Epístola a Diogneto · Capítulo 10
- 11. Capítulo 10 — Las bendiciones que brotan de la fe.
- 22. Si tú también deseas alcanzar esta fe, recibirás ante todo el conocimiento del Padre.
- 33. Porque Dios amó a la humanidad, por cuya causa hizo el mundo, a quien sometió todas las cosas que en él hay, a quien dio razón y entendimiento, a quien sólo concedió el privilegio de mirar hacia lo alto, a quien formó a su propia imagen, a quien envió a su Hijo unigénito, a quien prometió el reino celestial, y se lo dará a los que le aman.
- 44. Y cuando hayas alcanzado este conocimiento, ¿de qué gozo piensas que serás colmado? ¿O cómo amarás a Aquel que primero te amó? Y si le amas, serás imitador de su benignidad.
- 55. Y no te maravilles de que un hombre pueda llegar a ser imitador de Dios.
- 66. Puede, ciertamente, si quiere.
- 77. Pues no reside la felicidad en tiranizar a los prójimos, ni en querer estar por encima de los más débiles, ni en enriquecerse y usar de violencia contra los necesitados; ni en semejantes cosas puede nadie ser imitador de Dios.
- 88. Antes bien, tales cosas son ajenas a su majestad.
- 99. Al contrario, quien toma sobre sí la carga del prójimo; quien en aquello en que es superior está pronto a socorrer al que padece necesidad; quien distribuye a los menesterosos lo que de Dios ha recibido, haciéndose como un dios para los que reciben sus beneficios: ése es verdadero imitador de Dios.
- 1010. Entonces contemplarás, aun viviendo en la tierra, que Dios reina en los cielos; entonces comenzarás a hablar los misterios de Dios; entonces amarás y admirarás a los que son atormentados por rehusar negar a Dios; entonces condenarás el engaño y el extravío del mundo, al conocer lo que es verdaderamente la vida en el cielo, al despreciar la muerte aparente de este mundo y temer la muerte verdadera, reservada a los que serán condenados al fuego eterno, que atormentará hasta el fin a los entregados a él.
- 1111. Entonces admirarás a los que por causa de la justicia soportan el fuego pasajero de este mundo, y los tendrás por bienaventurados cuando conozcas aquel otro fuego.