Hechos de Pedro · Capítulo 37
- 1Y habiéndose acercado y estando junto a la cruz, comenzó a decir: ¡Oh nombre de la cruz, misterio escondido! ¡Oh gracia inefable que en el nombre de la cruz se pronuncia! ¡Oh naturaleza del hombre, que no puede ser separada de Dios! ¡Oh amor indecible e inseparable, que no puede ser manifestado por labios inmundos! Yo te tomo ahora, yo que estoy al término de mi partida de aquí. Yo te declararé lo que eres: no callaré el misterio de la cruz que antaño estuvo cerrado y oculto a mi alma. No sea para vosotros los que esperáis en Cristo esta cruz lo que aparenta ser; pues es otra cosa, muy diferente de lo que parece, a saber, esta pasión que es conforme a la de Cristo. Y ahora, sobre todo, porque vosotros los que podéis oír sois capaces de oírlo de mí, que estoy en la última y final hora de mi vida, escuchad: Apartad vuestras almas de toda cosa que es de los sentidos, de todo lo que aparenta y no subsiste en verdad. Cegad estos vuestros ojos, cerrad estos vuestros oídos, quitad vuestras obras que se ven; y percibiréis lo tocante a Cristo y todo el misterio de vuestra salvación; y séaos dicho esto a vosotros los que oís, como si no hubiese sido hablado. Mas ya es tiempo para ti, Pedro, de entregar tu cuerpo a los que lo toman. Recibidlo, pues, vosotros a quienes pertenece. Os ruego a vosotros, los verdugos, crucificadme así, con la cabeza hacia abajo y no de otra manera; y la razón de esto, yo la diré a los que escuchan.