Hechos de Jantipa y Políxena · Capítulo 7
- 1Pero Jantipa vigilaba siempre a través de las puertas hacia las calles de la ciudad; y el bienaventurado Pablo, predicador, maestro e iluminador del mundo, salió de Roma y llegó hasta España por la presciencia de Dios.
- 2Llegado a las puertas de la ciudad paróse a orar, santiguóse y penetró en el recinto.
- 3Cuando Jantipa vio al bienaventurado Pablo andar con paso sereno y uniforme, adornado de toda virtud y entendimiento, se deleitó mucho en él y su corazón saltaba continuamente; y, como poseída de una alegría inesperada, se dijo: ¿Por qué late mi corazón con vehemencia al ver a este hombre?
- 4¿Por qué es su andar sereno y uniforme, como el de quien espera acoger en sus brazos a alguien perseguido?
- 5¿Por qué es tan bondadoso su semblante, como el de quien cuida a los enfermos?
- 6¿Por qué mira tan amorosamente acá y allá, como quien desea socorrer a los que buscan escapar de las bocas de los dragones?
- 7¿Quién me dirá que este pertenece al grupo de los predicadores?
- 8Si me fuera posible, desearía tocar el borde de sus vestiduras para percibir su bondad, su disposición a acoger y su dulce fragancia; pues el siervo también le había dicho que los bordes de sus vestiduras olían a perfumes preciosos.