Hechos de Jantipa y Políxena · Capítulo 4
- 1Entrando luego a solas en su aposento, exclamó anegada en llanto: ¿Qué camino tomaré, Dios mío, o qué consejo seguiré, que no lo sé?
- 2¿Declararé el pensamiento que me ha sobrevenido?
- 3Temo el alboroto y la furia de la ciudad.
- 4¿Huiré de esta ciudad impía?
- 5Temo la estratagema del diablo para apoderarse de las ovejas.
- 6¿Aguardaré la misericordia y la prontitud del Señor?
- 7Temo el corte súbito de la existencia, pues la muerte de los pecadores no da aviso.
- 8¿Partiré y huiré a Roma?
- 9Temo la longitud del viaje, pues no puedo ir a pie.
- 10Pero mientras digo estas cosas por conjetura, apremiada por mi deseo (pues no puedo hablar con certeza), halle perdón ante ti, Dios mío, y cumple mi deseo con abundancia de palabras justas; considérame digna siquiera de escuchar a tu predicador, pues si digo que deseo ver su rostro, pido una gran cosa.
- 11Bienaventurado el que se encuentra en compañía de tus predicadores y se sacia de sus preciosos semblantes.
- 12Bienaventurados los que están sujetos bajo la predicación de tus mandamientos.
- 13Bienaventurados los que guardan tus mandamientos; pero ¿dónde están ahora, Señor, tus misericordias para con nuestros padres, para que también nosotros seamos sus sucesores en el amor hacia ti y herederos de la fe?
- 14He aquí que no hallo a nadie que Te ame con quien pueda departir para dar alivio a mi espíritu.
- 15Apresúrate, pues, Señor, a unirme al deseo de ti y guárdame bajo la sombra de tus alas, porque solo tú eres Dios, glorificado por toda la eternidad.
- 16Amén.