Hechos de Jantipa y Políxena · Capítulo 19
- 1Y entrando en el aposento oyéronla entonar:
- 2Alabad al Señor también vosotros, los pecadores, pues acepta vuestras súplicas. Aleluya.
- 3Alabad al Señor, vosotros que habéis desesperado como yo, pues muchas son sus misericordias. Aleluya.
- 4Alabadle los descarriados, pues por vosotros subió a la cruz. Aleluya.
- 5Alabadle los que buscáis el rescate de las almas, que Dios os ama. Aleluya.
- 6Alabadlo, vosotros que os alegráis por el llamamiento de los pecadores, pues sois conciudadanos de los santos. Aleluya.
- 7Mientras decía estas palabras y otras más entre lágrimas, los sabios Barando y Gnosteas abrieron la puerta, entraron y cayeron a sus pies diciendo: Ruega por nosotros, humildes, oh sierva de Cristo, para que él también nos admita entre vosotros. Ella les dijo: Hermanos, yo no soy Pablo, que remite los pecados; pero tampoco él está lejos de vosotros. No os arrodilléis ante mí, sino id a él, que puede ayudaros mejor. Entonces fueron corriendo a casa de Filoteo, donde encontraron a Pablo enseñando a una gran multitud. Probo también fue a escucharlo, y Jantipa entró con él para saludarlo; al acercarse a Pablo, dobló las rodillas y lo reverenció. Probo, al verlo, se asombró de que su espíritu tan orgulloso hubiera cambiado a una humildad tan grande, pues se sentaba humildemente en el suelo, junto a los pies de Pablo, como una de los indignos. Probo estaba muy afligido; todavía no atendía a la palabra, sino que miraba constantemente a Jantipa y fijaba su atención en ella.