4 Macabeos · Capítulo 15
- 1¡Oh Razón de los hijos, señora sobre las pasiones! ¡Oh piedad, que fuiste más cara a la madre que sus propios hijos!
- 2La madre, teniendo ante sí dos elecciones, la religión y la preservación temporal de la vida de sus siete hijos según la promesa del tirano, amó con mayor fervor la religión, la cual salva para la vida eterna según Dios.
- 3¡Oh, cómo podré expresar el ardiente amor de los padres hacia los hijos! Imprimimos una admirable semejanza de nuestra alma y de nuestra forma en la tierna naturaleza del infante, mayormente mediante la compasión de la madre por sus hijos, que es más honda que la del padre.
- 4Porque las mujeres son más blandas de alma que los hombres, y cuantos más hijos dan a luz, tanto más abundan en amor hacia ellos.
- 5Mas, de todas las madres, la de los siete hijos sobrepujó a las demás en afecto, visto que, habiendo sentido en siete partos la ternura maternal por el fruto de su vientre, y habiendo sido constreñida por los muchos dolores con que dio a luz a cada uno a un entrañable apego, sin embargo, por el temor de Dios, rechazó la seguridad temporal de sus hijos.
- 6Y aún más: por la virtud, excelencia moral y bondad de sus hijos, y por su obediencia a la Ley, su amor materno hacia ellos se hizo todavía más vigoroso.
- 7Porque eran justos, templados, valerosos y de alma noble, y de tal manera se amaban unos a otros y a su madre que le obedecieron en la observancia de la Ley hasta la muerte.
- 8No obstante, aunque tuvo tantas tentaciones de ceder a sus impulsos maternales, en ningún caso la horrenda variedad de los tormentos tuvo poder para alterar su Razón; antes bien, la madre exhortó a cada hijo por separado, y a todos juntos, a morir por su religión.
- 9¡Oh santa naturaleza, y amor paternal, y entrañable anhelo de los padres por los hijos, y afanes de la crianza, e invencible afecto de las madres!
- 10La madre, viéndolos uno a uno torturados en el suplicio y abrasados en el fuego, permaneció inconmovible en su alma por causa de la religión.
- 11Vio la carne de sus hijos ser consumida en las llamas, y las extremidades de sus manos y de sus pies esparcidas por el suelo, y la piel arrancada de sus cabezas hasta las mejillas, tendida en derredor a manera de máscaras.
- 12¡Oh madre, que ahora conociste dolores más agudos que los dolores del parto! ¡Oh mujer, única entre las mujeres, de cuyo vientre el fruto producido fue la perfecta religión!
- 13Tu primogénito, al entregar el espíritu, no mudó tu determinación, ni tu segundo hijo, mirándote con ojos compasivos en medio de sus tormentos, ni tu tercero, exhalando su postrer aliento.
- 14Ni lloraste cuando contemplaste los ojos de cada uno de ellos, en medio de los suplicios, mirando con denuedo la misma aflicción, y viste en sus temblorosas narices los indicios de la muerte que se acercaba.
- 15Cuando viste la carne de un hijo ser despedazada tras la carne del otro, y mano tras mano ser cortada, y cabeza tras cabeza ser desollada, y cadáver sobre cadáver ser arrojado, y el recinto lleno de espectadores por causa de los tormentos de tus hijos, no derramaste una sola lágrima.
- 16Ni las melodías de las sirenas ni los cantos de los cisnes con dulce armonía cautivan tanto los oídos del oyente, como resonaron las voces de los hijos, hablando a la madre desde en medio de los tormentos.
- 17¡Cuán muchos y cuán atroces fueron los tormentos con que la madre fue atormentada, mientras sus hijos padecían bajo los suplicios del potro y del fuego!
- 18Mas la Razón inspirada infundió a su corazón fuerza varonil bajo su pasión de sufrimiento, y la levantó a tener en nada las aflicciones presentes del amor materno.
- 19Y, aunque contempló la destrucción de sus siete hijos y las muchas y diversas formas de sus tormentos, la noble madre de buena gana los entregó por la fe en Dios.
- 20Pues discernía en su propia mente, como si fuesen peritos abogados en un tribunal, la naturaleza, la maternidad, el amor materno y a sus hijos en el suplicio; y fue como si ella, la madre, teniendo el poder de dar dos votos en el juicio de sus hijos, uno para la muerte de ellos y otro para salvarles la vida terrena, no atendió a la salvación temporal de sus siete hijos por breve tiempo, sino que, como verdadera hija de Abraham, trajo a la memoria su denuedo temeroso de Dios.
- 21¡Oh madre de la nación, vindicadora de nuestra Ley, defensora de nuestra religión y vencedora del premio en la lucha dentro de ti misma!
- 22¡Oh mujer, más noble para resistir que los hombres, y más valiente que los guerreros para soportar!
- 23Porque, así como el arca de Noé, llevando sobre sí todo el mundo viviente en el diluvio que anegó la tierra, resistió a las impetuosas olas, así tú, guardiana de la Ley, azotada por todos lados por las olas crecientes de las pasiones, y probada como por recios vendavales por los tormentos de tus hijos, superaste noblemente las tempestades que te acometieron por causa de la religión.