¿Quién es el rico que se salva? (Clemente) · Capítulo 19
- 1Es, pues, verdadera y propiamente rico quien es rico en virtud y sabe hacer uso santo y fiel de cualquier fortuna; falsamente rico es quien lo es según la carne y convierte la vida en posesión exterior, transitoria y perecedera, que ora pertenece a uno, ora a otro y, al final, a nadie. Del mismo modo hay un pobre verdadero y otro falso, llamado así impropiamente: el pobre de espíritu, que es lo que importa, y el pobre en sentido mundano, que es algo distinto. A quien es pobre en bienes terrenos, pero rico en vicios, que no es pobre de espíritu ni rico para con Dios, se le dice: abandona las posesiones ajenas que hay en tu alma, para que, haciéndote puro de corazón, veas a Dios; lo que equivale a decir: entra en el reino de los cielos. ¿Y cómo abandonarlas? Vendiéndolas. ¿Qué significa esto? ¿Debes recibir dinero a cambio de bienes, efectuando una permuta de riquezas y convirtiendo en dinero tu hacienda visible? De ningún modo. Debes introducir, en lugar de lo que antes habitaba tu alma, que deseas salvar, otras riquezas que divinizan y sirven a la vida eterna: disposiciones conformes al mandato de Dios, por las cuales recibirás recompensa y honor sin fin, salvación e inmortalidad eterna. Así vendes rectamente las muchas posesiones superfluas que te cierran los cielos, cambiándolas por aquellas que pueden salvar. Deja las primeras a los pobres según la carne, privados de las segundas. Tú, al recibir a cambio la riqueza espiritual, tendrás desde ahora un tesoro en los cielos.