¿Quién es el rico que se salva? (Clemente) · Capítulo 22
- 1'Y Jesús respondió: En verdad os digo: quien deje lo suyo, padres, hijos y riquezas por Mi causa y la del Evangelio recibirá cien veces más.' Que esto no te perturbe, ni la declaración aún más difícil pronunciada en otro lugar: 'Quien no aborrezca padre, madre, hijos y hasta su propia vida no puede ser Mi discípulo.' Pues el Dios de paz, que también exhorta a amar a los enemigos, no introduce odio y separación de quienes más queremos. Si debemos amar a los enemigos, es conforme a la recta razón que, partiendo de ellos, amemos también a los parientes más cercanos. O, si debemos aborrecer a los parientes de sangre, la deducción enseña que con mucha más razón debemos rechazar a los enemigos. Así, los argumentos parecerían destruirse mutuamente. Pero no se destruyen ni están cerca de ello. Pues, con el mismo sentimiento y disposición y según la misma regla, quien ama a su enemigo puede aborrecer a su padre, porque ni se venga del enemigo ni reverencia al padre más que a Cristo. Con una declaración, él extirpa el odio y la ofensa; con la otra, la excesiva deferencia hacia los parientes cuando perjudica la salvación. Si, por tanto, padre, hijo o hermano es impío y se vuelve obstáculo para la fe e impedimento para la vida superior, no mantengas amistad ni concuerdes con él; antes bien, por causa de la enemistad espiritual, rompe la relación carnal.