LUX VERITAS

Escrituras y Manuscritos

← Hechos de Tomás

Hechos de Tomás · Capítulo 10

  1. 1Y mientras Migdonia meditaba así consigo misma, vino Judas y se puso junto a ella; y ella, al verle, temió, y cayó en tierra, quedando desvanecida de terror. Mas él se acercó a ella, y tomándola de la mano, le dijo: No temas, Migdonia: Jesús no te dejará, ni el Señor, a quien has encomendado tu alma, te menospreciará. Su reposo compasivo no te desamparará; el que es benigno no te abandonará por causa de su benignidad, ni el que es bueno por causa de su bondad. Levántate, pues, de la tierra, tú que te has hecho enteramente superior a ella; contempla la luz, pues el Señor no deja andar en tinieblas a los que le aman; mira a aquel que camina con sus siervos, siendo para ellos defensor en los peligros. Entonces Migdonia se levantó, le miró y dijo: ¿A dónde fuiste, mi señor? ¿Y quién es el que te sacó de la cárcel para contemplar el sol? Díjole Judas Tomás: Mi Señor Jesús es más poderoso que todas las potestades, y que todos los reyes y gobernantes.
  2. 2Y dijo Migdonia: Dame el sello de Jesucristo, para que reciba el don de tus manos antes que partas de esta vida. Y ella le tomó consigo, entró en el patio y despertó a su nodriza, diciéndole: Narcia, madre y nodriza mía, todo el servicio y refrigerio que me hiciste desde mi niñez hasta mi edad presente son vanos, y por ellos te debo gracias que son temporales; hazme ahora también un favor, a fin de que para siempre recibas recompensa de aquel que otorga grandes dones. Y Narcia, respondiendo, dijo: ¿Qué quieres, hija mía Migdonia, y qué ha de hacerse para tu agrado? Pues las honras que antes me prometiste, el forastero no permitió que las cumplieses, y me has hecho objeto de oprobio ante toda la nación. ¿Y qué cosa nueva es esta que ahora me mandas? Y dijo Migdonia: Hazte partícipe conmigo de la vida eterna, para que reciba de ti una perfecta crianza: toma pan y tráemelo, y vino mezclado con agua, y compadécete de mi libertad. Y dijo la nodriza: Te traeré muchos panes, y en lugar de agua cántaros de vino, y cumpliré tu deseo. Mas ella dijo a la nodriza: Cántaros no deseo, ni muchos panes; sino esto solo: trae vino mezclado con agua, un solo pan y aceite.
  3. 3Y habiendo traído Narcia estas cosas, Migdonia se puso delante del apóstol con la cabeza descubierta; y él tomó el aceite y lo derramó sobre la cabeza de ella, diciendo: Oh aceite santo, dado a nosotros para santificación, misterio secreto por el cual la cruz nos fue revelada; tú eres el enderezador de los miembros torcidos, tú ablandas las obras duras, tú eres el que muestra los tesoros ocultos, tú eres el renuevo de la bondad; venga tu poder, sea establecido sobre tu sierva Migdonia, y sánala por esta libertad. Y cuando el aceite fue derramado sobre ella, él mandó a la nodriza que la desnudase y la ciñese con un lienzo de lino; y había allí una fuente de agua a la cual subió el apóstol, y bautizó a Migdonia en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Y habiendo sido bautizada y vestida, él partió el pan, tomó una copa de agua y la hizo partícipe del cuerpo de Cristo y de la copa del Hijo de Dios, y dijo: Has recibido tu sello; adquiere para ti la vida eterna. E inmediatamente se oyó desde lo alto una voz que decía: Sí, amén. Y oyendo Narcia aquella voz, se maravilló, y rogó al apóstol que ella también recibiese el sello; y el apóstol se lo otorgó, diciendo: Sea el cuidado del Señor sobre ti como sobre los demás.
  4. 4Y habiendo hecho estas cosas, el apóstol regresó a la cárcel, y halló las puertas abiertas y a los guardas aún durmiendo. Y dijo Tomás: ¿Quién como tú, oh Dios, que a nadie niegas tu entrañable afecto y tu cuidado? ¿Quién como tú, el misericordioso, que libraste a tus criaturas del mal? ¡Vida que sojuzgaste la muerte, reposo que pusiste fin a la fatiga! Gloria sea al Unigénito del Padre; gloria al compasivo que brotó de su corazón. Y habiendo dicho esto, los guardas despertaron y vieron todas las puertas abiertas y a los presos, y dijeron entre sí: ¿Acaso no cerramos bien las puertas? ¿Y cómo están ahora abiertas, y los presos dentro?
  5. 5Pero al romper el alba, Carisio fue a casa de Migdonia, y las halló orando y diciendo: Oh Dios nuevo, que por medio del forastero has venido a nosotras; Dios oculto de los moradores de la India; Dios que mostraste tu gloria por medio de tu apóstol Tomás; Dios cuya fama oímos y en ti creímos; Dios a quien hemos venido para ser salvas; Dios que, por amor a los hombres y por misericordia, descendiste a nuestra pequeñez; Dios que nos buscaste cuando no te conocíamos; Dios que habitas en las alturas y a quien los abismos no se esconden: aparta de nosotras la locura de Carisio. Y oyendo Carisio esto, dijo a Migdonia: Con razón me llamas malo, insensato y abominable, pues si no hubiera tolerado tu desobediencia ni te hubiera otorgado libertad, no habrías invocado a Dios contra mí ni habrías mencionado mi nombre ante Él. Mas créeme, Migdonia, que en ese hechicero ningún provecho hay, y lo que promete realizar no lo puede cumplir; pero yo cumpliré ante tus propios ojos cuanto te ofrezco, para que creas y atiendas mis palabras, y seas para mí como eras en otro tiempo.
  6. 6Y se acercó y le rogó de nuevo, diciendo: Si te dejas persuadir por mí, de aquí en adelante no tendré pesadumbre alguna; acuérdate de aquel día en que por primera vez te encontraste conmigo; di la verdad: ¿era yo más hermoso para ti en aquel tiempo, o Jesús en este día? Y respondió Migdonia: Aquel tiempo requería lo suyo, y este tiempo también lo suyo; aquél fue el tiempo del comienzo, mas este es el del fin; aquél fue el tiempo de la vida temporal, mas este el de la eterna; aquél, del deleite pasajero, mas este del gozo que permanece para siempre; aquél, del día y de la noche, mas este de un día perpetuo sin noche. Tú viste aquel matrimonio que pasaba, aquí y único, mas este matrimonio perdura eternamente; aquélla fue una unión de corrupción, mas esta de vida eterna; aquellos padrinos y damas eran hombres y mujeres del tiempo, mas estos perseveran hasta el fin. Aquel matrimonio sobre la tierra hace surgir el rocío que gotea del amor de los hombres; aquella cámara nupcial se deshace, mas esta permanece para siempre; aquel lecho estaba tendido con mantas que envejecen, mas este con amor y fe. Tú eres un esposo que pasa y se deshace, mas Jesús es el verdadero Esposo, inmortal y eterno; aquel dote fue de dinero y vestidos corruptibles, mas este de palabras vivas que jamás perecerán.
  7. 7Y cuando Carisio oyó estas cosas, fue ante el rey y le refirió todo; y el rey mandó traer a Judas para juzgarle y darle muerte. Mas Carisio dijo: Ten paciencia un poco, oh rey, y persuade primero al hombre atemorizándole, para que convenza a Migdonia de ser para mí como antes. Y Misdeo envió a buscar al apóstol de Cristo; y todos los prisioneros se entristecieron al ver que el apóstol se apartaba de ellos, pues le amaban entrañablemente, diciendo: Hasta el consuelo que teníamos nos ha sido arrebatado.
  8. 8Y dijo Misdeo a Judas: ¿Por qué enseñas esta nueva doctrina, la cual tanto los dioses como los hombres aborrecen, y que nada tiene de provecho? Respondió Judas: ¿Qué mal enseño yo? Y Misdeo dijo: Enseñas diciendo que los hombres (no pueden vivir bien a menos que vivan castamente) con el Dios que predicas. Dijo Judas: Dices la verdad, oh rey, pues así enseño. Dime, ¿no te enojas con tus soldados si se presentan ante ti con vestidos inmundos? Si tú, pues, siendo un rey terrenal que a la tierra ha de volver, pides que tus siervos procedan con reverencia, ¿por qué os indignáis y decís que enseño mal cuando declaro que los que sirven a mi Rey deben ser reverentes, limpios y libres de toda aflicción, del afán de los hijos, de riquezas vanas y de afanes inútiles? Porque tú quieres que tus súbditos sigan tus costumbres y tu manera de vivir, y castigas a quienes desprecian tus mandamientos; ¿cuánto más no deben los que en Él creen servir a mi Dios con gran reverencia, limpieza y seguridad, apartados de todos los deleites del cuerpo, del adulterio, de la prodigalidad, del robo, de la embriaguez, de la gula y de las obras viles?
  9. 9Oyendo Misdeo estas razones, dijo: He aquí, te dejo libre; ve, pues, y persuade a Migdonia, mujer de Carisio, de no apartarse de su marido. Díjole Judas: No te detengas si algo tienes que hacer; pues en cuanto a ella, si de verdad recibió lo que aprendió, ni el hierro, ni el fuego, ni fuerza alguna mayor prevalecerá para dañar o desarraigar de su alma a Aquel a quien retiene. Dijo Misdeo a Judas: Ciertos venenos neutralizan otros venenos, y el antídoto sana la mordedura de la víbora; y tú, si quieres, puedes dar remedio a estos males, poniendo paz y concordia entre este matrimonio; pues haciendo así conservarás tu vida, ya que aún no estás saciado de vivir; y sabe que si no la persuades, te arrebataré de esta vida tan deseada por todos los hombres. Respondió Judas: Esta vida terrena nos ha sido dada como un préstamo, y este tiempo es mudable, mas la vida que yo enseño es incorruptible; y la belleza y la juventud que ahora se ven, presto dejarán de ser. Díjole el rey: Yo te he aconsejado lo mejor, mas tú sabes lo que te conviene.
  10. 10Y saliendo el apóstol de la presencia del rey, Carisio vino a él, rogándole y diciendo: Te suplico, oh hombre: jamás he pecado contra ti ni contra nadie, ni tampoco contra los dioses; ¿por qué has provocado tan gran calamidad contra mí? ¿Y por qué causa has traído tanta turbación a mi casa? ¿Qué provecho sacas de ello? Si pretendes alguna ganancia, dime cuál sea, y yo te la concederé sin fatiga. ¿Por qué me conduces a la desesperación y a ti mismo te condenas a la ruina? Pues si no la convences, no solo te mataré a ti, sino que al final acabaré con mi propia vida. Y si, como afirmas, después de nuestra partida de este mundo hay allí vida y muerte, y condenación y victoria, y un tribunal de juicio, entonces yo también entraré allí para ser juzgado contigo; y si ese Dios a quien predicas es justo y juzga con equidad, sé que ganaré mi causa contra ti, pues me has agraviado sin haber recibido injuria alguna de mi parte; porque aun aquí tengo potestad para vengarme y hacer caer sobre ti todo cuanto me has hecho. Convéncete, pues, ven conmigo a mi casa y persuade a Migdonia de que esté conmigo como al principio, antes de que te contemplara. Y díjole Judas: Créeme, hijo mío: si los hombres amasen a Dios tanto como se aman los unos a los otros, pedirían a Él todas las cosas y las recibirían, y nadie les haría violencia.
  11. 11Y diciendo Tomás esto, llegaron a la casa de Carisio y hallaron a Migdonia sentada, con la mano apoyada en la mejilla, y a Narcia de pie junto a ella; y Migdonia decía: Sean cortados de mí, oh madre, los días que me restan de vida, y vuélvanse todas las horas como una sola hora, y parta yo de este mundo para contemplar más pronto a aquel Hermoso cuya fama he oído, al Viviente y Dador de vida a los que en Él creen, donde no hay día ni noche, ni luz ni tinieblas, ni bien ni mal, ni pobre ni rico, ni varón ni mujer, ni siervo ni libre, ni soberbio que humille al desvalido. Y mientras ella así hablaba, el apóstol se puso a su lado; y al instante ella se levantó y le hizo reverencia. Entonces Carisio le dijo: ¿Ves cómo te teme y te reverencia, y cómo hará de buena gana todo cuanto le ordenes?
  12. 12Y diciendo él esto, dijo Judas a Migdonia: Hija mía Migdonia, obedece a lo que te dice tu hermano Carisio. Mas Migdonia respondió: Si no pudiste sostener la causa con tus palabras, ¿me obligarás ahora a consentir en la acción? Pues de ti mismo oí que esta vida de nada aprovecha, que este sosiego es temporal y que estas posesiones son perecederas. Y también dijiste que quien renuncia a esta vida recibirá la vida eterna, y que quien aborrece la luz del día y de la noche contemplará una luz inextinguible, y que quien desprecia este dinero hallará otro dinero eterno. ¿Y ahora cambias de consejo por temor? ¿Quién es aquel que, habiendo hecho una obra alabada, la deshace luego? ¿Quién cava un manantial de agua en tierra sedienta y al punto lo ciega? ¿Quién halla un tesoro y no lo disfruta? Y oyendo esto Carisio, dijo: No os imitaré, ni me apresuraré a destruiros; tampoco, aunque pueda hacerlo, te echaré en cadenas; y no permitiré que hables con este hechicero; y si me obedeces, bien; si no, sé lo que debo hacer.
  13. 13Y salió Judas de la casa de Carisio y se dirigió a la morada de Sífor, hospedándose allí con él. Y dijo Sífor: Prepararé para Judas una sala donde pueda enseñar. Y así lo hizo; y añadió Sífor: Yo, mi mujer y mi hija viviremos en adelante en santidad, en pureza y en un solo afecto. Te ruego que recibamos de ti el sello, y seamos adoradores del Dios verdadero, contados entre sus ovejas y corderos. Y dijo Judas: Temo decir lo que siento en mi corazón; sin embargo, sé algo, y lo que sé no me es posible expresarlo.
  14. 14Y comenzó a hablar acerca del bautismo, diciendo: Este bautismo es para remisión de los pecados; él hace renacer la luz que nos envuelve; hace renacer al hombre nuevo; une el espíritu al cuerpo, levanta en forma triple a un hombre renovado, participante del perdón de las culpas. ¡Gloria a ti, oh Oculto, que te comunicas en el bautismo! ¡Gloria a ti, poder invisible presente en el bautismo! ¡Gloria a ti, renovación, por la cual son renovados los bautizados que con entrañable afecto se acogen a ti! Y habiendo dicho esto, derramó aceite sobre las cabezas de ellos, diciendo: ¡Gloria a ti, amor de compasión! ¡Gloria a ti, nombre de Cristo! ¡Gloria a ti, poder afirmado en Cristo! Y mandó traer una vasija, y los bautizó en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
  15. 15Y habiendo sido bautizados y vestidos, puso pan sobre la mesa, lo bendijo y dijo: Pan de vida, del cual los que comen permanecen incorruptibles; Pan que colmas con tu bendición a las almas hambrientas; tú eres quien te dignaste recibir una ofrenda para ser para nosotros remisión de pecados, a fin de que los que de ti coman alcancen la inmortalidad: invocamos sobre ti el nombre de la madre, del misterio inefable de los poderes y autoridades ocultos; invocamos sobre ti el nombre de [tu?] Jesús. Y añadió: Vengan las virtudes de bendición y establézcanse en este pan, para que todas las almas que participen de él sean purificadas de sus pecados. Y partió el pan y lo repartió a Sífor, a su mujer y a su hija.