Evangelio de Nicodemo · Capítulo 27
Estos son los divinos y santos misterios que vimos y oímos, yo, Carino, y Leucio: pero no se nos permitió relatar más el resto de los misterios de Dios, conforme Miguel, el arcángel, severamente nos mandó, diciendo: Iréis con vuestros hermanos a Jerusalén y permaneceréis en oración, clamando y glorificando la resurrección del Señor Jesucristo, que os ha resucitado de entre los muertos juntamente con él: y no hablaréis con hombre alguno, sino que estaréis sentados como mudos, hasta que llegue la hora en que el mismo Señor os permita declarar los misterios de su divinidad. Pero a nosotros Miguel, el arcángel, dio mandato de que fuéramos al otro lado del Jordán a un lugar rico y fértil, donde están muchos que resucitaron juntamente con nosotros para testimonio de la resurrección de Cristo, el Señor. Solamente tres días nos fueron concedidos, a nosotros que resucitamos de entre los muertos, para guardar la pascua del Señor en Jerusalén con nuestros parientes (padres) que viven, para testimonio de la resurrección de Cristo, el Señor: y fuimos bautizados en el santo río Jordán y recibimos vestiduras blancas, cada uno de nosotros. Y después de los tres días, cuando habíamos guardado la pascua del Señor, todos los que habían resucitado con nosotros fueron arrebatados en las nubes, y fueron llevados al otro lado del Jordán y no fueron vistos más por hombre alguno. Pero a nosotros se nos dijo que permaneciéramos en la ciudad de Arimatea y continuáramos en oración.
2Estas son todas las cosas que el Señor nos mandó declararos: dadle alabanza y acción de gracias (confesión), y arrepentíos, para que él tenga misericordia de vosotros. Paz sea con vosotros de parte del mismo Señor Jesucristo, que es el Salvador de todos nosotros. Amén.
3Y cuando acabaron de escribir todas las cosas en los varios rollos de papel, se levantaron; y Carino entregó lo que había escrito en manos de Anás y Caifás y Gamaliel; asimismo Leucio entregó lo que había escrito en manos de Nicodemo y José. Y de repente fueron transfigurados y se pusieron blancos en extremo y no fueron vistos más. Pero sus escritos fueron hallados iguales, ni más ni menos en una letra.
4Y cuando toda la sinagoga de los judíos oyó todas estas maravillosas palabras de Carino y Leucio, se dijeron unos a otros: En verdad todas estas cosas fueron obradas por el Señor, y bendito sea el Señor, por los siglos de los siglos, Amén. Y salieron todos ellos con gran turbación de espíritu, golpeándose los pechos con temor y temblor, y partieron cada uno a su propia casa.
5Y todas estas cosas que fueron dichas por los judíos en su sinagoga, José y Nicodemo las declararon inmediatamente al gobernador. Y el mismo Pilato escribió todas las cosas que fueron hechas y dichas acerca de Jesús por los judíos, y guardó todas las palabras en los libros públicos de su pretorio.
Palabras de este capítulo
Lo que estas palabras decían en el original — y dónde más aparecen.
- Aménאָמֵן«Es firme, es digno de confianza»: lo firmo.
- JésedחֶסֶדLa lealtad amorosa de quien no abandona; traducida como misericordia, benignidad o bondad.
- GraciaχάριςFavor dado a quien no hizo nada para merecerlo y no puede devolverlo.
- TeshuváתְּשׁוּבָהArrepentimiento como regreso: dar media vuelta en el camino, no sentir culpa.
Texto en inglés: The Apocryphal New Testament, Gospel of Nicodemus (Oxford: Clarendon Press, 1924), M. R. James, 1924 (dominio público). Portugués y español: traducción de Lux Veritas a partir de esta edición.
Fuente: The Apocryphal New Testament, Gospel of Nicodemus (Oxford: Clarendon Press, 1924), M. R. James (1924) · dominio público