Hechos de Pedro · Capítulo 38
- 1Y habiéndole colgado conforme a la manera que deseaba, comenzó de nuevo a decir: Varones a quienes corresponde oír, escuchad lo que os he de declarar en este tiempo especial mientras aquí cuelgo. Aprended el misterio de toda la naturaleza, y cuál fue el principio de todas las cosas. Porque el primer hombre, cuya estirpe llevo en mi apariencia, cayó de cabeza hacia abajo, y mostró una manera de nacimiento cual no había habido hasta entonces; pues estaba muerto, no teniendo movimiento alguno. Éste, pues, habiendo sido derribado —el cual también arrojó su primer estado sobre la tierra—, estableció toda esta disposición de todas las cosas, siendo colgado como imagen de la creación en la cual tornó las cosas de la derecha en izquierda, y las de la izquierda en derecha, y mudó todas las señales de su naturaleza, de modo que juzgó hermoso lo que no era hermoso, y bueno lo que en verdad era malo. Acerca de lo cual el Señor dice en misterio: Si no hiciereis las cosas de la derecha como las de la izquierda, y las de la izquierda como las de la derecha, y las de arriba como las de abajo, y las de atrás como las de adelante, no tendréis el conocimiento del reino.
- 2Este pensamiento, por tanto, os he declarado; y la figura en que ahora me veis colgado es la representación de aquel hombre que vino primero al nacimiento. Vosotros, pues, mis amados, y vosotros los que me oís y habréis de oír, debéis cesar de vuestro antiguo error y volveros de nuevo. Porque es justo subir a la cruz de Cristo, que es la palabra extendida, el uno y único, de quien el Espíritu dice: ¿Pues qué otra cosa es Cristo sino la palabra, la voz de Dios? De modo que la palabra es el madero vertical sobre el cual estoy crucificado. Y el sonido es aquello que lo cruza, la naturaleza del hombre. Y el clavo que sostiene el madero transversal con el vertical en medio de él es la conversión y el arrepentimiento del hombre.