloto, y el Espíritu Santo te llevará a fondear en el puerto del cielo. Entonces verás a mi Dios, serás iniciado en los misterios sagrados y alcanzarás el disfrute de aquellas cosas guardadas en el cielo y reservadas para mí, que "el oído no oyó, ni entraron en el corazón de nadie".
- 8"Y en verdad me parece ver dos soles y una Tebas doble", dijo alguien presa del frenesí en el culto de los ídolos, embriagado de mera ignorancia. Yo tendría compasión de él en su embriaguez delirante y, aun delirando, lo invitaría a la sobriedad de la salvación; pues el Señor acoge el arrepentimiento del pecador, no su muerte.
- 9Ven, oh hombre enloquecido, sin apoyarte en el tirso ni coronarte de hiedra; desecha la mitra, desecha la piel de cervato; recobra el juicio. Yo te mostraré la Palabra y sus misterios, explicándolos a tu manera. Este es el monte amado por Dios, no tema de tragedias como Citerón, sino consagrado a los dramas de la verdad: monte de sobriedad, sombreado por bosques de pureza; allí festejan no las Ménades, hermanas de Sémele fulminada por el rayo, que practican en sus ritos de iniciación la división profana de la carne, sino las hijas de Dios, hermosas corderas que celebran los santos ritos de la Palabra y elevan una danza coral sobria. Los justos son el coro; la música es un himno al Rey del universo.
- 10Las doncellas tocan la lira, los ángeles alaban, los profetas hablan; resuena la música, corren y siguen al jubiloso grupo; los llamados se apresuran, deseosos de recibir al Padre.
- 11Ven también tú, oh anciano, dejando Tebas y arrojando lejos tanto la adivinación como el frenesí báquico; déjate conducir a la verdad. Te doy el bastón [de la cruz] en que apoyarte. Apresúrate, Tiresias; cree y verás. Cristo, por quien los ojos de los ciegos recuperan la vista, derramará sobre ti una luz más brillante que el sol; la noche huirá de ti, el fuego temerá, la muerte desaparecerá; tú, anciano, que no veías Tebas, verás los cielos. ¡Oh misterios verdaderamente sagrados! ¡Oh luz sin mancha! Mi camino está iluminado por antorchas y contemplo los cielos y a Dios; me vuelvo santo mientras soy iniciado. El Señor es el hierofante, sella e ilumina al iniciado y presenta al Padre a quien cree, para que sea guardado a salvo para siempre. Tales son las visiones de mis misterios.
- 12Si lo deseas, sé también iniciado; y te unirás al coro con los ángeles alrededor del Dios no engendrado, indestructible y único verdadero, la Palabra de Dios, entonando con nosotros el himno. Ese Jesús, que es eterno, el único gran Sumo Sacerdote del único Dios y de su Padre, ora por los hombres y los exhorta.
- 13"Oíd, oh incontables tribus, o más bien todos los hombres dotados de razón, bárbaros y griegos. Llamo a todo el género humano, del que soy Creador por voluntad del Padre. Venid a mí para ocupar vuestro debido lugar bajo el único Dios y la única Palabra de Dios; y no tengáis solo la ventaja de la razón sobre las criaturas irracionales, pues a vosotros, entre todos los mortales, os concedo el disfrute de la inmortalidad. Pues quiero, quiero comunicaros esta gracia, concediéndoos el don perfecto de la inmortalidad; y os confiero tanto la Palabra como el conocimiento de Dios, a mí mismo por entero. Esto soy yo, esto quiere Dios, esto es sinfonía, esta es la armonía del Padre, este es el Hijo, este es Cristo, esta es la Palabra de Dios, el brazo del Señor, el poder del universo, la voluntad del Padre; de estas cosas había imágenes antiguamente, pero no todas adecuadas.
- 14Deseo restauraros según el modelo original para que también os hagáis semejantes a mí. Os unjo con el ungüento de la fe, mediante el cual rechazáis la corrupción, y os muestro la forma desnuda de la justicia, por la cual ascendéis a Dios. Venid a mí, todos vosotros que trabajáis y estáis agobiados, y yo os daré descanso. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, pues soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera".
- 15Apresurémonos, corramos, semejantes míos: nosotros, imágenes de la Palabra que aman a Dios y se asemejan a él. Apresurémonos, corramos, tomemos su yugo, recibamos, para conducirnos a la inmortalidad, al buen auriga de los hombres. Amemos a Cristo. Él condujo al pollino con su madre y, habiendo uncido la humanidad a Dios, dirige su carro hacia la inmortalidad, apresurándose a cumplir claramente, al conducir ahora al cielo, lo que antes prefiguró al entrar montado en Jerusalén. Espectáculo hermosísimo para el Padre es el Hijo eterno coronado de victoria. Aspiremos, pues, al bien; hagámonos hombres que aman a Dios y obtengamos la mayor de todas las cosas que no pueden ser dañadas: Dios y la vida. Nuestro auxiliador es la Palabra; confiemos en ella; y nunca sintamos por la plata, el oro y la gloria un deseo tan intenso como por la propia Palabra de la verdad.
- 16Pues no agradará, no agradará al propio Dios que valoremos menos lo que más vale y tengamos en la mayor estima las enormidades manifiestas y la absoluta impiedad de la locura, la ignorancia, la irreflexión y la idolatría. Pues no sin motivo los hijos de los filósofos consideran que los necios incurren en profanación e impiedad en cuanto hacen; y, describiendo la propia ignorancia como una especie de locura, afirman que la multitud no es más que un grupo de locos.
- 17No hay, por tanto, lugar para dudar, dirá la Palabra, si es mejor estar cuerdo o loco; sino que, aferrándonos a la verdad con los dientes, debemos seguir a Dios con todas nuestras fuerzas y, en el ejercicio de la sabiduría, considerar que todas las cosas son suyas, como en realidad lo son. Además, habiendo aprendido que somos la más excelente de sus posesiones, entreguémonos a Dios, amando al Señor Dios y haciendo de ello nuestra ocupación durante toda la vida. Y si lo que pertenece a los amigos se considera propiedad común, y el hombre es amigo de Dios —pues por mediación de la Palabra se hizo amigo de Dios—, entonces todas las cosas se hacen del hombre, porque todas son de Dios y propiedad común de los dos amigos, Dios y el hombre.
- 18Es hora, pues, de decir que solo el cristiano piadoso es rico, sabio y de noble origen, y así llamarlo y creer que es imagen de Dios y también su semejanza, habiéndose hecho justo, santo y sabio por Jesucristo, y en esa medida ya semejante a Dios. Por eso esta gracia es indicada por el profeta cuando dice: "Yo dije que sois dioses y todos hijos del Altísimo". Pues a nosotros, sí, a nosotros, nos ha adoptado y desea ser llamado Padre solo de nosotros, no de los incrédulos. Tal es, por tanto, nuestra condición, la de quienes servimos a Cristo.
- 19"Como son los deseos de los hombres, así son sus palabras; como son sus palabras, así son sus acciones; y como son sus obras, así es su vida".
- 20Buena es toda la vida de quienes conocieron a Cristo.
- 21Bastan, me parece, las palabras, aunque, impulsado por el amor al hombre, podría seguir derramando lo que recibí de Dios para exhortar a la mayor de las bendiciones: la salvación. Pues los discursos acerca de la vida sin fin no llegan fácilmente al término de sus revelaciones. A vosotros aún os queda esta conclusión: elegir lo que más os aprovechará, el juicio o la gracia. Pues no creo que haya siquiera lugar para dudar cuál de los dos es mejor; ni está permitido comparar la vida con la destrucción.