Daniel (Susana) · Capítulo 1
- 11. Moraba en Babilonia un hombre llamado Joacim.
- 22. Y tomó por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, mujer muy hermosa y temerosa del Señor.
- 33. También sus padres eran justos, y habían enseñado a su hija conforme a la ley de Moisés.
- 44. Y Joacim era hombre muy rico, y tenía un hermoso huerto junto a su casa; y acudían a él los judíos, porque era el más honrado de todos.
- 55. Aquel año fueron puestos por jueces dos ancianos del pueblo, de aquellos de quienes habló el Señor: La maldad salió de Babilonia, de ancianos jueces que parecían gobernar al pueblo.
- 66. Éstos frecuentaban mucho la casa de Joacim, y todos los que tenían algún pleito venían a ellos.
- 77. Y cuando el pueblo se retiraba al mediodía, entraba Susana en el huerto de su marido a pasearse.
- 88. Y los dos ancianos la veían entrar y pasearse cada día, de manera que se encendió en ellos la pasión por ella.
- 99. Y pervirtieron su propio entendimiento, y apartaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de los justos juicios.
- 1010. Y aunque ambos estaban heridos de su amor, ninguno osaba descubrir al otro su tormento,
- 1111. porque se avergonzaban de declarar su pasión, el deseo que tenían de yacer con ella.
- 1212. Con todo, acechaban con diligencia día tras día para verla.
- 1313. Y dijo el uno al otro: Vámonos ahora a casa, porque es hora de comer.
- 1414. Y salidos, se apartaron el uno del otro; mas volviendo atrás, llegaron al mismo lugar; y habiéndose preguntado el uno al otro la causa, confesaron su pasión; entonces concertaron juntos un tiempo en que la pudiesen hallar sola.
- 1515. Y aconteció que, mientras acechaban un tiempo oportuno, entró ella como antes, con dos doncellas solamente, y quiso lavarse en el huerto, porque hacía calor.
- 1616. Y no había allí nadie, sino los dos ancianos, que se habían escondido y la acechaban.
- 1717. Entonces dijo ella a las doncellas: Traedme aceite y ungüentos, y cerrad las puertas del huerto, para que me lave.
- 1818. E hicieron ellas como les mandó, y cerraron las puertas del huerto, y salieron por las puertas de atrás a traer lo que les había mandado; mas no vieron a los ancianos, porque estaban escondidos.
- 1919. Y luego que salieron las doncellas, se levantaron los dos ancianos y corrieron a ella, diciendo:
- 2020. He aquí las puertas del huerto están cerradas, y nadie nos puede ver, y nosotros estamos enamorados de ti; consiente, pues, y yace con nosotros.
- 2121. Si no quieres, daremos testimonio contra ti, que un joven estaba contigo, y que por eso despediste a tus doncellas.
- 2222. Entonces Susana suspiró y dijo: Angustias tengo por todas partes; porque si hago esto, es muerte para mí; y si no lo hago, no escaparé de vuestras manos.
- 2323. Mejor me es caer en vuestras manos sin hacerlo, que pecar delante del Señor.
- 2424. Con esto Susana clamó a gran voz; y los dos ancianos gritaron contra ella.
- 2525. Entonces corrió el uno y abrió la puerta del huerto.
- 2626. Y cuando los siervos de la casa oyeron el grito en el huerto, se precipitaron por la puerta de atrás para ver lo que le había acontecido.
- 2727. Mas después que los ancianos contaron su historia, los siervos quedaron muy avergonzados, porque nunca se había dicho tal cosa de Susana.
- 2828. Y aconteció que al día siguiente, cuando el pueblo se juntó en casa de Joacim su marido, vinieron también los dos ancianos, llenos de inicuo designio contra Susana para hacerla morir;
- 2929. y dijeron delante del pueblo: Enviad por Susana, hija de Helcías, mujer de Joacim. Y enviaron por ella.
- 3030. Y vino ella con su padre y su madre, sus hijos y todos sus parientes.
- 3131. Y era Susana mujer muy delicada y hermosa de aspecto.
- 3232. Y aquellos malvados mandaron descubrirle el rostro, porque estaba cubierta, para saciarse de su hermosura.
- 3333. Por lo cual los suyos y todos los que la veían lloraban.
- 3434. Entonces los dos ancianos se levantaron en medio del pueblo y pusieron las manos sobre la cabeza de ella.
- 3535. Y ella, llorando, miró al cielo, porque su corazón confiaba en el Señor.
- 3636. Y dijeron los ancianos: Paseándonos nosotros solos en el huerto, entró esta mujer con dos doncellas, y cerró las puertas del huerto, y despidió a las doncellas.
- 3737. Entonces vino a ella un joven que estaba allí escondido, y yació con ella.
- 3838. Y nosotros, que estábamos en un rincón del huerto, viendo esta maldad, corrimos a ellos.
- 3939. Y cuando los vimos juntos, no pudimos detener al hombre, porque era más fuerte que nosotros, y abrió la puerta y huyó.
- 4040. Mas habiendo prendido a esta mujer, le preguntamos quién era el joven, y no nos lo quiso decir. De esto damos testimonio.
- 4141. Entonces la asamblea les dio crédito, como a ancianos y jueces del pueblo; y la condenaron a muerte.
- 4242. Entonces Susana clamó a gran voz y dijo: Oh Dios eterno, que conoces los secretos y sabes todas las cosas antes que sucedan,
- 4343. tú sabes que éstos han dado falso testimonio contra mí; y he aquí que muero, aunque nunca hice cosa alguna de las que éstos maliciosamente han inventado contra mí.
- 4444. Y el Señor oyó su voz.
- 4545. Y cuando la llevaban para hacerla morir, despertó el Señor el santo espíritu de un joven llamado Daniel,
- 4646. el cual clamó a gran voz: Limpio estoy yo de la sangre de esta mujer.
- 4747. Entonces todo el pueblo se volvió hacia él y dijo: ¿Qué significan estas palabras que has dicho?
- 4848. Y él, puesto en medio de ellos, dijo: ¿Tan necios sois, oh hijos de Israel, que sin examen y sin conocimiento de la verdad habéis condenado a una hija de Israel?
- 4949. Volved al lugar del juicio, porque éstos han dado falso testimonio contra ella.
- 5050. Por tanto, todo el pueblo volvió a toda prisa; y los ancianos le dijeron: Ven, siéntate entre nosotros y decláranoslo, pues Dios te ha dado la honra de anciano.
- 5151. Entonces Daniel les dijo: Apartad a estos dos lejos el uno del otro, y yo los examinaré.
- 5252. Y cuando fueron apartados el uno del otro, llamó a uno de ellos y le dijo: Oh tú, envejecido en maldad, ahora han salido a luz los pecados que cometiste antes,
- 5353. pues pronunciaste juicios injustos, condenando a los inocentes y dejando libres a los culpables, aunque el Señor dice: No matarás al inocente y al justo.
- 5454. Ahora, pues, si la viste, dime: ¿debajo de qué árbol los viste juntos? Él respondió: Debajo de un lentisco.
- 5555. Y dijo Daniel: ¡Muy bien! Has mentido contra tu propia cabeza; porque ya el ángel de Dios ha recibido de Dios la sentencia para partirte por medio.
- 5656. Y apartado éste, mandó traer al otro, y le dijo: Oh linaje de Canaán, y no de Judá, la hermosura te engañó, y la pasión pervirtió tu corazón.
- 5757. Así hacíais con las hijas de Israel, y ellas por miedo se entregaban a vosotros; mas la hija de Judá no sufrió vuestra maldad.
- 5858. Ahora, pues, dime: ¿debajo de qué árbol los sorprendiste juntos? Él respondió: Debajo de una encina.
- 5959. Entonces le dijo Daniel: ¡Muy bien! También tú has mentido contra tu propia cabeza; porque el ángel de Dios está esperando con la espada para partirte por medio, para destruiros.
- 6060. Con esto toda la asamblea clamó a gran voz, y alabó a Dios, que salva a los que en él esperan.
- 6161. Y se levantaron contra los dos ancianos, porque Daniel los había convencido de falso testimonio por su propia boca;
- 6262. y conforme a la ley de Moisés les hicieron lo mismo que ellos maliciosamente habían intentado hacer a su prójimo, y los mataron. Así fue salvada aquel día la sangre inocente.
- 6363. Por tanto, Helcías y su mujer alabaron a Dios por su hija Susana, con Joacim su marido y todos los parientes, porque no se halló en ella cosa deshonesta.
- 6464. Y desde aquel día Daniel fue tenido en gran estima delante del pueblo.