¿Quién es el rico que se salva? (Clemente) · Capítulo 21
- 1El Señor, sin embargo, responde: 'Porque lo que es imposible para los hombres es posible para Dios.' Esto también está lleno de gran sabiduría. El hombre que, por sí mismo, trabaja y se esfuerza por liberarse de las pasiones nada consigue. Pero, si muestra claramente gran deseo y empeño en ello, lo alcanza con la ayuda del poder de Dios. Pues Dios coopera con las almas dispuestas. Si ellas abandonan su celo, también se retiene el espíritu concedido por Dios. Salvar a quienes no quieren sería obra de quien ejerce coacción; salvar a quienes quieren es obra de quien muestra gracia. El reino de los cielos tampoco pertenece a los dormidos y perezosos, 'sino que los esforzados lo arrebatan'. Pues solo esta violencia es laudable: apremiar a Dios y tomar de él la vida por la fuerza. Él, conociendo a quienes perseveran firmemente, o mejor dicho, impetuosamente, cede y concede; pues Dios se complace en ser vencido en estas cosas.
- 2Al oír estas palabras, el bienaventurado Pedro, el elegido, el eminente, el primero de los discípulos, por quien, además de por Sí mismo, el Salvador pagó tributo, captó y comprendió enseguida la declaración. ¿Y qué dijo? 'Mira, lo hemos dejado todo y Te hemos seguido.' Si por 'todo' entiende sus propios bienes, se jacta de haber dejado acaso cuatro óbolos en total y olvida mostrar que el reino de los cielos es su recompensa. Pero, si al arrojar lo que ahora mencionábamos, las antiguas posesiones mentales y enfermedades del alma, siguen las huellas del Maestro, ello los une a quienes serán inscritos en los cielos. Pues así se sigue verdaderamente al Salvador: aspirando a estar sin pecado y a alcanzar Su perfección, adornando y disponiendo ante él el alma como ante un espejo y ordenándolo todo en cada aspecto de manera semejante.