Hechos de Pedro · Capítulo 39
- 1Ahora bien, por cuanto me has hecho conocer y has revelado estas cosas a mí, oh Palabra de vida, llamada ahora por mí madero, yo te doy gracias, no con estos labios que están clavados a la cruz, ni con esta lengua por la cual salen la verdad y la mentira, ni con esta palabra que sale por medio de arte cuya naturaleza es material, mas con aquella voz te doy gracias, oh Rey, la cual es percibida en el silencio, que no se oye abiertamente, que no procede por órganos del cuerpo, que no entra en oídos de carne, que no es oída por sustancia corruptible, que no existe en el mundo, ni es enviada sobre la tierra, ni escrita en libros, la cual es poseída por uno y no por otro; mas con ésta, oh Jesucristo, te doy gracias, con el silencio de una voz, con la cual el espíritu que está en mí te ama, te habla, te ve y te suplica. Tú eres percibido tan solo por el espíritu; tú eres para mí padre, tú mi madre, tú mi hermano, tú mi amigo, tú mi siervo, tú mi mayordomo: tú eres el Todo y el Todo está en ti; y tú Eres, y nada hay fuera de ti solamente.
- 2A él, pues, acudid también vosotros, hermanos, y si aprendiereis que sólo en él existís, obtendréis aquellas cosas de las cuales os habla: las que ni ojo vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre. Pedimos, por tanto, aquello que prometiste darnos, oh inmaculado Jesús. Te alabamos, te damos gracias y te confesamos, glorificándote, aun nosotros los hombres que todavía somos sin fuerzas, porque tú eres Dios solo, y no hay otro: a quien sea la gloria ahora y por todos los siglos. Amén.