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Evangelio de Nicodemo · Capítulo 24

Y el Señor, extendiendo su mano, dijo: Venid a mí, todos vosotros, mis santos, que lleváis mi imagen y mi semejanza. Vosotros que por el árbol y por el diablo y por la muerte fuisteis condenados, ved ahora al diablo y a la muerte condenados por el árbol. E inmediatamente todos los santos fueron reunidos en uno, bajo la mano del Señor. Y el Señor, tomando la diestra de Adán, le dijo: Paz sea contigo, con todos tus hijos, que son mis justos. Pero Adán, echándose a las rodillas del Señor, le suplicó con lágrimas y ruegos, y dijo a gran voz: Te exaltaré, oh Señor, porque me has elevado y no has hecho que mis enemigos triunfen sobre mí: Oh Señor mi Dios, clamé a ti y me sanaste; Señor, sacaste mi alma del infierno, me libraste de los que descienden al hoyo. Cantad alabanzas al Señor, todos vosotros, sus santos, y dadle gracias por la memoria de su santidad. Porque en su indignación hay ira, y en su buena voluntad hay vida. De igual manera todos los santos de Dios se arrodillaron y se echaron a los pies del Señor, diciendo a una voz: Has venido, oh redentor del mundo: lo que predijiste por la ley y por tus profetas, eso has cumplido en los hechos. Has redimido a los vivos por tu cruz, y por la muerte de la cruz has descendido a nosotros, para salvarnos del infierno y de la muerte por tu majestad. Oh Señor, así como has puesto el nombre de tu gloria en los cielos y has levantado tu cruz como señal de redención sobre la tierra, así, Señor, levanta la señal de la victoria de tu cruz en el infierno, para que la muerte no tenga más dominio.

2Y el Señor extendió su mano e hizo la señal de la cruz sobre Adán y sobre todos sus santos, y tomó la diestra de Adán y subió fuera del infierno, y todos los santos lo siguieron. Entonces el santo David clamó a gran voz y dijo: Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas. Su diestra y su santo brazo le han alcanzado la salvación. El Señor ha hecho notoria su salvación, delante de la faz de todas las naciones ha revelado su justicia. Y toda la multitud de los santos respondió, diciendo: Esta honra tienen todos sus santos. Amén, Aleluya.

3Y después Habacuc, el profeta, clamó y dijo: Saliste para la salvación de tu pueblo, para libertar a tus escogidos. Y todos los santos respondieron, diciendo: Bendito el que viene en nombre del Señor. Dios es el Señor y nos ha mostrado la luz. Amén, Aleluya. Asimismo después de eso el profeta Miqueas también clamó, diciendo: ¿Qué Dios hay semejante a ti, oh Señor, que perdonas la iniquidad y remites los pecados? y ahora retienes tu ira como testimonio de que eres misericordioso por libre voluntad, y te vuelves y tienes compasión de nosotros, perdonas todas nuestras iniquidades y has hundido todos nuestros pecados en lo profundo del mar, como juraste a nuestros padres en los días antiguos. Y todos los santos respondieron, diciendo: Este es nuestro Dios por siempre y eternamente, él será nuestro guía por los siglos de los siglos. Amén, Aleluya. Y así hablaron todos los profetas, mencionando santas palabras de sus alabanzas, y todos los santos siguieron al Señor, clamando: Amén, Aleluya.

Palabras de este capítulo

Lo que estas palabras decían en el original — y dónde más aparecen.

Texto en inglés: The Apocryphal New Testament, Gospel of Nicodemus (Oxford: Clarendon Press, 1924), M. R. James, 1924 (dominio público). Portugués y español: traducción de Lux Veritas a partir de esta edición.

Fuente: The Apocryphal New Testament, Gospel of Nicodemus (Oxford: Clarendon Press, 1924), M. R. James (1924) · dominio público