Hechos de Tomás · Capítulo 11
- 1Mas el rey Misdeo, habiendo dejado libre a Judas, cenó y se fue a su casa, y contó a su esposa lo que había acontecido a Carisio, pariente de ellos, diciendo: Mira lo que le ha sucedido a ese desventurado hombre; y tú misma sabes, hermana mía Tercia, que el varón nada tiene mejor que su propia mujer en quien halla reposo; mas aconteció que su esposa fue a aquel hechicero de quien has oído que vino a la tierra de los indios, y cayó presa de sus encantos y se apartó de su propio marido; y él no sabe qué hacer. Y cuando quise destruir al malhechor, él no lo consintió. Mas ve tú y aconséjala que se vuelva a su marido, y abandone las vanas palabras del mago.
- 2Y en cuanto se levantó, Tercia fue a la casa de Carisio, pariente de su marido, y halló a Migdonia tendida en tierra en gran abatimiento, esparcidas cenizas y cilicio debajo de ella, orando para que el Señor le perdonase sus culpas pasadas y pudiese presto partir de esta vida. Y díjole Tercia: Migdonia, querida hermana y compañera mía, ¿qué locura es esta? ¿Qué dolencia se ha apoderado de ti? ¿Por qué haces obras de gente insensata? Vuelve en ti misma y retorna a tu propio camino; acércate a tus muchos deudos, compadécete de tu verdadero marido Carisio, y no hagas cosas indignas de una mujer libre. Respondióle Migdonia: Oh Tercia, aún no has oído al pregonero de la vida; su voz no ha tocado tus oídos, todavía no has probado la medicina de vida ni has sido librada del luto corruptible. Estás atada a la vida del tiempo presente, y la vida eterna y la salvación no las conoces, ni comprendes la comunión incorruptible. Te mantienes vestida con trajes que envejecen y no deseas las vestiduras eternas; te enorgulleces de esta hermosura pasajera y ningún pensamiento dedicas a la fealdad de tu alma; eres rica en multitud de siervos, y te glorías en la honra que viene de muchos, mas no te redimes de la condenación de la muerte.
- 3Y al oír Tercia esto de boca de Migdonia, dijo: Te ruego, hermana, llévame a presencia de ese forastero que enseña tan grandes cosas, para que yo también vaya y le oiga, y aprenda a adorar al Dios que él proclama, y participe de sus oraciones y goce de todo cuanto me has referido. Y Migdonia le dijo: Está en la casa del capitán Sífor; pues él ha venido a ser causa de vida para todos los que se salvan en la India. Y oyendo esto, Tercia fue presurosa a la casa de Sífor para ver al nuevo apóstolo que allí residía. Y cuando entró, Judas le dijo: ¿Qué has venido a ver? ¿A un hombre forastero, pobre, despreciable y menesteroso, que no posee riquezas ni bienes de este mundo? Con todo, una sola cosa poseo que ni reyes ni gobernantes pueden arrebatar, la cual jamás perece ni se acaba: Jesús, el Salvador de toda la humanidad, el Hijo del Dios viviente, que ha dado vida a todos los que en Él creen, se acogen a Él y son reconocidos como pertenecientes al número de sus siervos. A lo cual respondió Tercia: ¡Ojalá sea yo hecha partícipe de esta vida que prometes a cuantos se congregan en la asamblea de Dios! Y el apóstol dijo: El tesoro del Rey santo está abierto de par en par, y los que dignamente participan de los bienes allí guardados hallan reposo, y reposando reinan; mas nadie que sea inmundo y vil puede acercarse a Él, pues Él conoce nuestros corazones más íntimos y lo profundo de nuestros pensamientos, y a nadie le es posible escapar de su presencia. Tú, pues, si verdaderamente crees en Él, serás hecha digna de sus sagrados misterios; y Él te engrandecerá y enriquecerá, y te constituirá heredera de su reino.
- 4Y habiendo oído esto, Tercia volvió a su casa llena de regocijo, y halló a su marido esperándola sin haber cenado; y cuando Misdeo la vio, dijo: ¿Por qué causa tu entrada hoy es mucho más hermosa? ¿Y por qué vienes a pie, lo cual no es decoroso para damas nobles como tú? Respondióle Tercia: Las mayores gracias te debo por haberme enviado a Migdonia, porque fui y oí de una nueva vida, y vi al nuevo apóstol del Dios que da vida a los que en Él creen y guardan sus mandamientos. Es deudor mi corazón de compensarte con un consejo saludable: serás un gran rey en los cielos si me obedeces, temes al Dios predicado por el forastero y te conservas santo para el Dios vivo. Pues este reino terreno fenece, y tu deleite se mudará en tribulación; ve, pues, a ese varón, cree en sus palabras y vivirás hasta el fin. Mas al oír Misdeo semejantes palabras de su mujer, se golpeó el rostro con las manos, rasgó sus vestidos y exclamó: ¡No halle reposo la alma de Carisio, pues me ha traspasado el corazón; y no tenga esperanza alguna, pues me ha despojado de toda esperanza! Y salió fuera sumamente turbado.
- 5Y halló en la plaza pública a Carisio, su amigo, y le increpó diciendo: ¿Por qué me echaste al infierno para hacerme compañero de tu desventura? ¿Por qué me despojaste y defraudaste sin lograr ganancia alguna? ¿Por qué me heriste sin alcanzar tú provecho alguno? ¿Por qué me mataste, no habiendo tú alcanzado la vida? ¿Por qué me ultrajaste, quedándote tú sin justicia? ¿Por qué no me dejaste exterminar a ese hechicero antes de que corrompiese mi casa con su perversidad? Y sujetaba fuertemente a Carisio. Preguntóle Carisio: Mas ¿qué te ha acontecido? Dijo Misdeo: ¡Ha embrujado a Tercia! Y se encaminaron entrambos a la morada del capitán Sífor, y hallaron a Judas sentado, enseñando a las gentes. Y todos los que allí estaban se levantaron ante el rey, mas él no se levantó. Conoció entonces Misdeo que aquel era el hombre, y asiéndose de la silla, la volcó, y tomando el asiento con ambas manos, golpeó la cabeza de Tomás hasta herirle; y entregándolo a los soldados, ordenó: Lleváoslo de aquí, y arrastradle con violencia y sin piedad, para que su afrenta sea notoria a todos los hombres. Y le arrastraron con rigor y le condujeron al tribunal de Misdeo; y allí permaneció en pie, custodiado por los soldados del rey.