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Epístola a Diogneto · Capítulo 9

  1. 11. Capítulo 9 — Por qué el Hijo fue enviado tan tarde.
  2. 22. Mientras duró el tiempo anterior, nos permitió ser arrastrados por impulsos desordenados, seducidos por placeres y diversas concupiscencias.
  3. 33. No porque tuviese complacencia alguna en nuestros pecados, sino que los soportaba; ni que aprobase aquel tiempo de iniquidad, sino que iba labrando el tiempo actual de la justicia, para que, convencidos en aquel tiempo de nuestra propia indignidad para alcanzar la vida por nuestras propias obras, fuésemos ahora hechos dignos de ella por la bondad de Dios; y manifestada nuestra incapacidad de entrar por nosotros mismos en el reino de Dios, fuésemos hechos capaces por el poder de Dios.
  4. 44. Mas cuando nuestra iniquidad llegó a su colmo, y quedó plenamente demostrado que el castigo y la muerte nos aguardaban como retribución; y cuando llegó el tiempo que Dios había prefijado para manifestar su propia bondad y poder, ¡oh inmensa benignidad y amor de Dios!, no nos aborreció, ni nos desechó, ni guardó rencor contra nosotros, sino que fue paciente y nos toleró, y compadecido tomó sobre sí nuestras iniquidades; dio a su propio Hijo en rescate por nosotros, al Santo por los pecadores, al Inocente por los culpables, al Justo por los injustos, al Incorruptible por los corruptibles, al Inmortal por los mortales.
  5. 55. Porque ¿qué otra cosa pudo cubrir nuestros pecados sino su justicia? ¿En quién pudimos ser justificados nosotros, inicuos e impíos, sino sólo en el Hijo de Dios? ¡Oh dulce trueque! ¡Oh misterio insondable! ¡Oh beneficios que sobrepujan toda esperanza! ¡Que la iniquidad de muchos quedase oculta en un solo Justo, y la justicia de Uno justificase a muchos pecadores! Habiéndonos, pues, convencido en el tiempo pasado de la incapacidad de nuestra naturaleza para alcanzar la vida, y habiendo ahora manifestado al Salvador poderoso para salvar aun lo que antes era incapaz de salvación, por ambas razones quiso que confiásemos en su bondad y le tuviésemos por nuestro Sustentador, Padre, Maestro, Consejero, Médico, Inteligencia, Luz, Honra, Gloria, Fortaleza y Vida, sin acongojarnos por el vestido ni por la comida.