Testamento de Abraham · Capítulo 4
- 11. Y dijo Abraham a Isaac su hijo: Ve, hijo mío amadísimo, a la recámara interior de la casa y adórnala. Tiende para nosotros dos lechos, uno para mí y otro para este varón que es hoy nuestro huésped.
- 22. Prepáranos allí un asiento, un candelero y una mesa provista de abundancia de bienes. Embellece el aposento, hijo mío, y extiende bajo nosotros lienzo, púrpura y lino finísimo.
- 33. Quema allí todo incienso oloroso y selecto, y trae del jardín plantas aromáticas y llena nuestra morada con ellas. Enciende siete lámparas llenas de aceite, para que nos regocijemos; pues este varón que está con nosotros hoy es más esclarecido que reyes o príncipes, y su hermosura sobrepuja a la de todos los hijos de los hombres.
- 44. E Isaac dispuso puntualmente todas las cosas; y Abraham, llevando al arcángel Miguel, entró en la cámara, y ambos se sentaron sobre los estrados, y entre ellos puso una mesa con abundancia de manjares selectos.
- 55. Entonces el capitán general se levantó y salió, fingiendo descargar su vientre para verter agua, y ascendió a los cielos en un abrir y cerrar de ojos, y presentándose delante del Señor, le dijo:
- 66. Señor y Soberano, sepa tu poderío que soy incapaz de recordar a aquel varón justo la llegada de su muerte; pues no he hallado sobre la tierra hombre semejante a él, misericordioso, hospitalario, justo, veraz, devoto y apartado de toda mala acción.
- 77. Y ahora sabe, Señor, que no puedo hacerle mención de su muerte. Mas el Señor respondió: Desciende, capitán general Miguel, hasta mi amigo Abraham, y haz cuanto él te ordenare, y come con él todo lo que él comiere.
- 88. Y yo derramaré mi Espíritu Santo sobre su hijo Isaac, e infundiré la memoria de su muerte en el corazón de Isaac, para que aun en sueños contemple la muerte de su padre; e Isaac referirá la visión, y tú la interpretarás, y de esta suerte él mismo sabrá su propio fin.
- 99. Y el príncipe supremo dijo: Señor, todos los espíritus celestiales son incorpóreos, y no comen ni beben; y este varón ha dispuesto ante mí una mesa llena de cosas terrenales y corruptibles.
- 1010. Ahora pues, Señor, ¿qué haré? ¿Cómo disimularé ante él, sentándome a su propia mesa? Díjole el Señor: Desciende hasta él y no tengas congoja por esto; pues cuando te sientes a la mesa con él, enviaré sobre ti un espíritu devorador, y este consumirá de tus manos y por tu boca cuanto estuviere sobre la mesa.
- 1111. Regocíjate juntamente con él en todas las cosas; solamente declara con rectitud el sentido de la visión, para que Abraham reconozca la hoz de la muerte y el fin incierto de la existencia, y pueda ordenar todos sus bienes; porque yo le he bendecido por encima de la arena del mar y como a las estrellas de los cielos.