Natividad de María · Capítulo 9
Y en aquellos días, esto es, al tiempo de su llegada a Galilea, el ángel Gabriel fue enviado a ella de parte de Dios para anunciarle la concepción del Señor y manifestarle el modo y orden de la misma.
2Entrando, pues, llenó de gran resplandor el aposento en que ella estaba, y saludándola con gran cortesía, dijo: ¡Salve, María!
3¡Oh virgen agraciada por el Señor, virgen llena de gracia, el Señor es contigo; bendita tú entre todas las mujeres, y bendita sobre cuantos hombres han nacido hasta el presente!
4Y la doncella, que ya conocía los rostros de los ángeles y no era ajena a la luz celestial, no se atemorizó con la visión del ángel ni se asombró por la magnitud de la luz, sino que quedó perpleja ante sus palabras; y comenzó a pensar qué clase de saludo tan insólito fuese aquel, qué presagiaba o qué fin tendría.
5Y el ángel, inspirado por Dios, acogiendo este pensamiento, dijo: No temas, María, como si bajo este saludo se escondiera algo contrario a tu pureza.
6Pues al preferir la castidad hallaste gracia delante del Señor; y por tanto tú, virgen, concebirás sin pecado y darás a luz un hijo.
7Él será grande, porque gobernará de mar a mar y desde el río hasta los confines de la tierra; y será llamado Hijo del Altísimo, porque quien nace en la tierra con humildad reina ensalzado en el cielo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre, y reinará en la casa de Jacob para siempre, y Su reino no tendrá fin; por cuanto es Rey de reyes y Señor de señores, y Su trono permanece de siglo en siglo.
8La virgen no dudó de las palabras del ángel; mas queriendo conocer cómo sucedería, respondió: ¿Cómo puede ser esto?
9¿Pues si según mi voto jamás he de conocer varón, de qué manera daré a luz sin la concurrencia de simiente humana?
10A esto dijo el ángel: No pienses, María, que concebirás al modo de los mortales; pues sin comercio carnal alguno tú, virgen, concebirás; tú, virgen, darás a luz; tú, virgen, amamantarás; porque el Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra, libre de ardores carnales; y por ello lo que de ti nacerá será singularmente santo, pues sólo Él, habiendo sido concebido y engendrado sin mancha, será llamado Hijo de Dios.
11Extendió entonces María sus manos, alzó sus ojos al cielo y exclamó: He aquí la sierva del Señor, pues indigna soy del nombre de señora; cúmplase en mí según tu palabra.
12Largo sería, y acaso prolijo para algunos, incluir en este breve compendio cuanto hallamos escrito tocante a lo que precedió y siguió al nacimiento del Señor; por lo cual, dejando a un lado lo narrado con mayor amplitud en el Evangelio, vengamos a lo que fue tenido por menos difundido.
Palabras de este capítulo
Lo que estas palabras decían en el original — y dónde más aparecen.
- GraciaχάριςFavor dado a quien no hizo nada para merecerlo y no puede devolverlo.
- JatatחַטָּאתPecado como errar el blanco: la flecha que pasa lejos de lo que debía acertar.
- KadoshקָדוֹשׁSanto es lo apartado para un solo uso, no lo moralmente mejor.
- EuangélionεὐαγγέλιονEvangelio era el parte de victoria del imperio, antes de ser libro.
Texto en inglés: Ante-Nicene Fathers, vol. 8, The Gospel of the Nativity of Mary (Buffalo: Christian Literature Publishing Co.), Alexander Walker, 1886 (dominio público). Portugués y español: traducción de Lux Veritas a partir de esta edición.
Fuente: Ante-Nicene Fathers, vol. 8, The Gospel of the Nativity of Mary (Buffalo: Christian Literature Publishing Co.), Alexander Walker (1886) · dominio público