3 Adán y Eva · Capítulo 20
- 1Descendió el ángel en figura de varón, apareciéndose a Melquisedec y a Sem y confirmando sus ánimos.
- 2Acomodó el cuerpo de nuestro padre Adán en su sepulcro y dijo a Melquisedec: Toma de Sem el pan y el vino.
- 3Y él los tomó, conforme al mandato del ángel.
- 4Pero Melquisedec y Sem permanecieron orando junto al cuerpo de nuestro padre Adán hasta el anochecer, cuando una gran luz descendió sobre el cuerpo y los ángeles subían y bajaban en aquel lugar sobre el cuerpo de nuestro padre Adán.
- 5Alababan regocijados diciendo: ¡Gloria a Ti, oh Dios Hacedor del universo, que ensalzaste a los mortales nacidos del polvo por encima de los espíritus celestes!
- 6Y los ángeles velaron ensalzando a Dios sobre el cuerpo de Adán toda la noche hasta el amanecer.
- 7Al levantarse el sol, vino la Palabra divina a Melquisedec diciendo: Levántate, toma doce piedras, edifica un altar y ofrece sobre él del pan y del vino de Sem, ministrando juntos.
- 8Oyendo esto Melquisedec, postróse adorando y apresuróse a cumplir lo mandado.
- 9Y al tiempo de presentar la oblación implorando la santificación, descendió el Espíritu Santo sobre el sacrificio y la cumbre se inundó de luz.
- 10Exclamaron los ángeles: Este holocausto ha sido grato a los ojos de Dios.
- 11¡Alabanza a Quien formó a los hombres y les reveló Sus sublimes secretos!
- 12Entonces la Palabra de Dios se apareció a Melquisedec y le dijo: ‘He aquí que te he hecho sacerdote; tú y Sem ofreceréis esta ofrenda que primero hiciste; y así como asentaste estas doce sólidas piedras de fundamento, levantaré doce apóstoles como columnas del mundo, y serán firmes.’
- 13Y a semejanza de este altar erigiré Mi santuario en la tierra; y cual ofreciste pan y vino, consagraré la ofrenda de Mi Cuerpo y Mi Sangre para expiación de los pecados.
- 14‘Y haré de este lugar donde estás y donde yace el cuerpo de Adán un lugar santo; en él serán bendecidas todas las criaturas de la tierra, y en él concederé perdón a cuantos vengan aquí.’
- 15Bendijo la Palabra a Melquisedec, nombrólo sacerdote perpetuo y subió a las alturas en gloria inefable rodeada de huestes celestiales.