4 Macabeos · Capítulo 12
- 1Y cuando este también murió una muerte bendita, arrojado al caldero, se presentó el séptimo hijo, el menor de todos.
- 2Mas el tirano, aunque fieramente exasperado por causa de sus hermanos, sintió compasión del muchacho y, viéndolo allí ya atado, mandó que lo acercasen, y procuró persuadirle, diciendo: «Ves el fin de la locura de tus hermanos; pues por su desobediencia han sido atormentados hasta la muerte. Tú también, si no obedecieres, serás miserablemente atormentado y muerto antes de tu tiempo; pero si obedecieres serás mi amigo, y serás promovido a altos cargos en los negocios del reino».
- 3Y mientras así trataba de persuadirlo, mandó llamar a la madre del muchacho para que, en su dolor por la pérdida de tantos hijos, instara al sobreviviente a obedecer y salvarse.
- 4Pero la madre, hablando en lengua hebrea, como relataré más adelante, animó al muchacho, quien dijo a los guardas: Soltadme, para que hable al rey y a todos sus amigos que están con él.
- 5Y ellos, regocijándose por la petición del muchacho, se apresuraron a desatarlo.
- 6Y corriendo hacia el brasero candente, exclamó: Oh tirano impío y el más profano de todos los pecadores, ¿no te avergüenzas de recibir de Dios tus bendiciones y tu reino y de matar a sus siervos y torturar a los seguidores de la justicia?
- 7Por estas cosas, la justicia divina te entrega a un fuego más pronto y eterno y a tormentos que no te soltarán por toda la eternidad.
- 8¿No te avergüenzas, siendo hombre, oh miserable con corazón de fiera, de tomar a hombres de sentimientos semejantes a los tuyos y hechos de los mismos elementos, arrancarles la lengua, azotarlos y torturarlos de esta manera?
- 9Pero mientras ellos cumplieron su deber de justicia para con Dios en sus nobles muertes, tú clamarás miserablemente: ¡Ay de mí!, por haber matado injustamente a los defensores de la virtud.
- 10Entonces, al borde de la muerte, dijo: No reniego del testimonio dado por mis hermanos.
- 11«E invoco al Dios de mis padres para que sea misericordioso para con mi nación».
- 12Y a ti te castigará tanto en esta vida presente como después de tu muerte.
- 13Y con esta oración se arrojó al brasero candente y así entregó el espíritu.