Hechos de Tomás · Capítulo 12
- 1Y Vazan, hijo del rey Misdeo, fue a los soldados y dijo: Entregádmelo para que hable con él hasta que venga el rey. Y ellos se lo entregaron, y le condujo al aposento donde el rey juzgaba. Y dijo Vazan: ¿No sabes que soy hijo del rey Misdeo y tengo autoridad para decir a mi padre lo que me plazca, y él te dejará con vida? Dime, pues: ¿quién es tu Dios, y de qué poder te glorías y jactas? Porque si es algún poder o arte mágica, dímelo y enséñamelo, y yo te dejaré libre. Díjole Judas: Tú eres hijo del rey Misdeo, que es rey por un tiempo breve; mas yo soy siervo de Jesucristo, el Rey eterno. Tú tienes potestad para pedir a tu padre que salve a quien quieras en la vida temporal en la cual los hombres no permanecen, la cual tú y tu padre otorgáis; mas yo ruego a mi Señor e intercedo por los hombres, y Él les da una vida nueva y duradera. Tú te glorías de posesiones, siervos, ricas vestiduras, deleites y torpes uniones carnales; mas yo me glorío de la pobreza, de la filosofía, de la humildad, de la perseverancia, de la oración y de la comunión del Espíritu Santo y de mis hermanos dignos de Dios; y me glorío de la vida eterna. Tú confías en un hombre semejante a ti, incapaz de salvar su propia alma del juicio y de la muerte; mas yo confío en el Dios vivo, Salvador de reyes y príncipes, que es Juez de todos los hombres. Vosotros hoy sois, y mañana ya no existís; mas yo me he refugiado en Aquel que permanece para siempre y conoce todas nuestras sazones y tiempos. Y si quieres hacerte siervo de este Dios, presto podrás lograrlo; mas muestra que serás un siervo digno de Él: primero por la pureza, que es cabeza de todos los bienes, y luego por la comunión con este Dios a quien predico, por la filosofía, sencillez, amor, fe en Él y unidad del alimento puro.
- 2Y el joven fue persuadido por el Señor y buscaba ocasión para hacer escapar a Judas; mas mientras pensaba en ello, vino el rey, y los soldados tomaron a Judas y lo sacaron fuera. Y Vazan salió con él y se puso a su lado. Y cuando el rey se sentó en el tribunal, mandó traer a Judas con las manos atadas a la espalda; y fue puesto en medio de todos. Y dijo el rey: Dime quién eres y con qué poder haces estas obras. Respondióle Judas: Hombre soy semejante a ti, y por el poder de Jesucristo hago estas cosas. Y dijo Misdeo: Dime la verdad antes de que te destruya. Dijo Judas: Ningún poder tienes contra mí, como piensas, y ningún daño me harás. Y el rey se enfureció por sus palabras, y mandó calentar planchas de hierro al fuego y ponerle descalzo sobre ellas; y cuando los soldados le descalzaban, él dijo: La sabiduría de Dios aventaja a la de los hombres; oh Señor y Rey, resista tu benignidad su furor. Y trajeron las planchas ardiendo como brasas y pusieron al apóstol sobre ellas; y al punto brotó agua abundantemente de la tierra, de modo que las planchas quedaron sumergidas en ella, y los que le sujetaban le soltaron y se apartaron.
- 3Y el rey, viendo el caudal de las aguas, dijo a Judas: Pide a tu Dios que me libre de esta muerte, para que no perezca en el torrente. Y el apóstol oró diciendo: Tú que contuviste este elemento y lo reuniste en un solo lugar, extendiéndolo por diversas tierras; que redujiste el desorden en orden; que obras prodigios y grandes maravillas por mano de Judas tu siervo; que tienes misericordia de mi alma para que reciba siempre tu resplandor; que das salario a los que han trabajado; Salvador de mi alma, que la devuelves a su verdadera naturaleza para que no participe con las cosas nocivas; tú que siempre fuiste causa de vida: refrena este elemento para que no se levante a destruir, porque algunos de los presentes han de creer en ti y vivir. Y habiendo orado, el agua fue sumiéndose poco a poco, y el suelo quedó seco. Y viéndolo Misdeo, mandó llevarle de nuevo a la cárcel, diciendo: Hasta que determine qué deba hacerse con él.
- 4Y siendo conducido Judas a la prisión, todos le siguieron; y Vazan, el hijo del rey, iba a su derecha, y Sífor a su izquierda. Y entró en la cárcel y se sentó, con Vazan y Sífor; y persuadió a la mujer y a la hija de Sífor a sentarse también, pues habían venido a escuchar la palabra de vida, sabiendo que Misdeo le daría muerte por el exceso de su ira. Y comenzó Judas a decir: ¡Oh Libertador de mi alma de la servidumbre de los muchos, porque a mí mismo me entregué para ser vendido: he aquí me regocijo y gozo, sabiendo que los tiempos se han cumplido para entrar y recibir! He aquí, soy desatado de los afanes de la tierra; he aquí, alcanzo mi esperanza y recibo la verdad; he aquí, soy librado de la tristeza y me visto solo de alegría; he aquí, quedo libre de temores y fatigas, y habito en reposo; ¡he aquí, soy sacado de la esclavitud y llamado a la libertad! Serví a los tiempos y sazones, y ahora soy ensalzado por encima de todo tiempo; recibo mi salario de Aquel que retribuye sin tasa, pues sus riquezas bastan para la dádiva; y no lo quitaré otra vez; he aquí que duermo y despierto, y jamás tornaré a dormirme; muero y revivo, y ya no saborearé la muerte. Se alegran y me aguardan para que vaya y esté con sus parientes y sea puesto como flor en su corona; he aquí, reino desde ahora en el reino donde puse mi esperanza; los rebeldes caen ante mí, pues de ellos he escapado; ¡ha venido sobre mí la paz a la cual todos son congregados!
- 5Y mientras el apóstol hablaba así, todos los presentes escuchaban, suponiendo que en aquella hora partiría de esta vida. Y volvió a decir: Creed en el médico de todas las cosas, visibles e invisibles, y en el salvador de las almas que necesitan su ayuda. Este es el hijo libre de los reyes, el médico de sus criaturas; este es el que fue reprendido por sus propios esclavos; este es el Padre de las alturas, el Señor de la naturaleza y el Juez: vino del más grande, el hijo unigénito del abismo; y fue llamado hijo de María, la virgen, y denominado hijo de José, el carpintero. Su pequeñez vimos con los ojos del cuerpo, mas su grandeza recibimos por la fe y la vimos en sus obras; su cuerpo humano también palpamos con las manos, y vimos su aspecto transfigurado con los ojos, mas su semblante celestial en el monte no pudimos verlo. Él hizo tropezar a los gobernantes e hizo violencia a la muerte; él, la verdad que no miente, que al fin pagó el tributo por sí y por sus discípulos. Al verlo, el príncipe temió, y las potestades que estaban con él se turbaron; y el príncipe atestiguó quién era y de dónde venía, mas no conocía la verdad, porque es ajeno a la verdad. Él, que tiene autoridad sobre el mundo, y los placeres, las posesiones y el consuelo que hay en él, todas estas cosas, aparta de ellas a sus súbditos para que no las usen.
- 6Y habiendo concluido estas razones, se levantó y oró de esta suerte: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del malignoignoigno. Señor mío y Dios mío, esperanza mía, confianza y maestro mío, que me enseñaste a orar de este modo: he aquí elevo esta plegaria y cumplo tu mandamiento; quédate conmigo hasta el fin. Tú eres quien desde mi niñez sembraste la vida en mí y me preservaste de la corrupción; tú me trajiste a la pobreza de este mundo y me exhortaste a las verdaderas riquezas; tú me revelaste a mí mismo y me mostraste que te pertenezco; y me guardé limpio de mujer, a fin de que aquello que requieres no sea hallado en profanación.
- 7No basta mi boca para alabarte, ni puedo comprender el cuidado y la providencia con que me has guardado. Pues deseé allegar riquezas, mas tú por una visión me mostraste que acarrean ruina y daño a quienes las poseen; y creí en tu revelación, perseverando en la pobreza del siglo hasta que tú, verdadera Riqueza, te manifestaste a mí, colmándome a mí y a los dignos de ti con tus propios bienes, y librando a los tuyos de cuidado y ansiedad. He cumplido, pues, tus mandamientos, Señor, y ejecutado tu voluntad; me hice pobre, necesitado, forastero, esclavo, menospreciado, encarcelado, hambriento, sediento, desnudo y descalzo, y trabajé por tu nombre para que mi confianza no feneciese, ni quedase confundida la esperanza que en ti puse, ni resultasen vanos mis muchos afanes, ni se tuviera por nada mi cansancio. No perezcan mis oraciones continuas ni mis ayunos, ni mi ardiente celo por tu honra; no se mude mi trigo en cizaña en tu campo, ni el enemigo lo arrebate y mezcle con él su propia cizaña, pues tu tierra santa no consiente la cizaña ni la recoge en tus graneros.
- 8Planté tu viña en la tierra; echó raíces en lo profundo, sus ramas se extendieron a lo alto y sus frutos se esparcieron por la tierra, alegrando a los dignos de ti, a quienes también ganaste. El dinero que tienes de mí lo deposité en la mesa; cuando lo exijas, devuélvemelo con intereses, conforme prometiste. Con tu única mina negocié e hice diez; me añadiste más de lo que tenía, según pactaste. Perdoné a mi deudor la mina; no la exijas de mis manos. Fui invitado a la cena y acudí; rechacé el campo, la yunta de bueyes y la esposa, para no ser rechazado por causa de ellos. Fui invitado a las bodas y vestí ropa blanca, para ser digno y no ser atado de pies y manos y arrojado a las tinieblas de afuera. Mi lámpara, con su luz brillante, espera al señor que regresa de las bodas, para recibirlo; que no la vea apagada porque se acabó el aceite. Mis ojos, oh Cristo, te miran, y mi corazón se alegra porque cumplí tu voluntad y perfeccioné tus mandamientos; así seré semejante al siervo vigilante y atento que no deja de velar. Toda la noche trabajé para guardar mi casa de los ladrones, para que no la horadaran.
- 9Ceñí bien mis lomos con la verdad y até los zapatos a mis pies para no verlos jamás sueltos. Puse las manos en el arado uncido y no miré atrás, para que mis surcos no salieran torcidos. El campo se volvió blanco y llegó la cosecha, para que reciba mi salario. Gasté la vestidura que envejece y cumplí el trabajo que me trajo descanso. Guardé la primera, la segunda y la tercera vela para contemplar tu rostro y adorar tu santo resplandor. Arranqué lo peor y lo dejé desolado sobre la tierra, para llenarme de tus tesoros. Sequé la fuente húmeda que había en mí para vivir y reposar junto a tu fuente inagotable. Maté al cautivo que me confiaste, para que el liberado en mí no pierda la confianza. Hice exterior lo que estaba dentro, y lo exterior [interior], y toda tu plenitud se cumplió en mí. No volví a las cosas de atrás, sino que avancé hacia las de delante, para no convertirme en motivo de reproche. Di vida al hombre muerto, vencí al viviente y completé lo que faltaba, para recibir la corona de la victoria y para que en mí se cumpla el poder de Cristo. Recibí oprobio en la tierra; dame, empero, la retribución y recompensa en los cielos.
- 10No me perciban los poderes ni los oficiales, ni tengan pensamiento alguno acerca de mí. No ejerzan sobre mí su oficio los cobradores y recaudadores; no clamen contra mí los débiles y los malos, a mí que soy valiente y humilde. Cuando sea llevado a lo alto, no se levanten ante mí, gracias a tu poder, oh Jesús, que me rodea como una corona. Ellos huyen y se esconden, pues no pueden mirarte; mas caen de repente sobre los que les están sujetos, y la porción de los hijos del maligno clama por sí misma y los acusa. Esto no les queda oculto, ni se da a conocer su naturaleza; los hijos del maligno son separados. Concédeme, pues, Señor, que pase en sosiego, gozo y paz, que atraviese y comparezca ante el juez. Que el diablo no me mire; ciega sus ojos con tu luz que hiciste morar en mí y ciérrale la boca, pues nada halló contra mí.
- 11Y dijo de nuevo a los que estaban a su alrededor: Creed en el Salvador de los que han trabajado en su servicio; pues mi alma ya florece, porque está cerca el tiempo de recibirlo. Pues él, siendo hermoso, siempre me atrae a hablar de su hermosura, de cómo es, aunque no soy capaz ni suficiente para hablar de ella dignamente. Tú, que eres la luz de mi pobreza, quien suple mis faltas y nutre mi necesidad, sé conmigo hasta que yo venga y te reciba para siempre.