Evangelio de Nicodemo · Capítulo 28
Después de estas cosas Pilato entró en el templo de los judíos y reunió a todos los jefes de los sacerdotes, y a los maestros (grammaticos) y escribas y doctores de la ley, y entró con ellos en el lugar santo del templo y mandó cerrar todas las puertas, y les dijo: Hemos oído que tenéis en este templo cierta gran Biblia; por eso os pido que sea presentada delante de nosotros. Y cuando la gran Biblia, adornada de oro y piedras preciosas, fue traída por cuatro ministros, Pilato dijo a todos ellos: Os conjuro por el Dios de vuestros padres, que os mandó edificar este templo en el lugar de su santuario, que no me ocultéis la verdad. Sabéis todas las cosas que están escritas en esta Biblia; pero decidme ahora si habéis hallado en las Escrituras que este Jesús, a quien crucificasteis, es el Hijo de Dios que había de venir para la salvación de la humanidad, y en qué año de los tiempos él debía venir. Declaradme si lo crucificasteis por ignorancia o con conocimiento.
2Y Anás y Caifás, cuando fueron así conjurados, mandaron que todos los demás que estaban con ellos salieran del templo; y ellos mismos cerraron todas las puertas del templo y del santuario, y dijeron a Pilato: Tú nos has conjurado, oh excelente juez, por la edificación de este templo, a hacerte manifiestas la verdad y la razón. Después que crucificamos a Jesús, sin saber que era el Hijo de Dios, sino suponiendo que por algún azar hacía sus obras maravillosas, hicimos una gran asamblea (sinagoga) en este templo; y mientras conferíamos unos con otros acerca de las señales de las obras poderosas que Jesús había hecho, hallamos muchos testigos de nuestra propia nación que dijeron que habían visto a Jesús vivo después de su pasión, y que había pasado a la altura del cielo. Además, vimos dos testigos a quienes Jesús resucitó de entre los muertos, los cuales nos declararon muchas cosas maravillosas que Jesús hizo entre los muertos, cosas que tenemos por escrito en nuestras manos. Ahora bien, nuestra costumbre es que cada año, delante de nuestra asamblea, abrimos esta santa Biblia e inquirimos el testimonio de Dios. Y hallamos en el primer libro de los Setenta cómo Miguel, el ángel, habló al tercer hijo de Adán, el primer hombre, acerca de los cinco mil quinientos años, en que vendría el amadísimo Hijo de Dios, el mismo Cristo: y además pensamos que quizá este mismo era el Dios de Israel que dijo a Moisés: Hazte un arca del pacto, de dos codos y medio de largo, y de un codo y medio de ancho, y de un codo y medio de alto. Porque por aquellos cinco codos y medio entendimos y conocimos la forma del arca del antiguo pacto, porque en cinco mil y medio millares de años Jesucristo vendría en el arca de su cuerpo: y hallamos que él es el Dios de Israel, el Hijo de Dios. Porque después de su pasión, nosotros, los jefes de los sacerdotes, porque nos maravillábamos de las señales que acontecieron por causa de él, abrimos la Biblia e investigamos todas las generaciones hasta la generación de José, y María, la madre de Cristo, teniéndola por simiente de David: y hallamos que desde el día en que Dios hizo el cielo y la tierra y el primer hombre, desde ese tiempo hasta el Diluvio son 2.212 años: y del Diluvio hasta la edificación de la torre 531 años: y de la edificación de la torre hasta Abraham 606 años: y de Abraham hasta la salida de los hijos de Israel de Egipto 470 años: y de la salida de los hijos de Israel de Egipto hasta la edificación del templo 511 años: y de la edificación del templo hasta la destrucción del mismo templo 464 años: hasta aquí hallamos en la Biblia de Esdras: e indagando desde el incendio del templo hasta la venida de Cristo y su nacimiento, hallamos que son 636 años, los cuales juntos son cinco mil quinientos años, como hallamos escrito en la Biblia que Miguel, el arcángel, declaró antes a Set, el tercer hijo de Adán, que después de cinco mil y medio millares de años Cristo, el Hijo de Dios, vendría. Hasta aquí no hemos dicho a hombre alguno, para que no hubiera cisma en nuestras sinagogas; y ahora, oh excelente juez, tú nos has conjurado por esta santa Biblia de los testimonios de Dios, y nosotros lo declaramos a ti: y nosotros también te conjuramos por tu vida y salud que no declares estas palabras a hombre alguno en Jerusalén.
Palabras de este capítulo
Lo que estas palabras decían en el original — y dónde más aparecen.
- AlianzaבְּרִיתPacto solemne que crea un vínculo permanente entre dos partes.
- KadoshקָדוֹשׁSanto es lo apartado para un solo uso, no lo moralmente mejor.
- YeshuáיְשׁוּעָהSalvación como rescate concreto: ser sacado del aprieto, del enemigo, de la enfermedad.
- EmetאֱמֶתVerdad como solidez: aquello en lo que uno puede apoyarse sin caer.
Texto en inglés: The Apocryphal New Testament, Gospel of Nicodemus (Oxford: Clarendon Press, 1924), M. R. James, 1924 (dominio público). Portugués y español: traducción de Lux Veritas a partir de esta edición.
Fuente: The Apocryphal New Testament, Gospel of Nicodemus (Oxford: Clarendon Press, 1924), M. R. James (1924) · dominio público