El Pastor de Hermas · Capítulo 62
- 1Y me dijo: '¿Ves a este pastor?' 'Lo veo, Señor,' dije yo. 'Este,' dijo él, 'es el ángel de la autocomplacencia y del engaño. Él destruye las almas de los siervos de Dios y las desvía de la verdad, seduciéndolas con malos deseos, en los cuales perecen.'
- 2'Pues olvidan los mandamientos del Dios vivo, y andan en vanos deleites y engaños, y son destruidas por este ángel, algunas para muerte y otras para corrupción.'
- 3Yo le dije: 'Señor, no entiendo qué significa "para muerte" y qué significa "para corrupción".'
- 4'Escucha,' dijo él. 'Las ovejas que viste saltar y deleitarse, estas son las que se apartaron de Dios y se entregaron a los deseos de este siglo. En estas, por tanto, no hay arrepentimiento para vida, porque añadieron a su blasfemia el nombre del Señor. Tales hombres, por tanto, están destinados a la muerte.'
- 5'Mas las ovejas que viste que no saltaban, sino que pacían en un solo lugar, estas son las que se entregaron a deleites y engaños, mas no profirieron blasfemia contra el Señor; estas, por tanto, fueron corrompidas de la verdad. En estas hay esperanza de arrepentimiento, en el cual pueden vivir.'
- 6'La corrupción, por ende, tiene esperanza de cierta renovación, mas la muerte tiene eterna perdición.'
- 7Nuevamente avanzamos un poco, y me mostró a un gran pastor, de aspecto rudo y cruel, vestido con una piel de cabra blanca, y una especie de zurrón sobre los hombros, y un báculo en su mano, muy nudoso y duro, y un largo látigo. Y su semblante era ceñudo, de tal suerte que tuve miedo de él, tan temible era su mirada.