4 Macabeos · Capítulo 14
- 1No ignoráis el amor fraternal, del cual la divina y sapientísima Providencia dio herencia a los que son engendrados por sus padres, implantándolo en ellos desde el vientre materno; en el cual los hermanos habitan por igual período, y toman forma durante el mismo tiempo, y son nutridos de la misma sangre, y son vivificados con la misma alma, y son dados a luz tras el mismo espacio de tiempo, y beben la leche de las mismas fuentes, por las cuales sus almas fraternales son criadas juntas en brazos maternos; y se unen aún más estrechamente mediante la común crianza, la diaria convivencia y la mutua instrucción, y por nuestra disciplina bajo la Ley de Dios.
- 2Siendo, pues, tan fuerte por naturaleza el afecto fraternal, los siete hermanos tenían su mutua concordia aún más robustecida. Porque, ejercitados en la misma Ley, disciplinados en las mismas virtudes y criados juntos en una vida recta, se amaban unos a otros más abundantemente. Su celo común por la excelencia moral y la bondad aumentaba su mutua concordia, pues, en unión con su piedad, hacía su amor fraternal más fervoroso.
- 3Con todo, aunque la naturaleza, la convivencia y su virtuosa disposición aumentaban el ardor de su amor fraternal, los hijos sobrevivientes soportaron, mediante su religión, la vista de sus hermanos que estaban en el suplicio, siendo atormentados hasta la muerte; y aún más, llegaron a animarlos a afrontar la agonía, de suerte que no sólo despreciaron sus propios tormentos, sino que también vencieron la pasión del afecto fraternal por sus hermanos.
- 4¡Oh mentes guiadas por la Razón, más regias que los propios reyes, más libres que los hombres libres, de la armonía de los siete hermanos, santa y perfectamente afinada en el tono de la piedad!
- 5Ninguno de los siete jóvenes se acobardó, ninguno retrocedió ante la muerte, sino que todos se apresuraron a la muerte por el tormento como quien corre por el camino de la inmortalidad.
- 6Porque, así como las manos y los pies se mueven en armonía con los impulsos del alma, así aquellos santos jóvenes, como movidos por el alma inmortal de la religión, marcharon en concordia hacia la muerte por causa de ella.
- 7¡Oh santísima y séptuple fraternidad de hermanos en armonía!
- 8Porque, así como los siete días de la creación del mundo rodean la piedad, así los jóvenes, a semejanza de un coro, ciñeron su séptuple compañía y tuvieron en nada el pavor de los tormentos.
- 9Nosotros ahora nos estremecemos al oír de los sufrimientos de aquellos jóvenes; mas ellos, no sólo viéndolos con sus ojos, ni meramente oyendo la amenaza pronunciada e inminente, sino sintiendo en sí mismos el dolor, lo soportaron todo hasta el fin; ¡y esto en el suplicio del fuego, fuera del cual qué mayor agonía se podrá hallar!
- 10Porque penetrante y vehemente es el poder del fuego, y con presteza redujo sus cuerpos a la disolución.
- 11Y no tengáis por admirable si en aquellos hombres la Razón triunfó sobre los tormentos, cuando aun el alma de una mujer despreció una variedad todavía mayor de dolores; por cuanto la madre de los siete jóvenes soportó los suplicios infligidos a cada uno de sus hijos.
- 12Mas considerad cuán múltiples son los anhelos del corazón materno, de suerte que su apego a los hijos viene a ser el centro de todo su ser; y ciertamente, aun los animales irracionales tienen para con sus crías un afecto y amor semejantes a los de los hombres.
- 13Por ejemplo, entre las aves, las mansas que se abrigan bajo nuestros tejados defienden a sus polluelos; y las que anidan en las cumbres de los montes, y en las hendiduras de las peñas, y en los huecos de los árboles, y en las ramas, empollando allí sus crías, ahuyentan igualmente al intruso.
- 14Y si no pueden ahuyentarlo, revolotean alrededor de los polluelos con ardiente afecto, llamándolos en su propio lenguaje, y socorren a sus pequeñuelos de cualquier manera que les es posible.
- 15¿Y qué necesidad tenemos de ejemplos del amor hacia las crías entre los animales irracionales, cuando aun las abejas, en el tiempo de labrar los panales, repelen a los invasores y clavan su aguijón, como con espada, a los que se acercan a su cría, peleando contra ellos hasta la muerte?
- 16Mas ella, la madre de aquellos jóvenes, con un alma semejante a la de Abraham, no fue desviada de su propósito por el afecto a sus hijos.