El Pastor de Hermas · Capítulo 61
- 1Estando yo sentado en mi casa y glorificando al Señor por todas las cosas que había visto, y pensando en los mandamientos, que son buenos, poderosos, gozosos, gloriosos y capaces de salvar el alma del hombre, me dije a mí mismo: 'Bienaventurado seré si anduviere en estos mandamientos; sí, y todo aquel que anduviere en ellos será bienaventurado.'
- 2Mientras yo me decía estas cosas, de improviso lo veo sentado junto a mí, y hablando de este modo: '¿Por qué dudas acerca de los mandamientos que te he prescrito? Son buenos. No dudes en nada, sino revístete de fe en el Señor, y andarás en ellos. Pues yo te fortaleceré en ellos.'
- 3'Estos mandamientos son convenientes para aquellos que pretenden arrepentirse; pues si no anduvieren en ellos, su arrepentimiento será en vano.'
- 4'Vosotros, por tanto, que os arrepentís, abandonad las maldades de este siglo que os ahogan; y vistiéndoos de toda virtud de justicia, podréis guardar estos mandamientos, y no añadiréis más a vuestros pecados.'
- 5'Andad, por tanto, en estos mandamientos míos y viviréis para Dios. Todas estas cosas os he dicho a vosotros.'
- 6Y después que hubo hablado estas cosas conmigo, me dijo: 'Vayamos al campo, y te mostraré los pastores de las ovejas.' 'Vamos, Señor,' dije yo.
- 7Y llegamos a cierta llanura, y me mostró a un joven pastor, vestido con una capa de color amarillo.
- 8Y él apacentaba muchas ovejas, y estas ovejas estaban, por así decirlo, en deleites y solazándose en extremo, y andaban saltando aquí y allá. Y el pastor estaba contento por causa de sus ovejas; y el pastor mismo estaba sumamente alegre, y corría de una parte a otra entre las ovejas.