Hechos de Jantipa y Políxena · Capítulo 8
- 1Oyó Probo sus exclamaciones y salió corriendo a la calle; y tomando a Pablo de la mano, díjole: Varón, no sé quién seas, mas dígnate entrar en mi morada; quizá seas para mí ocasión de salud.
- 2Respondióle Pablo: ¡Bien te irá, hijo, conforme a tu demanda!
- 3Y penetraron juntos donde se hallaba Jantipa.
- 4Cuando Jantipa vio al gran Pablo, se descubrieron los ojos intelectuales de su corazón y leyó en su frente, como si fueran sellos de oro, estas palabras: Pablo, el Predicador de Dios.
- 5Entonces, exultante y alegre, se arrojó a sus pies y, reuniendo sus cabellos, le secó los pies, diciendo: Bienvenido, oh hombre de Dios, a nosotros los humildes, que vivimos como sombras entre sombras.
- 6Pues has mirado a los que corrían hacia el Hades como hacia algo hermoso, a los que llamaban proveedora y protectora a la serpiente torcida y destructora, a los que corrían al Hades oscuro como hacia su padre, formados con naturaleza racional pero hechos semejantes a criaturas irracionales.
- 7Me has buscado a mí, humilde, teniendo el sol de justicia en mi corazón.
- 8Ahora se ha detenido el veneno al haber visto tu precioso rostro.
- 9Ahora ha huido quien me atormentaba al manifestárseme tu bellísimo consejo.
- 10Ahora seré considerada digna de arrepentimiento al recibir el sello del predicador del Señor.
- 11Antes consideraba felices a muchos que te habían encontrado; pero ahora digo con valentía que, de aquí en adelante, otros me llamarán feliz porque he tocado el borde de tus vestiduras, he recibido tus oraciones y he disfrutado de tu enseñanza dulce como la miel.
- 12No has vacilado en venir a nosotros, tú que pescas en tierra seca durante tu recorrido y recoges los peces que encuentras en la red del reino de los cielos.